Carquinyols de Menorca, las pastas crujientes de Es Mercadal

Carquinyols de Menorca, las pastas crujientes de Es Mercadal

Icono personas Para 8Icono euro 0.35€/pers.Icono calorias 430kcal/100g

Ingredientes

  • 200 g de harina de trigo de repostería
  • 200 g de azúcar blanco
  • 50 g de almendras crudas peladas
  • 50 g de almendras crudas con piel
  • 1 huevo tamaño L
  • La ralladura fina de medio limón
  • 4 g de bicarbonato sódico, una cucharadita rasa aproximadamente
  • Media cucharadita de canela molida

Al hablar de carquinyols de Menorca conviene mirar primero la forma. No son las rebanadas alargadas de almendra entera que encontramos en Cataluña y en otros puntos del Mediterráneo. Los menorquines son pequeñas pastas cuadradas, de uno o dos bocados, y se reconocen por su interior compacto, lleno de trocitos de almendra.

Aunque se preparan por toda la isla, están especialmente ligados a Es Mercadal, donde forman parte de la repostería tradicional y siguen vendiéndose en las sucreries del pueblo. También han estado presentes en las fiestas patronales menorquinas. Su nombre se relaciona con el verbo catalán craquinyar, crujir, que describe bastante bien lo que ocurre al morderlos.

La diferencia no está solo en el tamaño. La almendra se utiliza picada de forma gruesa, la masa se extiende y se corta en cuadrados antes de entrar en el horno y la receta lleva una sola cocción. Además, no contiene mantequilla ni manteca: son el huevo y el azúcar los que permiten unir una masa que, al principio, resulta bastante firme. Después del enfriado queda seca y crujiente, pero no debería convertirse en una piedra.

Por textura, las galletas tipo digestive comparten ese acabado seco que aguanta bien varios días. Las galletas decoradas de Navidad parten también de una masa que se extiende y se corta, aunque resultan más tiernas, mientras que los polvorones de avellana ofrecen otra manera de preparar un dulce pequeño con el fruto seco como sabor principal.

Receta casera de carquinyols de Menorca

Preparación paso a paso

  1. Empezamos picando las almendras peladas y las que conservan la piel. Podemos utilizar una picadora, pero daremos pulsaciones breves y controladas. Necesitamos un picado irregular y grueso, con trocitos pequeños reconocibles, no una harina de almendra.
  2. Ponemos el huevo y el azúcar en un cuenco amplio. Los mezclamos con unas varillas manuales durante un par de minutos, hasta que el azúcar quede bien humedecido y la preparación empiece a verse algo más clara. No hace falta montarla ni incorporar mucho aire.
  3. Añadimos la ralladura de limón, la canela y el bicarbonato. Removemos hasta repartirlos y agregamos las almendras picadas. Mezclamos de nuevo para que los trozos queden distribuidos por toda la preparación.
  4. Incorporamos la harina poco a poco, primero con una cuchara o una espátula. Cuando la masa ofrezca resistencia, terminamos de trabajarla con las manos. Debe quedar dura, compacta y bien ligada, sin restos de harina seca en el fondo del cuenco.
  5. Si cuesta amasarla sobre la encimera, la introducimos en una bolsa resistente de uso alimentario o la colocamos entre dos hojas de papel de horno. La presionamos y plegamos varias veces hasta conseguir una pieza uniforme. No debemos corregir su firmeza añadiendo agua.
  6. Envolvemos la masa y la dejamos reposar 30 minutos a temperatura ambiente. En una cocina muy calurosa podemos guardarla en la nevera, pero tendremos que sacarla unos minutos antes de estirarla para que no se agriete en exceso.
  7. Calentamos el horno a 180 ºC, con calor arriba y abajo, y cubrimos una bandeja con papel vegetal. Dividimos la masa en dos partes para trabajar con más comodidad y extendemos cada una entre dos hojas de papel hasta dejarla con unos 8-10 milímetros de grosor.
  8. Retiramos el papel superior y cortamos la masa en cuadrados pequeños, de unos 2 o 2,5 centímetros. Un cortapizzas resulta muy práctico, aunque también podemos utilizar un cuchillo largo. No hace falta que todos sean idénticos, pero sí conviene mantener un tamaño parecido para que se cuezan por igual.
  9. Separamos las piezas con una espátula y las distribuimos en la bandeja dejando algo de espacio entre ellas. Crecen ligeramente durante el horneado, aunque no se extienden como unas galletas con mantequilla.
  10. Horneamos cada tanda durante 10-12 minutos, colocándola en la zona central. Las retiramos cuando la superficie esté seca y los bordes comiencen a tomar un color dorado muy suave. Un tostado intenso indicaría que se han cocinado demasiado.
  11. Al sacarlos veremos que los carquinyols todavía están algo tiernos. Los dejamos reposar cinco minutos sobre la bandeja y después los trasladamos con cuidado a una rejilla. Durante el enfriado perderán humedad y adquirirán su textura seca y crujiente característica.

Consejos para unos carquinyols de Menorca de rechupete

  • La combinación de almendras peladas y almendras con piel no es un detalle menor. Las primeras dan un sabor más suave y las segundas aportan un tostado más marcado y pequeñas motas oscuras en el corte.
  • No debemos pulverizar el fruto seco. Si convertimos toda la almendra en harina, desaparecerá el mordisco irregular propio de estos carquinyols y la masa quedará más uniforme y apelmazada.
  • La masa tradicional lleva una cantidad considerable de azúcar y resulta firme. Añadir harina de más porque se pega ligeramente al principio puede dejarlos excesivamente duros. Es preferible amasarla dentro de una bolsa o entre papeles.
  • El grosor influye directamente en el resultado. Con menos de medio centímetro quedarán demasiado finos y tostados; si superan ampliamente el centímetro, el centro puede conservar una textura más blanda.
  • No esperaremos a que adquieran mucho color. El horneado corto y apenas dorado evita que terminen duros cuando se enfríen. Los últimos minutos deben vigilarse, porque una pieza tan pequeña cambia rápido.
  • Esperamos hasta que estén completamente fríos antes de guardarlos. En un recipiente hermético, protegido del vapor y de la humedad, conservarán el crujiente durante varias semanas.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.

Al empezar a trabajarla puede sorprendernos por qué la masa parece tan seca. Es normal en esta receta. Debemos insistir con las manos, presionándola y plegándola, antes de decidir que le falta líquido. Con un huevo tamaño L y las cantidades indicadas debería terminar uniéndose.

También puede surgir la duda de si podemos utilizar solo almendra molida. Podemos moler finamente una parte pequeña, pero no toda. El carquinyol menorquín necesita trocitos repartidos por el interior; de lo contrario obtendremos una pasta de almendra compacta, con otra textura.

Quien prefiera los dulces menos intensos suele preguntar si se puede reducir el azúcar. Podemos bajarlo hasta unos 180 gramos sin desmontar completamente la receta, aunque el resultado será menos tradicional, algo menos crujiente y con menor capacidad de conservación.

Nada más abrir el horno parece extraño que los carquinyols sigan blandos. No debemos cocerlos de nuevo por ese motivo. El azúcar y el huevo terminan de asentarse al perder temperatura, de modo que el endurecimiento principal sucede fuera del horno.

Una vez preparados, la cuestión habitual es cuánto tiempo se conservan crujientes. Bien fríos y guardados en una lata o un tarro hermético pueden mantenerse varias semanas. Si absorben humedad, podemos calentarlos cuatro o cinco minutos a 140 ºC y dejarlos enfriar de nuevo antes de guardarlos.

Última revisión: 6 agosto 2026

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