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Cómo cocer mejillones al vapor

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Cómo cocer mejillones al vapor

Info.

Ingredientes para Cómo cocer mejillones al vapor

  • 1 kg. de mejillones gallegos
  • 1 hoja de laurel
  • 4 cucharadas de agua
  • Opcional: Un chorrito de vino blanco

Cómo hacer mejillones al vapor. El rey indiscutible de las rías gallegas es el mejillón. Siempre versátiles, los mejillones son perfectos en un sinfín de recetas con pescado, pero la más sencilla y tradicional en Galicia son los mejillones al vapor.

Estos moluscos bivalvos cuentan con grandes cualidades gastronómicas. Su gran aporte proteico y su bajo contenido en grasa, hacen de los mejillones un bocado más que interesante

El proceso para preparar unos perfectos mejillones al vapor es muy sencillo. Partiendo de la base de un producto de primera, unos buenos mejillones de la ría, el resultado final es muy difícil que no sea bueno. Aun así, y si queremos un plato de mejillones al vapor para quedar como reyes, debemos de tener en cuenta una serie de premisas muy sencillas.

Su limpieza, su cocción y su preparación son punto a tener en cuenta que influirán en el resultado final. En el paso a paso de esta receta y con la ayuda del vídeo recta que os dejo, podemos descubrir todos los secretos para preparar unos mejillones al vapor perfectos.

Si os encantan los mejillones como a mí, no dudes en echar un vistazo a otras recetas que podéis encontrar en el blog donde los mejillones son los protagonistas. Mejillones a la marinera, mejillones al vino blanco, mejillones en salsa picante, en escabeche, en croquetas, con arroz… las opciones son muchas y los resultados todos de rechupete.

Limpieza de los mejillones

  1. Como los mejillones son un elemento vivo, debemos tener la precaución de no consumirlos más allá de dos días después de su captura. Guardaremos los mejillones siempre en el frigo hasta cocción si esta no va a ser en el mismo día de su compra.
  2. Hacemos una revisión inicial y descartamos los mejillones que tengan la concha rota y se vea su carne.
  3. Comenzamos limpiando los mejillones. Para esta operación existen multitud de opiniones. Hay quien quiere una concha limpísima antes de proceder a la cocción del mejillón. Otros prefieren eliminar simplemente lo gordo para evitar que pierdan propiedades y potencia de sabor.
  4. En mi opinión, debemos eliminar sólo las impurezas, es decir, barbas y crustáceos que pueda tener adheridos.
  5. Para ello, con la ayuda de un cuchillo y siempre bajo el agua del grifo, eliminamos estos estorbos y lavamos bien la concha. No considero necesario eliminar hasta el último corpúsculo, no sólo no son perjudiciales para el resultado final sino que perdería parte de su gracia.

Cocción de los mejillones

  1. Una vez que tenemos los mejillones limpios, procederemos a su cocción. Debemos añadir a la cazuela que vayamos a emplear, una pequeña cantidad de agua. La equivalente a 1 dedo en el fondo del cazo, 3 o 4 cucharadas serán suficientes.
  2. No penséis en ningún caso que esta cantidad mínima de agua no va a ser suficiente, que los mejillones van a acabar quemados o con las conchas pegadas al fondo de la cazuela, para nada. Durante la cocción los mejillones soltarán el agua de su interior y al final nos encontraremos con una buena cantidad de líquido en la cazuela.
  3. Yo siempre guardo el caldo de la cocción resultante. Una vez colado y libre de impurezas, tendremos una exquisitez que enriquecerá cualquier plato de pescado o marisco, arroces, guisos o pastas.

Como variante os diré que podemos sustituir el agua por vino blanco, un Albariño sería perfecto. Aportará un toque diferente a los mejillones, perfecto para guisos como unos spaghetti a la vongole, unos clásicos mejillones a la marinera o los riquísimos mejillones al vino blanco.

Presentación final de los mejillones al vapor

  1. Una vez que le hemos añadimos a la cazuela la cantidad de agua necesaria. Agregamos los mejillones y una hojita de laurel para aromatizar el plato.
  2. La pregunta es, ¿es necesario emplear laurel? ¿el resultado final no será el mismo?… la respuesta es que sí, podemos prescindir del laurel pero para qué evitarlo. Dará un toque de laurel a los mejillones que no puede quedarle mejor. Así que, si tenemos laurel en casa no dejaremos de emplearlo.
  3. Una vez que tenemos todos los ingredientes en la cazuela, la tapamos y encendemos el fuego. Desde el momento en que el agua empiece a hervir y los mejillones a cocinarse, pasaran unos 7 u 8 minutos hasta que estén listos. En el momento en que los mejillones se hayan abierto todos, están perfectos para disfrutar.
  4. Apagamos el fuego, escurrimos el caldo resultante y lo reservamos y servimos los mejillones bien calientes.

Podemos acompañarlos con una rodajita de limón para aliñarlos pero no es necesario. No hay motivos para no disfrutar de una buena sentada de mejillones cocinados en casa. Se trata de un lujo marinero de rechupete.

 

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Si te ha gustado esta receta o tienes alguna duda de cómo hacerla deja un comentario

  1. Rogelio dice:

    El caldo de los mejillones es muy bueno reservarlo para una paella, y muy rico.

  2. Paco Grau dice:

    Propongo una variante, que es como me enseñó mi madre, como los hago siempre y como triunfo cada vez que los preparo para familia o amigos.
    No es necesario poner agua. Símplemente un buen chorretón de aceite (sin exagerar) en el fondo de la cazuela. Fuego medio. En cuanto está caliente, echa unos dientes de ajo (tres o cuatro para un kilo de mejillones). Se dorarán en un minuto. Echa los mejillones ya limpios, exprime medio limón por encima y ese medio limón ya exprimido trocéalo en cuatro partes, échalo a la cazuela y remueve para que queden esos trozos en el fondo. Tapa la cazuela, sube el fuego a tope y déjalos cocerse durante tres o cuatro minutos en ese vapor que se habrá generado.
    Vuélcalo todo en un bol de tamaño adecuado, o bien sírvelo directamente en la propia cazuela (más “rústico”). Cuando os hayáis comido los mejillones, hazme caso, coge una concha grande (o una cuchara) y prueba el caldo. Delicioso. Y, si te gustan los ajos, cómete los dientes que aprecerán en el fondo. Ya verás qué rico. O bien, reserva ese caldo, colado, claro, para un arroz con calamares, gambitas congeladas y almejitas. ¡Genial!

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