Para 10
2.4€/pers.
220kcal/100g
Ingredientes
- 6 huevos
- 300 g de azúcar
- 150 g de sémola fina
- 250 g de mantequilla
- 1 cucharada de cáscara rallada de limón
- 1 cucharada de cáscara rallada de naranja
- 1 l de leche entera
- 10 láminas de pasta filo
- 1 vaso de agua
- 1 cucharada de zumo de limón
- 5 cucharadas de azúcar
- 1 cucharada de canela molida
Una cucharada basta para entender por qué este dulce griego tiene tantos fieles. Primero llega el crujido fino de la pasta filo bien dorada. Después aparece la crema de leche y sémola, suave, con cuerpo y muy aromática. Y remata el conjunto ese almíbar cítrico que empapa sin arruinar la textura. El resultado no es un pastel cualquiera, sino uno de esos postres que parecen más complicados de lo que son y que, cuando salen bien, se convierten en conversación de sobremesa. Hoy cocinamos el galaktoboureko o pastel de leche griego.
El galaktoboureko juega en una liga muy particular. Comparte con otros dulces del Mediterráneo el gusto por las masas finas, la mantequilla y los baños dulces, pero aquí la protagonista absoluta es la crema. No es una natilla corriente ni una bechamel dulce pesada, sino un relleno delicado, firme al corte y muy agradable en boca cuando reposa lo suficiente. Ahí está buena parte de su gracia.
En cocina doméstica funciona especialmente bien porque no necesita ingredientes raros ni un despliegue imposible. Lo importante es hacer tres cosas con cabeza: tratar la filo con cierta rapidez para que no se reseque, cocer la crema sin pasarse y respetar el reposo final. Cumplido eso, sale un pastel de leche griego con presencia, perfecto para preparar con antelación y servir tanto a temperatura ambiente como frío de nevera.
La gastronomía de Grecia nos proporciona muchas recetas sencillas pero con un resultado espectacular. Aquí te dejo una selección de las mejores recetas de la cocina griega.
En casa funciona muy bien cuando apetece salir de los postres de siempre sin meterse en una elaboración imposible. Tiene algo de la golosina bien hecha que encontramos en el baklava, comparte esa querencia por la leche y la cuchara con unas natillas caseras, y también recuerda a la leche frita en esa mezcla tan nuestra de crema cuajada y perfume de canela y cítricos. Pero aquí el juego va por otro camino: menos postre de sartén o cazuela y más contraste entre capas, más horno, más textura.
Receta casera de galaktoboureko

Preparación paso a paso
- Empezamos por el almíbar. Ponemos en un cazo el agua, los 250 g de azúcar, la piel de limón, la cucharadita de zumo de limón y la canela en rama. Llevamos a ebullición, bajamos el fuego y cocemos 5 minutos, lo justo para que el azúcar se disuelva y el almíbar quede ligero. Retiramos del fuego, quitamos la piel y la canela si queremos, y dejamos enfriar por completo.
- Preparamos la base de la crema. En una cazuela amplia calentamos la leche con la ralladura de limón y la ralladura de naranja hasta que esté bien caliente, pero sin dejar que hierva con fuerza.
- Batimos los huevos. En un cuenco grande batimos los huevos con los 300 g de azúcar hasta obtener una mezcla más pálida y ligeramente espumosa. Añadimos la sémola fina y mezclamos bien hasta que no queden grumos.
- Templamos la mezcla. Vertemos poco a poco parte de la leche caliente sobre la mezcla de huevos, sin dejar de batir, para que se temple sin cuajarse. Después devolvemos todo a la cazuela.
- Cocinamos la crema. Ponemos la cazuela a fuego medio-bajo y removemos constantemente con varillas hasta que la mezcla espese. Debe quedar como unas natillas muy densas o una crema pastelera ligera, con cuerpo pero todavía fluida. Retiramos del fuego e incorporamos 30 o 40 g de la mantequilla. Mezclamos bien.
- Dejamos templar. Tapamos la crema con film a piel o removemos de vez en cuando para evitar costra. Mientras pierde algo de calor, precalentamos el horno a 180 ºC, con calor arriba y abajo.
- Preparamos el molde. Derretimos el resto de la mantequilla. Engrasamos un molde rectangular o cuadrado. Colocamos 5 hojas de pasta filo en la base, una a una, pincelando cada capa con mantequilla. Dejamos que sobresalgan ligeramente por los bordes.
- Añadimos el relleno. Vertemos la crema templada sobre la base y la igualamos con una espátula. Doblamos hacia dentro los bordes de filo que sobresalen.
- Cerramos el pastel. Cubrimos con las 5 hojas restantes, también pinceladas con mantequilla una a una. Ajustamos la superficie con suavidad para que no queden bolsas grandes de aire y marcamos con un cuchillo afilado la capa superior en rombos o cuadrados, sin llegar del todo al fondo.
- Horneamos. Llevamos el molde a la parte media del horno y horneamos entre 35 y 40 minutos, hasta que la superficie esté bien dorada y crujiente.
- Bañamos con el almíbar. Sacamos el pastel del horno y, todavía bien caliente, vertemos por encima el almíbar ya frío, poco a poco, repartido por toda la superficie y aprovechando los cortes marcados.
- Reposamos y servimos. Dejamos enfriar y reposar al menos 2 o 3 horas antes de cortar del todo y servir. Terminamos con un poco de canela molida por encima solo si nos gusta ese acabado.






Consejos para un galaktoboureko de rechupete
La gracia de este postre está en respetar la textura de la crema, usar sémola fina de verdad y no tener prisa ni con la pasta filo ni con el reposo. También ayuda muchísimo que el almíbar no esté hirviendo al echarlo y que el pastel llegue bien dorado al final.
- Sacad la pasta filo de la nevera con tiempo y mantened las hojas cubiertas con un paño mientras montáis el pastel para que no se resequen.
- No encharquéis las láminas de mantequilla. Lo suyo es pincelar, no empapar.
- La crema debe espesar, pero no quedarse como un ladrillo dentro de la cazuela. En el horno aún termina de asentarse.
- Marcad la superficie antes de hornear. Luego se corta mucho mejor y el almíbar entra de forma más uniforme.
- Si queréis un acabado más limpio, dejad reposar el pastel unas horas antes de cortarlo. Recién hecho está bueno, pero todavía algo suelto.
- La canela queda mejor al final, justo antes de servir, para que siga aromática y no humedezca la superficie.
Curiosidades de rechupete
El nombre galaktoboureko ya cuenta bastante de lo que tenemos delante. “Galakto” remite a la leche y “börek” al mundo de las masas rellenas, así que el postre se mueve justo entre esas dos ideas: una crema láctea bien cocida y una envoltura de masa fina que acaba crujiente tras el horno y el almíbar.
Aunque hoy lo identifiquemos enseguida con Grecia, no es raro encontrar parentescos y versiones próximas en otras cocinas del entorno mediterráneo y del antiguo espacio otomano. Precisamente por eso cambian detalles como el perfume del almíbar, el grosor de la crema o el modo de presentarlo, pero la base sigue siendo reconocible: crema de sémola, filo y baño dulce.
Otra cosa curiosa es que, frente a otros dulces de capas, aquí la crema se hornea ya dentro de la masa. No se rellena después, y eso cambia por completo la textura final: la parte de abajo absorbe algo del jugo de la crema, la de arriba queda más quebradiza y el conjunto resulta más goloso cuando reposa lo suficiente.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails
Con la pasta filo pasa una cosa muy habitual: se rompe con solo mirarla mal. Aun así, no conviene agobiarse por si una hoja un poco rasgada ya no sirve, porque en recetas por capas como esta se puede seguir usando sin problema siempre que la vayamos colocando con cuidado y la mantequilla ayude a unir el conjunto.
A mitad de preparación muchos se frenan cuando la crema no queda lisa del todo y aparece la pregunta de si la sémola debe notarse o no. La respuesta es que sí, pero solo ligeramente. No buscamos una crema basta ni granulosa, sino una textura fina, cremosa, con ese punto de cuerpo que da la sémola buena cuando está bien cocida.
Luego está el momento de servir, porque en cuanto sale del horno entra la tentación de atacar y surge si se puede comer caliente o hay que esperar. Poder, se puede, pero gana mucho cuando reposa: la crema termina de asentarse, el almíbar se reparte mejor y el corte sale bastante más limpio. A temperatura ambiente suele lucir especialmente bien, aunque hay quien lo prefiere frío.
En más de una cocina también queda rondando cuánto aguanta en la nevera sin perder gracia. Bien tapado, suele mantenerse varios días y, de hecho, no es de esos postres que se vienen abajo de un día para otro. La parte superior ya no está tan salvaje como recién horneada, pero el conjunto sigue muy rico y la crema aguanta estupendamente.
Última revisión: 14 abril 2026
Hemos trabajado 3 horas y 05 minutos para que disfrutes esta receta. ¿Cómo se calcula?
75 min. cocinando, 30 min. para hacer y editar las fotos, 45 min. para redactar y 35 min. para organizar y publicar todo en la web y en redes sociales.
😊 Sin contar lo que dedicamos a investigar cómo hacer la mejor receta, comprar los ingredientes, comerla (y repetirla si no ha salido de rechupete), leer vuestros comentarios y responder a las dudas.
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que maravilla para el paladar y para los ojos.
Saludos
olguis.
Se ve realmente delicioso….lo guardo en favoritos, a ver si me animo a hacerlo. Gracias!
Alfonso donde compro semola fina??? y la pasta filo soy de pontevedra y la verdad para conseguir alguna cosa parece esto el culo del mundo y perdon por la expresion GRACIÑAS esto deve de estar de muerte,pero haber como consigo los ingredientes en ALCAMPO TAL VEZ????………….
Mira que nunca he trabajado con las Pasta Filo y ya tenía yo ganas de hacer algo con ella, y creo que ya se con que receta voy a empezar, porque esto tiene que estar impresionantemente rico y me has dado alguna que otra idea … jejejje
@Esther la sémola fina es el refinado de la sémola normal (se vende en cualquier gran superficie, tipo Carrefour o Alcampo). La sémola es la harina gruesa (poco molida) que procede del trigo y de otros cereales con la cual se fabrican diversas pastas alimenticias (raviolis, espaguetis, fideos…) La sémola se obtiene moliendo el endospermo (albumen farinaceo) del trigo duro. La sémola granulosa se obtiene del trigo durum (Triticum durum), la cual presenta un color amarillo natural del grano. Es la harina ideal para elaborar masas.
La pasta filo es con la que se hace casi toda la repostería arabe y mediterránea, los famosos baklavas. Y en centroeuropa para los strudels. Esta muy buena y es muy fácil de trabajar. Yo la compro en el Alcampo de Alcobendas, pero me imagino que la tienes que encontrar en muchos sitios.
Ya me dirás si te animas a hacerla.
mmm …. me voy a animar a hacerlo. soy en realidad muy mala cocinera, pero veo esta foto y no me resisto :D
a ver que me sale, después te cuento
saludos.
Enhorabuena Alfonso, veo que, además de cocinar bien, estás muy bien documentado…Mi experiencia con el galactobúreco (que es muy larga…je…je…tanto como toda mi vida…) es que cuanto más líquida quede la crema en la cazuela, más rica y esponjosa sale al final…A, y queda estupéndamente añadir media vaína de vainilla a la crema, o unas gotas de esencia de bergamota en el almíbar. Enhorabuena de nuevo.
LA SEMOLA FINA A LA QUE SE REFIERE ES LA MAIZENA?
No, La sémola es el maíz, sin piel ni germinado, molido, más o menos fino = harina de maíz. Similar a la polenta que es harina de maíz precocida. La maicena proviene del maíz, y de allí su nombre; se obtiene específicamente del tejido nutricional (endospermo) de la semilla del maíz, y es conocida también como almidón de maíz. Al calentarlo reacciona de tal manera que sirve para espesar las comidas, por lo que se utiliza para darle más consistencia a las recetas, como en salsas o sopas. La sémola es de harina más gruesa.
¡Está buenísimo! lo hice hace unos días y nos gustó muchísimo :)