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Sopa de cebolla. Receta tradicional francesa

  • 6 personas
  • Preparación fácil
  • 0,8 euro/persona
  • Tiempo de preparación: 50 minutos
Receta de sopa de cebolla

Ingredientes

  • 6 cebollas grandes y dulces
  • 30 ml de aceite de oliva extra virgen (2 cucharadas)
  • 60 g de mantequilla
  • 1 diente de ajo
  • 2 litros de caldo de carne
  • 12 rebanadas de pan del tipo baguette
  • 3 cucharadas de harina de trigo
  • 1 cucharadita de azúcar
  • Sal y pimienta negra recien molida (al gusto)
  • 20 ml de brandy o coñac
  • 100 g de queso rallado suave (tipo Gruyère)

Estamos en otoño y el invierno asoma a la vuelta de esquina, el cuerpo nos pide recetas de cuchara: sopas, cremas calientes, purés, cocidos, guisos, estofados y un largo etcétera. Si buscáis en el blog veréis que recetas de sopas tengo pocas o ninguna. Me he decidido a cambiar ésto comenzando con un clásico: “Sopa de cebolla a la francesa”, una receta exquisita, tradicional y básica en cualquier cocina que se precie. Un plato delicioso y sencillo que puede ser un primer plato en Navidad o plato único con un gran cuenco de sopa en una cena casera.  Imaginaos, en fusión con el sofá, calentando poco a poco las manos mientras ves tu serie o peli preferida, me dan ganas de tomarme otro cuenco más.

Esta sopa tiene una gran historia, según el escritor de “Los tres mosqueteros”, el francés Alexandre Dumas, era “una sopa muy querida de los cazadores, gente de mala vida y venerada por los borrachos”. Como veis una receta económica del pueblo aunque fue Estanislao Leczinski, antiguo rey de Polonia y apasionado de la gastronomía, el que descubrió esta sopa tradicional en una fonda francesa y tanto le gustó su sabor delicado que no paró hasta hacerse con la receta. Desde ese momento adquirió fama y popularidad en la corte y más tarde se convirtió en el plato obligado con el que terminaban las juergas nocturnas parisinas, de ahí la cita de Dumas.

Os dejo con la versión moderna de esta sopa originaria de Francia, hecha con pan seco, caldo de carne y cebollas caramelizadas. La “soupe á l’oignon gratinée” o sopa de cebolla gratinada, una variación de la receta de Paul Bocuse en el  libro “La cocina del mercado”. Sencilla, humilde, sabrosa, nutritiva y saludable, espero que os guste tanto como a mí.

Preparación de la sopa de cebolla

  1. En esta sopa debemos emplear cebollas dulces, las encontraremos en el mercado o cualquier supermercado. Podéis emplear otro tipo de cebolla pero el sabor no será igual de suave y meloso. Pelamos y cortamos en juliana (a lo largo y en finísimas rodajas) las cebollas dulces. Reservamos en un cuenco.
  2. Elegimos una cazuela grande, calentamos el aceite en el fondo de la cazuela y añadimos la mantequilla, que es la verdadera base de esta sopa francesa. Cuando se haya derretido y mezclado con el aceite de oliva introducimos las cebollas y el ajo muy picadito, añadimos también un poco de sal y pimienta negra. El efecto salado nos ayudará a que las cebollas suden y que se ablanden antes.
  3. Removemos con una cuchara de madera de manera envolvente hasta que la cebolla quede transparente o translúcida, no debe coger color. Este proceso es lento porque queremos tener la cebolla blandita sin que se queme, con fuego muy suave tardaremos unos 20-25 minutos. Podéis tapar o no la cazuela durante la cocción aunque si la tapáis el agua que va soltando el sofrito quedará en la cazuela y evitará que la cebolla tome color tostado.
  4. Si no hemos usado cebollas dulces en este momento podemos agregar una cucharada de azúcar pero debemos tener cuidado de que no caramelice muy rápido para que la cebolla no quede con color.
  5. Espolvoreamos la harina en la cazuela y removemos con cuidado para mezclarla bien. El efecto de la harina con la cebolla y sobre todo la mantequilla se llama Roux, nos ayudará a ligar y espesar la sopa. Añadimos el brandy y dejamos 1-2 minutos que se evapore.
  6. Introducimos el caldo, de carne o de lo que más nos guste, por ejemplo pollo, pescado o verduras (así le daréis vuestro toque a la sopa). Salpimentamos si es necesario y llevamos a ebullición. Dejamos 15-20 minutos a fuego muy suave, muy importante porque la sopa tiene harina y si incrementamos la temperatura se irá al fondo de la cazuela y se pegará pudiendo llegar a fastidiarnos la receta.
  7. Cortamos en rebanadas finas el pan y tostamos ligeramente. Untamos con un trozo de ajo y colocamos en la superficie de la cazuela o en cuencos individuales con la sopa y las tostadas por encima. Espolvoreamos con el queso suave que más nos guste (yo he utilizado gruyère) y metemos al horno precalentado a 200º. Gratinamos a 220º durante 5-6 minutos y servimos inmediatamente bien caliente.

La elaboración de esta sopa es muy fácil, aunque puede que un poco laboriosa. Una sopa líquida pero con un punto de almidón que le da una textura entre sopa y crema, lo que le da a la sopa de cebolla ese toque único. Una receta digna tanto de un primer plato en la comida de Navidad como de una cena sencilla en estas noches de frío en las que sólo quieres estar con tu mantita en el sofá.

Vino recomendado

Y para esta famosa sopa francesa, mi recomendación es una copa de vino blanco francés, que entra genial con esta rica sopa de cebolla. Un pequeño lujo al alcance de todos.

Sieur D’Arques Limoux Terroir de Vigne & Trufee 2009 (D.O.Limoux)

En la producción de este vino se emplean uvas chardonnay, son las más famosas del mundo para hacer vino blanco y está detrás de los mejores borgoñas blancos. También es una de las variedades más plantadas, aunque en general se reconoce que las mejores expresiones de la uva se encuentran en Francia , el EE.UU. y Australia.

  • La región vinícola de este tipo de vino, Languedoc-Roussillon, es una región vinícola amplia y muy diversa del sur de Francia, con un área que se extiende desde Nimes y Montpellier, en el este, hacia el Golfo de Lyon a la frontera española. La denominación de Limoux es relativamente nueva (creada en 2003), para los vinos blancos y tintos de la zona alrededor de la ciudad de Limoux, en el prepirineo del sur de Francia . Históricamente, esta zona ha sido mejor conocida por sus vinos espumosos, que se producen y se venden bajo la Blanquette de Limoux y Crémant de Limoux.
  • Un vino de color amarillo pálido con tintes verdes. Nariz con notas de espino, melocotón blanco e insinuaciones de minerales. El ataque es fresco y el paladar está bien equilibrado con aromas a fruta y minerales que perduran al final. Hay miles de descriptores de los aromas y sabores de Chardonnay. Aromas comunes que van desde la mantequilla y pan tostado a través de notas tropicales de plátano, piña y guayaba.

 

 

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