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Rosquillas fritas caseras y fáciles. Receta de mi madre Rosa

  • 10 personas
  • Preparación fácil
  • 0,4 euros/persona
  • Tiempo de preparación: 45 minutos
Receta de rosquillas caseras

Ingredientes

  • 500 gr de harina floja, tipo repostería.
  • 4 huevos
  • 50 ml de leche entera
  • 1 Sobre (16 gr.) de levadura tipo Royal, polvo de hornear.
  • Ralladura de un limón y una naranja.
  • 6 cucharadas de azúcar (unos 150 gr)
  • 6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 chupito de anís (20 ml) y otro 1/2 de orujo o aguardiente gallego
  • Aceite de girasol u oliva muy suave para freir las rosquillas (1 litro aproximadamente) y 1 trozo de corteza de limón (parte amarilla)
  • Para el baño de azúcar: 500 g de azúcar, 125 ml de agua, 50 ml de zumo de limón.

Dentro de unos días estaremos de fiestas en mi aldea, Viñoas en Nogueira de Ramuín, Ourense, que honran a la virgen de la Magdalena a mediados de Julio. Es la clásica romería en la que comer y beber es tradición para luego aguantar con buen cuerpo todos los bailes que se puedan en el campo dos Borraxos. Además, desde hace unos años, tienen una nueva modalidad “De Adega en Adega” en la que se visita las bodegas de la zona para degustar buenos caldos de la Ribeira Sacra y acompañarlos en cada una de ellas con lo que cada uno pone, empanadas, callos, chorizos, licor café, etc. En cada casa de la zona nos juntamos para celebrar en familia las fiestas alrededor de una buena paparota. En Vertelo, en casa de mi abuela, hemos llegado a juntarnos más de cuarenta familiares de todos los lugares del mundo, argentinos, franceses, de Guernica, Sevilla, Barcelona y Vigo. Y es que la mayoría de los gallegos estamos dispersos por el mundo, pero aún en la diáspora, siempre juntos.

Estas rosquillas que me he traído para Madrid son de mi madre Rosamari, y desde que yo tengo recuerdos, es una receta que había que preparar en estos días de Julio para completar el homenaje larpeiro de las fiestas de la Magdalena. No son las esponjosas rosquillas del Candil, ni las de tipo pasta que hacen en Mancha, ni tontas ni listas como en Madrid, son las que entran al cuerpo con un buen chupito de licor café, ideales para acabar una comida y empezar una sobremesa. Llenas de almibar y con un ligero sabor a cítricos y anís, un pedacito de felicidad que trae recuerdos muy gratos. La receta de mi madre lleva muchos de sus ingredientes a ojo, y prácticamente puedo oir a mi abuela Lucrecia explicándola: “fariña a que admita”,  “aceite, sempre de girasol, nin muy quente nin muy frío”, por suerte la he traducido a las medidas exactas, harina con sus gramos y el aceite a temperatura medio-baja para que no se quemen.

No le tengáis miedo a esta receta que es muy sencilla , yo preparaba las rosquillas de niño junto con mi hermana, pero si las váis a preparar con vuestros hijos no les dejéis que las metan en el almíbar, la primera vez que me quemé un dedo fue así, el azúcar es peligroso. Todos podéis ponerle vuestro toque, mi madre cambió la receta quitando anís e introduciendo aguardiente, podéis hacerla vuestra y que sea como en mi familia, que pase de madres a hijos/as. Espero que os guste y que la preparéis, si no podéis pasaros por la romería de mi pueblo. ¡Qué viva la Magdalena!

Preparación de la masa de las rosquillas:

  1. Lavamos y rallamos la naranja y el limón, sin llegar a la parte blanca, sólo de manera superficial. Batimos los huevos con el azúcar hasta que espumen, es decir, que se monten un poco. Añadimos la leche, el aroma de anís o anís seco, el aguardiente y las ralladuras de los cítricos, volvemos a batir todo muy bien hasta que quede integrado.
  2. Añadimos el aceite de oliva virgen extra y volvemos a batir hasta que el aceite esté mezclado. Unimos el polvo de hornear o la levadura química con la harina de repostería (no hace falta tamizar), la vamos añadiendo poco a poco a la mezcla anterior hasta conseguir una masa que se pega pero manejable. Podemos untarnos las manos con aceite para manejar mejor la masa, pero sólo un poco, tampoco queremos añadir más aceite del necesario a la masa.
  3. Preparamos una bola con la masa y la envolvemos en plástico film transparente, dejamos que repose en la nevera un par de horas.

Preparación de las rosquillas y fritura:

  1. Pasado el tiempo de reposo de la masa, ponemos al fuego una sartén con abundante aceite de girasol y en ella vamos a hacer la fritura, serán nuestras famosas rosquillas. Un truco para aromatizar el aceite es freír dos tiras largas de cáscara de limón (sin nada de blanco de la fruta, sólo la piel) en el aceite a baja temperatura. Las dejamos en el aceite durante 10 minutos a temperatura baja, 2 sobre 10 puntos de temperatura de la vitro es suficiente.
  2. Pasamos a lo más divertido de la receta, hacer las rosquillas. Untamos de aceite de oliva virgen extra la encimera y las manos, hacemos unas bolitas del tamaño de una pelota de golf, más o menos todas iguales, salen unas 30 bolitas. Esta es la forma más fácil pues solo tendremos que abrir un agujero en el centro ayudados de los dedos, de esta forma conseguiréis que queden todas iguales y muy esponjosas. Si las queréis más crujientes podéis hacer churritos de masa más finos como si fuese plastilina y unirlas por los extremos, os dejo a vuestra elección la forma que más os guste.
  3. Sacamos las cáscaras de limón del aceite de girasol y freímos las rosquillas teniendo mucho cuidado de que no se quemen. Es importante pues después de todo el trabajo no queremos que se nos pasen o se queden crudas por dentro. Para ello, el aceite que tenemos en la sartén lo ponemos a fuego medio sin que llegue a humear y freímos en tandas de no más de 6 rosquillas, para que no se enfríe mucho el aceite. Tampoco os asustéis si caen al fondo, vuelven a subir, pues con la temperatura engordan un poco.
  4. Cuando estén doraditas por ambos lados, las colocamos sobre papel de cocina absorbente para eliminar el exceso de aceite y dejamos que enfríen. Reservamos para el glaseado.

Preparación del almíbar y glaseado final de las rosquillas.

Una vez frías tenemos dos opciones:

  • Las espolvoreamos con azúcar glas o azúcar blanquilla normal, colocamos azúcar en un plato y vamos rebozando la rosquilla en el azúcar para que adhiera, de aquí a una fuente o directamente a la boca.
  • La otra opción, que es la que más le gusta a mi padre, es glasearlas con un almíbar suave, a tope de azúcar. Simplemente hacemos un almíbar en un cazo donde solemos preparar la leche por las mañanas con los ingredientes de la receta y dejamos que reduzca. Pasamos todas las rosquillas mojando por ambos lados, esto hará que se forme una costra y que se conserven en buen estado un montón de tiempo. Las ponemos en una bandeja de horno o en la encimera, y pasado un rato las recolocamos para que no se peguen antes de que seque el azúcar.

Os aseguro que el resultado es fantástico, de rechupete, por supuesto.

 

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