Para 4
0.8€/pers.
65kcal/100g
Ingredientes
- 1,2 l de agua muy fría
- 80 ml de aceite de oliva virgen extra
- 1 yema de huevo
- 50 g de miga de pan del día anterior
- 1 ó 2 dientes de ajo, según nos guste de fuerte
- 30 ml de vinagre de vino
- Sal al gusto
- 2 tomates maduros
- 1 pepino
- 100 g de pan del día anterior para los tropezones
Mortero, pan, ajo y agua fría. Con tan poca cosa se monta una de esas recetas que explican muy bien la cocina de aprovechamiento. El ajoblanco extremeño no va por el mismo camino que el ajoblanco de almendras malagueño: aquí la gracia está en una base ligera, ligada con yema, aceite y miga de pan, que después se sirve con tomate, pepino y pan en dados.
Hemos preparado un recopilatorio de las mejores recetas de la cocina extremeña para que no te quedes sólo con esta receta.
Es una sopa fría extremeña sencilla, barata y pensada para comer con cuchara cuando aprieta el calor. No busca quedar como una crema fina de restaurante, sino como un plato fresco, humilde y con ese punto alegre del vinagre y el ajo. En la misma familia de recetas veraniegas entran el gazpacho andaluz, el salmorejo cordobés o la porra antequerana, aunque cada una juega con una textura distinta: una más bebible, otra más espesa, otra más de cuchara.
No te quedes sólo con esta versión. Tenemos muchas más recetas de gazpachos, salmorejos y sopas frías en el blog.
La clave está en no pasarnos con el ajo ni con el vinagre. Si el majado queda fuerte de entrada, al añadir el agua fría se suaviza, pero conviene probar al final y corregir con calma. También es importante usar huevo pasteurizado, porque esta receta no lleva cocción y así evitamos sustos innecesarios.
Receta casera de ajoblanco extremeño

Preparación paso a paso
- Empezamos poniendo la miga de pan en un cuenco con un poco de agua fría. La dejamos unos minutos, lo justo para que se ablande, y después la escurrimos bien con la mano.
- Pelamos los ajos, los abrimos por la mitad y retiramos el germen si lo tienen muy marcado. En un mortero majamos el ajo con una pizca de sal hasta conseguir una pasta fina.
- Añadimos la miga de pan escurrida y seguimos majando hasta que el pan se integre con el ajo. Tiene que quedarnos una base espesa, sin trozos grandes.
- Incorporamos la yema de huevo pasteurizada y mezclamos con movimientos circulares. A partir de aquí vamos añadiendo el aceite de oliva poco a poco, como si estuviésemos montando una salsa sencilla.
- Cuando tengamos una mezcla ligada, añadimos el vinagre y un vaso de agua muy fría. Removemos bien para aligerar la base.
- Pasamos la mezcla a una jarra o a un bol grande y añadimos el resto del agua fría poco a poco, removiendo hasta conseguir una sopa ligera. Probamos de sal y vinagre, y corregimos si hace falta.
- Lavamos los tomates y el pepino. Pelamos el pepino si tiene la piel gruesa y cortamos todo en dados pequeños. Cortamos también el pan del día anterior en trozos de bocado.
- Guardamos el ajoblanco en la nevera al menos 1 hora. Lo servimos bien frío, con el tomate, el pepino y el pan por encima o aparte, para que cada uno se ponga la cantidad que quiera.







Consejos para un ajoblanco extremeño de rechupete
- Usad agua muy fría y dadle reposo en la nevera. Recién hecho está bueno, pero al cabo de un rato el ajo se asienta y el conjunto queda más redondo.
- No conviene empezar con tres o cuatro dientes de ajo si no conocemos el punto. Mejor poner uno, probar y ajustar. El ajo crudo manda mucho.
- La yema debe ser pasteurizada. Como no vamos a cocinar la mezcla, es la opción más segura para hacer esta receta en casa.
- Si queda demasiado fuerte, añadimos un poco más de agua fría. Si queda plano, corregimos con una pizca de sal y unas gotas de vinagre.
- El pan de los tropezones queda mejor si es del día anterior. Aguanta más en la sopa y no se deshace al primer minuto.
Curiosidades de rechupete
El ajoblanco extremeño pertenece a esa cocina de calor, campo y despensa corta que sabe sacar partido al pan asentado. Antes de que las batidoras dejaran todas las sopas finísimas, el mortero marcaba la textura: ajo bien machacado, pan remojado, aceite añadido con paciencia y agua para convertir una pasta potente en una sopa fresca.
Aunque comparta nombre con otros ajoblancos, esta versión no necesita almendras para tener personalidad. Su punto está en la emulsión sencilla y en los tropezones de huerta. Por eso se parece más a una sopa fría campera que a una crema blanca y espesa.
El tomate y el pepino no son un adorno cualquiera. Aportan frescor, mordida y hacen que el plato pase de ser un caldo aliñado a una comida ligera, de las que se agradecen en días de mucho calor.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.
En esta receta conviene tener claro si el huevo va crudo o cocido, porque la base tradicional se liga con yema sin cocinar. Para hacerla en casa con tranquilidad, lo más sensato es usar yema pasteurizada. No cambia apenas el resultado y nos quitamos un problema de seguridad alimentaria.
Otra duda muy normal aparece con la cantidad de agua. No buscamos una crema espesa, sino una sopa fría ligera. Aun así, el punto depende del pan y del gusto de cada casa. Si os gusta más contundente, añadid un poco menos de agua; si la queréis más bebible, aligeradla sin miedo.
También se puede ajustar el vinagre al final de la receta. Es mejor quedarse cortos al principio y rectificar después del reposo, porque el frío suaviza algunos sabores pero el ajo y el vinagre siguen presentes.
Última revisión: 12 julio 2026
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