Barquillos de San Isidro, receta madrileña crujiente y castiza

Barquillos de San Isidro, receta madrileña crujiente y castiza

Icono personas Para 6Icono euro 0.35€/pers.Icono calorias 520kcal/100g

Ingredientes

  • 75 g de mantequilla derretida
  • 100 g de harina de trigo
  • 100 g de azúcar glas
  • 3 claras de huevo
  • 1 pizca de sal
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla o una pizca de canela molida
  • Mantequilla para engrasar el papel de horno

En mayo, Madrid huele a verbena, a rosquillas, a limonada y a esos barquillos de San Isidro que se comen casi sin darse cuenta: finos, dorados, crujientes y con esa gracia de dulce sencillo que no necesita florituras. La masa no tiene misterio, pero sí tiene truco. Aquí no buscamos una galleta gordita, sino una lámina muy fina que se pueda enrollar en caliente antes de que se quede tiesa como una teja.

Los barquillos están ligados a la figura del barquillero madrileño, con su lata, su ruleta y su cesta, una estampa muy popular en las fiestas de la capital a finales del siglo XIX y principios del XX. También aparecen asociados a San Isidro junto a otros dulces castizos como las rosquillas tontas, las listas o las de Santa Clara.

Para montar una mesa bien madrileña, estos barquillos casan de maravilla con rosquillas tontas de San Isidro, rosquillas fritas caseras y flores fritas, tres dulces de la misma familia festiva: masas sencillas, aroma popular y ganas de merienda larga. En este caso vamos a por la versión casera de horno, más cómoda que la barquillera tradicional y perfecta para hacer un buen surtido sin complicarse.

Receta casera de barquillos de San Isidro

Preparación paso a paso

  1. Precalentamos el horno a 200 ºC, con calor arriba y abajo. Forramos una bandeja con papel vegetal y lo engrasamos ligeramente con mantequilla. Este paso es importante, porque la masa se pega con facilidad si el papel queda seco.
  2. Derretimos la mantequilla y la dejamos templar. No debe estar caliente al mezclarla, porque podría estropear la textura de las claras.
  3. Ponemos las claras en un bol con el azúcar glas y la pizca de sal. Batimos con varillas hasta que la mezcla esté espumosa y algo aireada, sin necesidad de montar un merengue firme.
  4. Añadimos la harina tamizada poco a poco y mezclamos con movimientos suaves. Incorporamos la mantequilla derretida y la vainilla o la canela. Nos tiene que quedar una masa lisa, ligera y sin grumos.
  5. Colocamos una cucharada de masa sobre la bandeja y la extendemos con el dorso de una cuchara o una espátula hasta dejar un círculo muy fino, de unos 12 o 14 cm. Hacemos solo 3 o 4 cada vez, porque luego hay que enrollarlos rápido.
  6. Horneamos durante 4 o 5 minutos, hasta que los bordes empiecen a dorarse. El centro debe quedar cocido, pero no demasiado tostado.
  7. Sacamos la bandeja y, sin esperar, despegamos cada lámina con una espátula fina. Enrollamos los barquillos alrededor del mango de una cuchara de madera, un cilindro metálico o un palo limpio. Hay que hacerlo con decisión, porque se endurecen en segundos.
  8. Dejamos enfriar los barquillos ya formados sobre una rejilla. Al perder el calor quedarán crujientes y firmes.
  9. Repetimos el proceso con el resto de la masa, engrasando de nuevo el papel si vemos que empieza a pegarse.

Consejos para unos barquillos de San Isidro de rechupete

  • Extended la masa muy fina. Si queda gruesa, no se enrollará bien y el resultado será más parecido a una galleta blanda.
  • No hagáis demasiados a la vez. Tres o cuatro por tanda es lo ideal para poder darles forma antes de que se enfríen.
  • Si se endurecen antes de enrollarlos, podéis meterlos unos segundos más en el horno para que recuperen algo de flexibilidad.
  • La canela les da un punto muy castizo, pero con vainilla quedan más suaves. Elegid una u otra, no hace falta poner las dos si queréis un sabor limpio.
  • Guardadlos en una lata o bote hermético cuando estén totalmente fríos. La humedad es su peor enemiga.
  • Si los queréis más festivos, podéis bañar una punta en chocolate fundido, aunque el barquillo tradicional se disfruta tal cual, crujiente y ligero.

Curiosidades de rechupete

Los barquillos reciben su nombre por los antiguos moldes con forma de pequeña barca. Con el tiempo, esa masa fina empezó a presentarse también enrollada, en canuto o en cucurucho, que es la forma que más asociamos hoy a las ferias y verbenas.

En Madrid, el barquillero no era solo un vendedor ambulante. Su ruleta convertía la compra en un pequeño juego: se pagaba, se giraba y la suerte decidía cuántos barquillos tocaban. Por eso muchos madrileños recuerdan más la escena completa que el dulce por separado.

Aunque hoy los vemos como un capricho de fiesta, la masa de los barquillos es humilde: harina, claras, azúcar y grasa. La gracia está en la técnica, en extenderla como una oblea y trabajarla en caliente.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.

Lo primero que suele fallar es la forma. Para que salgan bien, la masa de los barquillos debe quedar casi transparente al extenderla. Si ponemos demasiada cantidad, el borde se dorará pero el centro seguirá blando, y al enrollarlo se romperá o quedará gomoso.

También puede pasar que se peguen al papel. En ese caso, engrasar ligeramente el papel de horno marca la diferencia. No hace falta embadurnar la bandeja, solo una película fina de mantequilla para que la lámina salga entera.

Otra duda habitual llega con el enrollado. Aquí no conviene entretenerse: los barquillos se moldean recién sacados del horno. En cuanto pierden temperatura se vuelven rígidos, así que lo mejor es hornear pocas unidades por tanda.

Si no tenéis molde cilíndrico, no pasa nada. Un mango de cuchara de madera sirve perfectamente para darles forma de canuto. También podéis dejarlos planos, tipo oblea, y usarlos para acompañar helado, natillas o chocolate.

Última revisión: 15 mayo 2026

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