Para 8
1.20€/pers.
320kcal/100g
Ingredientes
- 200 g de harina de trigo
- 200 g de azúcar
- 150 g de mantequilla a temperatura ambiente
- 4 huevos
- 125 ml de leche
- 2 cucharaditas de extracto de vainilla
- 1 cucharadita de polvo de hornear
- Una pizca de sal
- 100 g de azúcar glas (glaseado)
- 2 cucharadas de leche o agua (glaseado)
- 1 cucharadita de extracto de vainilla (glaseado)
La vainilla tiene aquí más trabajo del que parece. Aparece dos veces, primero en la masa del bizcocho y después en el glaseado, de modo que el aroma no queda solo dentro de la miga, sino que vuelve a aparecer en la cobertura. El resultado es un bizcocho de sabor limpio, con miga tierna y esponjosa y un acabado dulce muy sencillo.
La textura depende bastante de cómo trabajemos la mantequilla. Tiene que estar a temperatura ambiente, lo bastante blanda para batirla bien con el azúcar, pero no derretida. Buscamos una crema suave y ligera antes de incorporar los huevos. Después, cuando entren la harina y la leche, nos interesa justo lo contrario: mezclar sin pasarnos y parar cuando la masa quede homogénea.
Si apetece seguir con esta familia de bizcochos sencillos, también merece la pena probar el bizcocho de nata, el bizcocho de convento o el bizcocho de canela. Aquí, en cambio, dejamos que la vainilla lleve todo el peso aromático y mantenemos la fórmula sin añadir frutos secos, chocolate, yogur ni otros ingredientes.
Cómo preparar el bizcocho de vainilla con glaseado


Preparamos el molde y la base de mantequilla, huevos y vainilla
- Encendemos el horno a 180 ºC para que esté listo cuando pongamos el bizcocho a hornear. Mientras tanto, engrasamos un molde con mantequilla y lo espolvoreamos con un poco de harina para evitar que el bizcocho se pegue.
- En un bol grande, mezclamos la mantequilla y el azúcar hasta que se forme una crema suave y ligera. Este paso es importante para darle esponjosidad al bizcocho, así que nos tomamos el tiempo para batir bien, asegurándonos de que el azúcar se disuelva en la mantequilla.
- Incorporamos los huevos uno a uno, batiendo después de cada adición para que se integren bien en la mezcla. Agregamos también el extracto de vainilla para que su aroma y sabor comiencen a darle el toque especial a nuestra masa.



Tamizamos los secos y terminamos la masa con la leche
- En otro bol, tamizamos la harina, el polvo de hornear y la pizca de sal. Esto ayuda a que el bizcocho quede más suave y evita los grumos. Añadimos estos ingredientes a la mezcla de mantequilla en dos partes, alternándolos con la leche.
- Vertemos la leche poco a poco mientras seguimos mezclando con movimientos suaves y envolventes. Queremos una masa homogénea, pero evitando batir en exceso para que el bizcocho no pierda su esponjosidad.


Llenamos el molde y horneamos hasta que el centro esté cocido
- Vertemos la mezcla en el molde engrasado, nivelando la superficie con una espátula para que el bizcocho crezca de manera uniforme en el horno.
- Llevamos el molde al horno y lo dejamos hornear durante unos 35-40 minutos. Sabremos que está listo cuando al introducir un palillo en el centro, este salga limpio. Apagamos el horno y dejamos reposar unos minutos antes de desmoldar.

Mezclamos el glaseado y cubrimos el bizcocho frío
- Mientras el bizcocho se enfría, vamos preparando el glaseado. En un bol pequeño, mezclamos el azúcar glas con las dos cucharadas de leche (o agua) y el extracto de vainilla. Batimos bien hasta que tengamos una mezcla suave y sin grumos.
- Una vez que el bizcocho esté completamente frío, vertemos el glaseado por encima, dejándolo caer y cubriendo la superficie de forma natural. Si queremos darle un toque más decorativo, podemos esparcir coco rallado o confites pequeños sobre el glaseado antes de que se seque.



La miga, el horno y el glaseado: los puntos que más se notan al cortarlo
Sobre si se puede cambiar la mantequilla por aceite, en esta fórmula no lo haría. El paso 2 está construido alrededor del batido de mantequilla y azúcar, que incorpora aire a la mezcla; cambiar la grasa obligaría también a cambiar la técnica. Para este bizcocho interesa utilizar la mantequilla blanda, pero no derretida, y trabajarla hasta que la mezcla se vea más clara y aireada. Es uno de los puntos que también desarrollamos en nuestra guía para hacer un bizcocho perfecto.
Otra duda frecuente es por qué puede hundirse el centro. Los 35-40 minutos de la receta sirven como referencia, pero lo que termina de confirmar la cocción es que el palillo salga limpio. También influye el recipiente: cambiar mucho el diámetro o la altura modifica cómo recibe el calor la masa. Aquí tienes una guía sobre tipos de moldes y tamaños y otra sobre los problemas más habituales al hornear un bizcocho.
Cuando el problema es un bizcocho demasiado denso, merece la pena mirar el paso inmediatamente posterior a la harina. Una vez incorporada, no necesitamos seguir batiendo para ganar aire: basta con integrar los ingredientes hasta obtener la masa homogénea que pide la receta. Un mezclado excesivo en esta fase puede jugar en contra de una miga ligera y uniforme.
Y la receta deja abiertas correctamente las dos posibilidades para el acabado: el glaseado puede hacerse con leche o con agua. No hace falta eliminar ninguna de ellas. Lo que sí es importante en ambos casos es que quede liso y sin grumos y esperar a que el bizcocho esté completamente frío antes de cubrirlo; así el glaseado permanece sobre la superficie y puede formar esas caídas irregulares por el borde.
Última revisión: 13 octubre 2026
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Ha salido muy rico
Gracias
Gracias por tu comentario Silvia! Ahora a acompañarlo con un cafecito o te rico. Buen puente del Pilar.