Para 2
3.5€/pers.
250kcal/100g
Ingredientes
- 2 panecillos de bocadillo, de unos 100-110 g cada uno
- 160 g de botifarra blanca cocida
- 160 g de botifarra negra cocida
- 1 cebolla grande, unos 250 g
- 20 ml de aceite de oliva virgen extra
- Sal
El nombre puede despistar porque el blanc i negre más conocido fuera de Cataluña suele llevar longaniza y morcilla, como ocurre en el almuerzo valenciano. En Barcelona encontramos, sin embargo, otra combinación muy concreta: el bocadillo blanc i negre catalán se prepara con botifarra blanca, botifarra negra y cebolla, una fórmula documentada entre los bocadillos de Dole Café, en Sarrià. Para esta receta vamos a seguir precisamente esa versión catalana, sin mezclarla con la valenciana.
La elección del embutido cambia bastante la receta. Tanto la botifarra blanca como la botifarra negra forman parte del repertorio catalán de embutidos cocidos. Para esta preparación elegimos piezas cocidas aptas para cortar y calentar, y las pasamos brevemente por la sartén: interesa darles temperatura y algo de dorado, no tratarlas como una salchicha fresca y freírlas hasta secarlas.
El tercer elemento tiene más trabajo que los otros dos: una cebolla cocinada despacio, tierna, melosa y ligeramente dorada. No vamos a añadir azúcar. Con fuego medio-bajo y algo de paciencia desarrolla suficiente dulzor y conserva un punto salado que encaja mejor con dos embutidos bastante sabrosos. El pan también cuenta: debe aguantar grasa y humedad sin convertirse en una esponja blandurria.
Si os apetece seguir con la cocina catalana, la butifarra con mongetes lleva este embutido a un plato completamente distinto, mientras que el pa amb tomàquet demuestra lo lejos que puede llegar un buen pan con muy poca compañía. Y para mantener el contraste entre embutido oscuro y cebolla dulce, la empanada de morcilla y cebolla caramelizada es una tercera opción bastante distinta de este bocadillo.
Receta casera de bocadillo blanc i negre catalán

Preparación paso a paso
- Pelamos la cebolla, la cortamos por la mitad y después en juliana fina, procurando que las tiras tengan un grosor parecido para que se cocinen a la vez.
- Calentamos 15 ml de aceite en una sartén amplia a fuego medio. Añadimos la cebolla y una pizca de sal, removemos durante 3-4 minutos y bajamos a fuego medio-bajo. La cocinamos otros 20-25 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que esté muy tierna, reducida de volumen y con un dorado suave. No buscamos una confitura oscura ni necesitamos añadir azúcar. La retiramos y reservamos.
- Mientras termina la cebolla, cortamos la botifarra blanca y la negra en rodajas de 1-1,5 centímetros. Si vienen en forma de herradura, retiramos primero el cordel de los extremos. Manipulamos la botifarra negra con algo más de cuidado porque suele resultar más frágil.
- Volvemos a poner la sartén al fuego y añadimos los 5 ml de aceite restantes si está seca. Doramos primero las rodajas de botifarra blanca durante 1-2 minutos por cada lado. Después hacemos lo mismo con la negra, a fuego medio y sin marearla demasiado: basta con que se caliente y tome algo de color en los bordes. Retiramos ambas.
- Abrimos los panecillos longitudinalmente sin separarlos por completo. Ponemos la cara interior sobre la sartén o plancha durante 30-60 segundos, hasta que aparezca un tostado ligero. No queremos una corteza dura; solo una superficie algo más resistente para recibir el relleno.
- Repartimos la cebolla caliente sobre la base de los dos panes. Encima colocamos las rodajas de botifarra blanca y negra, alternándolas de manera irregular para que en cada bocado aparezcan las dos. No apretamos ni trituramos el relleno: deben seguir reconociéndose las piezas.
- Cerramos los bocadillos y los devolvemos a la plancha a fuego medio-bajo durante 30-45 segundos por cada lado, presionando con mucha suavidad. El pan debe quedar caliente y ligeramente crujiente, mientras el interior permanece jugoso. Servimos inmediatamente.








Consejos para un bocadillo blanc i negre catalán de rechupete
Lo primero es comprar el embutido adecuado. Buscamos botifarra blanca y botifarra negra cocidas, no botifarra fresca cruda. Si en la charcutería tienen varias versiones, conviene explicar que son para cortar, calentar y montar en bocadillo.
No cortemos las rodajas demasiado finas. Con menos de medio centímetro la botifarra negra puede romperse con facilidad y la blanca se seca antes. Un grosor de 1 a 1,5 centímetros mantiene mejor la textura y deja un contraste claro entre las dos.
La cebolla necesita tiempo, pero no azúcar. Si subimos el fuego para terminar antes, tostaremos los bordes mientras el centro continúa firme. Para afinar ese punto merece la pena repasar qué significa pochar y cómo saber cuándo una cebolla está bien pochada y distinguirlo de una cebolla caramelizada mucho más intensa.
El pan debe tener miga suficiente y corteza fina o media. Una baguette excesivamente seca puede hacer incómodo el bocado y un pan demasiado blando se empapa enseguida. También podemos preparar nuestro propio pan para bocadillos y ajustar el tamaño a la cantidad de relleno.
No hace falta añadir queso, mayonesa ni otras salsas. La grasa del embutido y la humedad de la cebolla ya hacen el trabajo. Cargarlo de añadidos puede tapar precisamente el contraste que da nombre al bocadillo.
La botifarra negra es la parte más delicada. La movemos lo mínimo y evitamos un fuego agresivo. No queremos freírla hasta dejarla crujiente ni convertirla en un picadillo; solo calentarla y marcar ligeramente la superficie.
Este es uno de esos bocadillos que pierden bastante si esperan. Una vez montado, la cebolla y la grasa van humedeciendo la miga, así que lo mejor es servirlo recién hecho, directamente de la plancha a la mesa.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.
Puede surgir la duda de por qué esta receta no lleva longaniza y morcilla. La explicación es que no estamos preparando el blanc i negre valenciano. Ese bocadillo pertenece al esmorzaret valenciano y combina habitualmente longaniza con morcilla. Aquí seguimos la versión barcelonesa documentada con botifarra blanca, botifarra negra y cebolla.
¿La botifarra negra es simplemente una morcilla? Comparte con distintas morcillas el uso de sangre, pero no conviene tratar todos estos embutidos como idénticos: la tradición catalana tiene elaboraciones y denominaciones propias. En Rechupete tenemos una guía sobre los tipos de morcilla española y sus diferencias regionales.
La cebolla se puede preparar con antelación. La dejamos enfriar, la guardamos bien tapada en el frigorífico y la recalentamos suavemente antes de montar el bocadillo. Para dos unidades, sin embargo, hacerla al momento no complica demasiado la receta y nos evita trabajar con un relleno frío.
También podemos prescindir de la cebolla, pero cambia bastante el equilibrio. La botifarra blanca y la negra juntas son sabrosas y grasas; la cebolla melosa aporta dulzor y humedad y hace que el conjunto resulte menos pesado. Si la quitamos, merece la pena cuidar especialmente el pan y no secar el embutido en la plancha.
¿Podemos untar el pan con tomate? Sí, como variante doméstica encaja con la cocina catalana, pero no lo hemos incluido en esta fórmula porque queremos mantener la combinación documentada de botifarra blanca, negra y cebolla. Si lo hacemos, usamos muy poco tomate para que el pan no quede empapado antes de pasar por la plancha.
Y si nos gustan estos nombres de barra y bocadillos con identidad propia, este blanc i negre encaja de lleno en el recorrido por los bocadillos más míticos de España: pocos ingredientes, una combinación reconocible y bastante más cocina de la que parece al mirar el pan por fuera.
Última revisión: 3 septiembre 2026
Hemos trabajado 2 horas y 25 minutos para que disfrutes esta receta. ¿Cómo se calcula?
35 min. cocinando, 30 min. para hacer y editar las fotos, 45 min. para redactar y 35 min. para organizar y publicar todo en la web y en redes sociales.
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