Chuletas de cerdo en salsa. Receta fácil, jugosa y con salsa para mojar pan

Chuletas de cerdo en salsa. Receta fácil, jugosa y con salsa para mojar pan

Icono personas Para 4Icono euro 3.5€/pers.Icono calorias 210kcal/100g

Ingredientes

  • 1 cebolla grande
  • 4 chuletas de cerdo con hueso, de 180-200 g cada una
  • 40 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cucharada rasa de harina de trigo
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 1 hoja de laurel
  • 1 rama de romero fresco o cucharadita de romero seco o tomillo
  • 1 cucharadita de mostaza antigua o mostaza de Dijon
  • 150 ml de vino blanco
  • 250 ml de caldo de carne o caldo de pollo
  • 15 g de mantequilla (opcional)
  • Sal
  • Pimienta negra recién molida
  • Perejil fresco picado (opcional)

Hoy preparamos unas chuletas de cerdo en salsa hechas en rustidera Fissler Original-Profi de acero, una cazuela pensada para dorar, guisar y terminar la cocción con una humedad muy bien repartida. La idea es sencilla: marcar bien la carne, preparar una base de verduras con vino blanco y dejar que todo se cocine junto hasta tener unas chuletas tiernas y una salsa con cuerpo.

Es una receta de diario con aire de comida de domingo. No lleva ingredientes raros, no exige una técnica complicada y se puede acompañar con arroz blanco, puré de patatas, patatas fritas o unas verduras salteadas.

Las chuletas de cerdo en salsa pertenecen a esa cocina de cazuela que siempre ha funcionado en casa: carne dorada, sofrito, vino, caldo y paciencia. En muchas cocinas españolas se han hecho con lomo, costilla, aguja o chuletas, dependiendo de lo que hubiera en la carnicería y del presupuesto de la semana. La gracia de esta receta está en no tratar la chuleta como si fuera un filete cualquiera. Si la doramos fuerte al principio y luego la terminamos dentro de la salsa, conseguimos sabor tostado por fuera y una carne más jugosa por dentro.

La rustidera Fissler ayuda mucho en este punto porque el acero inoxidable permite dorar bien sin miedo a trabajar con fuego medio-alto. Además, su fondo difusor y la tapa abovedada favorecen una cocción estable, con buena retención de calor y humedad, algo muy útil para que la salsa reduzca sin que la carne se quede seca. La gama Original-Profi está fabricada en acero inoxidable 18/10, es apta para inducción, vitrocerámica y gas, y puede ir al horno hasta 230 ºC según las especificaciones del producto

Para seguir con platos de carne con salsa y de los que piden pan cerca, en el blog encajan muy bien unas carrilleras de cerdo al vino tinto, melosas y perfectas para cocinar sin prisas, un solomillo de cerdo en salsa, más rápido y muy agradecido para comidas familiares, y una empanada gallega de lomo o raxo, que aprovecha el cerdo con un punto tradicional y muy de casa. También podéis tener a mano una guarnición de arroz blanco, patatas fritas o puré de patata casero, porque aquí la salsa no está para decorar, está para disfrutarla. Dicho esto, nos lavamos las manos, sacamos la rustidera y vamos al lío.

Receta casera de chuletas de cerdo en salsa en rustidera Fissler

Ingredientes para preparar la receta

Preparación inicial

  1. Empezamos preparando todos los ingredientes para cocinar sin prisas. Pelamos la cebolla, la picamos en trozos pequeños y prensamos los dientes de ajo. Secamos bien las chuletas con papel de cocina, porque si entran húmedas en la rustidera se cocerán en vez de dorarse, y eso aquí no nos interesa nada.
  2. Salpimentamos las chuletas por las dos caras. Ponemos la rustidera Fissler al fuego con el aceite de oliva y calentamos a fuego medio-alto. Cuando el aceite esté caliente, colocamos las chuletas sin amontonarlas y las doramos 2 o 3 minutos por cada lado, hasta que tengan un color bonito.
  3. Retiramos las chuletas a un plato y las reservamos. No limpiamos la rustidera, porque en el fondo se habrá quedado parte del sabor de la carne. Esos restos tostados son oro de cocina casera, aunque tengan pinta de “esto se ha pegado”; no se ha pegado, está esperando al vino.
  4. Bajamos el fuego a temperatura media y añadimos la cebolla y los ajos. Sofreímos durante unos minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla esté transparente y empiece a tomar color. Si vemos que el fondo se seca demasiado, añadimos una cucharada de caldo para ayudar a levantar los jugos.
  5. Incorporamos la harina y removemos durante un minuto. Este paso sirve para que la salsa tenga cuerpo, pero hay que cocinar un poco la harina para que no sepa a crudo. Añadimos también el pimentón dulce y mezclamos rápido, sin dejar que se queme.
  6. Vertemos el vino blanco y rascamos suavemente el fondo de la rustidera con una cuchara de madera o silicona. Dejamos que el alcohol se evapore durante 2 o 3 minutos. Notaremos que el olor cambia y la salsa empieza a coger un tono más apetecible.
  7. Añadimos el caldo caliente, el laurel, el romero o tomillo y la cucharadita de mostaza. Removemos bien para integrar todo. La mostaza no va a dominar la salsa, solo le dará un punto más sabroso y una acidez muy agradable.

Cocinado de las chuletas y finalización

  1. Devolvemos las chuletas a la rustidera junto con los jugos que hayan soltado en el plato. Tapamos y cocinamos a fuego medio-bajo durante 15 o 18 minutos. La tapa ayuda a mantener la humedad dentro, así que no hace falta estar levantándola cada dos minutos para “ver qué pasa”, aunque la curiosidad apriete.
  2. Pasado ese tiempo, comprobamos el punto de la carne. Si tenemos termómetro, el centro de la chuleta debe rondar los 63 ºC y después conviene dejarla reposar unos minutos. Esta temperatura se recomienda para cortes enteros de cerdo como las chuletas, con un reposo posterior para mantener la jugosidad.
  3. Sacamos de nuevo las chuletas y dejamos reducir la salsa si es necesario unos minutos a fuego medio, ya sin tapa. Si queremos una salsa fina, retiramos el laurel y el romero y trituramos con la batidora. Si preferimos una salsa más rústica, la dejamos tal cual, con sus trocitos de cebolla y zanahoria.
  4. Probamos la salsa y ajustamos de sal y pimienta. Si queremos darle un acabado más redondo, añadimos la mantequilla al final y removemos hasta que se funda. No es obligatorio, pero deja la salsa más brillante y con un punto muy rico.
  5. Volvemos a meter las chuletas en la rustidera durante un minuto, solo para que se impregnen bien. Servimos calientes, con perejil picado por encima si nos apetece y una guarnición que aguante bien la salsa. Aquí un plato con pan cerca no es opcional, es casi sentido común.
  6. Como guarnición, estas chuletas van estupendamente con arroz blanco, porque absorbe la salsa de maravilla. También quedan de cine con puré de patata cremoso, patatas fritas, patatas panadera o unas verduras al horno.

Terminamos con unas chuletas tiernas, una salsa sabrosa y una receta de las que arreglan una comida sin montar una operación complicada en la cocina. Sacad la rustidera a la mesa si queréis, que estas cosas ganan puntos y espectáculo.

Consejos y trucos para unas chuletas de cerdo en salsa de rechupete

El primer truco está en no cocinar la carne directamente desde la nevera. Sacamos las chuletas unos 20 minutos antes para que pierdan frío, las secamos bien y las salpimentamos justo antes de dorarlas. Así conseguimos mejor color y evitamos que suelten demasiada agua.

Conviene usar chuletas con algo de grasa y, si puede ser, con hueso. El hueso ayuda a que la carne quede más jugosa y aporta sabor a la salsa. Si usamos chuletas muy finas, reducimos el tiempo de cocción para que no queden secas.

La rustidera de acero necesita calentarse bien antes de añadir la carne. Si la chuleta se agarra un poco al principio, no hay que entrar en pánico: cuando se dore, se soltará con más facilidad. Si intentamos moverla demasiado pronto, la rompemos y encima nos enfadamos con la cazuela, que no tiene culpa.

Para una versión sin gluten, sustituimos la harina de trigo por maicena disuelta en un poco de caldo frío y la añadimos al final, cuando la salsa esté casi lista. Para una receta sin alcohol, cambiamos el vino blanco por más caldo y una cucharadita de vinagre de manzana o zumo de limón, que aportará ese punto de acidez necesario.

Variaciones de la receta

Podemos preparar una versión más intensa cambiando el vino blanco por vino tinto. La salsa quedará más oscura y con un sabor más profundo, parecida a la de algunos guisos tradicionales de carne. En ese caso, mejor usar caldo de carne y añadir una ramita de romero.

También podemos darle un punto más cremoso con un chorrito de nata para cocinar al final. No hace falta mucha cantidad, con 50 ml es suficiente para suavizar la salsa. Es una variante menos tradicional, pero muy resultona si servimos las chuletas con pasta, arroz o puré.

Otra opción es añadir champiñones laminados al sofrito. Los incorporamos después de pochar la cebolla y dejamos que pierdan agua antes de añadir la harina. Quedan muy bien con el cerdo y convierten la salsa en algo más completo.

En muchas casas se ha tirado siempre de lo que había: un poco de tomate, una copa de brandy, guisantes, pimiento rojo o incluso unas almendras majadas para espesar. Esa cocina de “abrir la despensa y resolver” tiene mucho mérito, porque de ahí salen platos que luego nadie quiere que cambies.

Algunas dudas que te pueden surgir. Contestando vuestros mails

Antes de que alguien escriba preguntando si la salsa se puede dejar hecha, si las chuletas se pueden congelar o si vale otra pieza de cerdo, vamos con las dudas más habituales. Son preguntas muy normales, porque con el cerdo el margen entre jugoso y seco puede ser pequeño si nos despistamos.

¿Puedo hacer esta receta con chuletas sin hueso?

Sí, se puede hacer con chuletas sin hueso, pero hay que controlar más el tiempo. Al no tener hueso y ser normalmente más finas, se cocinan antes. Las doramos igual, pero cuando vuelvan a la salsa bastará con 10 o 12 minutos, dependiendo del grosor.

¿Por qué me quedan secas las chuletas de cerdo?

Lo más habitual es cocinarlas demasiado tiempo o a fuego muy fuerte durante toda la receta. Primero las doramos para dar sabor, pero después deben terminarse suavemente dentro de la salsa. También ayuda elegir chuletas un poco gruesas y dejarlas reposar unos minutos antes de servir.

¿Se puede preparar la receta de un día para otro?

Sí, y de hecho la salsa suele estar incluso más asentada al día siguiente. Lo ideal es guardar las chuletas con la salsa en un recipiente hermético en la nevera. Para recalentarlas, usamos fuego bajo y añadimos un chorrito de caldo si la salsa se ha espesado demasiado.

¿Puedo triturar la salsa?

Por supuesto. Si hay niños en casa, o adultos que detectan un trocito de cebolla como si fuera una alarma nuclear, triturar la salsa es una buena solución. Retiramos el laurel, pasamos la batidora y dejamos reducir un par de minutos más.

¿Qué hago si la salsa queda muy líquida?

La dejamos reducir sin tapa unos minutos más. Si aun así la queremos más espesa, disolvemos media cucharadita de maicena en un poco de caldo frío, la añadimos a la rustidera y cocinamos un par de minutos. Mejor ir poco a poco, porque una salsa demasiado espesa puede quedar pesada.

¿Qué parte del cerdo queda mejor para esta receta?

Las chuletas de lomo con hueso funcionan muy bien, pero también podemos usar chuletas de aguja si buscamos más jugosidad. La aguja tiene algo más de grasa, así que aguanta mejor las cocciones en salsa y queda muy sabrosa.

Última revisión: 10 junio 2026

Hemos trabajado 4 horas y 35 minutos para que disfrutes esta receta. ¿Cómo se calcula?

45 min. cocinando, 30 min. para hacer y editar las fotos, 120 min. para grabar y editar el vídeo, 45 min. para redactar y 35 min. para organizar y publicar todo en la web y en redes sociales.
😊 Sin contar lo que dedicamos a investigar cómo hacer la mejor receta, comprar los ingredientes, comerla (y repetirla si no ha salido de rechupete), leer vuestros comentarios y responder a las dudas.

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