Cómo quitar la arena del marisco antes de cocerlo sin llevarte un disgusto en la mesa

Cómo quitar la arena del marisco antes de cocerlo sin llevarte un disgusto en la mesa

No hay cucharada que arruine más rápido una buena cazuela de almejas que ese crujido traicionero entre los dientes. Da igual que el marisco sea bueno, que el caldo huela a gloria o que la salsa pida pan: si aparece arena, se acabó la fiesta. Por eso conviene tener claro cómo quitar la arena del marisco antes de cocerlo, pero también saber a qué marisco le hace falta este paso y a cuál no.

La arena no es un problema de todo el marisco por igual. Donde más nos la jugamos es con los moluscos bivalvos que viven enterrados o semienterrados, como almejas, chirlas, berberechos, coquinas y navajas. Ellos filtran agua, se mueven entre arena o fango y pueden guardar restos dentro de la concha. En cambio, gambas, langostinos, cigalas, bogavantes o centollos no se “purgan” de esta manera. Se lavan, se revisan y se cuecen bien, pero no necesitan un baño de agua salada para soltar arena.

El mejillón juega en una zona intermedia. Puede traer suciedad por fuera, barbas, restos pegados a la concha y algo de arenilla exterior, pero no suele necesitar una purga larga como una almeja o una navaja. Con los mejillones nos interesa más raspar la concha, tirar de las barbas y enjuagarlos bajo agua fría antes de cocinarlos.

El primer paso no es el agua: es revisar el marisco

Antes de preparar el bol con sal, toca mirar bien lo que tenemos delante. Las piezas rotas, con la concha machacada o con mal olor van fuera. No se rescatan “por si acaso”, porque con el marisco no merece la pena negociar.

Si las almejas, berberechos o mejillones están abiertos, podemos darles un toque suave. Si se cierran, siguen vivos. Si se quedan abiertos, mejor descartarlos. Y después de cocinarlos ocurre al revés: los que no se abran durante la cocción tampoco se fuerzan con el cuchillo para aprovecharlos. Se tiran.

Este gesto parece básico, pero evita disgustos y deja la limpieza centrada en lo que realmente buscamos: quitar arena, no salvar piezas que ya no están en condiciones.

Agua fría con sal: la forma más fiable de purgar almejas, berberechos y navajas

Para limpiar almejas, chirlas, berberechos, coquinas y navajas, lo más práctico en casa es preparar agua fría con sal. La idea es imitar el agua de mar para que el molusco se mantenga activo y expulse la arena poco a poco.

La proporción más cómoda es de 35 g de sal por cada litro de agua fría. Si no queremos andar pesando, viene a ser una cucharada sopera colmada por litro, aunque lo más preciso sigue siendo la báscula. Removemos bien hasta que la sal se disuelva y metemos el marisco dentro.

Un truco que funciona muy bien es colocar las piezas en un colador grande dentro del bol. Así, cuando suelten arena, esta cae al fondo y no vuelve a quedar en contacto directo con el marisco. Parece una tontería, pero se nota bastante, sobre todo con berberechos y coquinas.

Cuánto tiempo hay que dejar el marisco en agua con sal

No hace falta tener el marisco toda la noche en remojo. De hecho, dejarlo demasiadas horas, sin cambiar el agua y sin frío, puede ser peor que no hacer nada. Lo sensato es adaptar el tiempo al tipo de pieza y a la cantidad de arena que traiga.

Para almejas y chirlas, lo normal es dejarlas entre 1 y 2 horas en agua fría con sal, cambiando el agua una o dos veces. Si vemos que el fondo queda muy sucio, repetimos el cambio hasta que salga bastante limpio.

Los berberechos y las coquinas suelen traer más arena, así que agradecen algo más de mimo. Podemos dejarlos unas 2 horas, con varios cambios de agua. No conviene volcarlos de golpe sobre un escurridor junto con toda el agua sucia; mejor sacarlos con la mano o con una espumadera, dejando la arena en el fondo.

Las navajas tienen su propia manía. Como son alargadas, se limpian mejor colocándolas de pie en un vaso alto o en una jarra con agua salada, con la parte abierta hacia arriba. En 1 o 2 horas suelen soltar bastante arena, pero si vienen muy cargadas puede hacer falta cambiar el agua y repetir.

Lo que no conviene hacer

El marisco vivo no debe meterse en agua dulce sin sal durante un buen rato. Le sienta fatal y puede acabar muriendo antes de cocinarlo. Tampoco conviene guardarlo en un recipiente hermético, porque necesita respirar.

La harina, el vinagre, el limón o ciertos “trucos milagro” tampoco son necesarios. La harina enturbia el agua y no hace magia; el vinagre y el limón pueden alterar el sabor; y el agua con gas puede ayudar en algún caso puntual, pero no sustituye a una buena purga con agua fría y sal bien hecha.

Otro error habitual es pensar que más tiempo siempre limpia más. No exactamente. Limpia más un remojo bien planteado, con salinidad correcta, agua fría y cambios cuando toca, que una noche entera en un bol olvidado en la encimera.

Cómo cocer el marisco después de limpiarlo

Cuando el marisco ya ha soltado la arena, lo sacamos con cuidado del recipiente. No hay que volcar todo el contenido sobre él, porque volveríamos a pasarle por encima parte de la suciedad que acaba de expulsar. Lo retiramos a mano o con una espumadera y le damos un aclarado rápido bajo agua fría.

Después ya podemos cocerlo, abrirlo al vapor o añadirlo a una salsa. En almejas, berberechos o mejillones, lo mejor es no pasarse de cocción. En cuanto se abren, están listos. Si los dejamos demasiado tiempo al fuego, se encogen, se endurecen y pierden gracia.

Si vamos a usar el jugo que sueltan, merece la pena colarlo con un colador fino o con una estameña. Ese caldo tiene mucho sabor, pero si queda algún resto de arenilla, ahí lo cazamos antes de que llegue al plato.

Qué mariscos hay que limpiar y cuáles no necesitan purga

Las almejas, chirlas, berberechos, coquinas y navajas son los candidatos claros para la purga en agua fría con sal. Son los que más papeletas tienen para traer arena escondida.

Los mejillones necesitan limpieza exterior: raspar con un cuchillo pequeño, retirar las barbas tirando hacia la parte estrecha de la concha y aclarar bien. Si vienen muy sucios, podemos darles un remojo breve en agua fría con sal, pero no tratarlos como unas almejas durante horas.

Las ostras suelen comprarse ya depuradas y se manipulan con cuidado, sobre todo si se van a consumir crudas. Las vieiras que encontramos limpias o congeladas no necesitan purga; basta con seguir las indicaciones del producto y secarlas bien antes de cocinarlas.

Los crustáceos —gambas, langostinos, nécoras, centollos, bogavantes, cigalas— no expulsan arena por remojo. Se revisan, se lavan si hace falta y se cuecen o cocinan según la receta.

El método que conviene recordar

Para no liarse, la regla casera es sencilla: si el marisco vive enterrado en la arena, lo purgamos; si lleva suciedad por fuera, lo limpiamos; si es un crustáceo, no lo metemos en agua salada esperando que “suelte” nada.

Con un bol grande, agua fría, 35 g de sal por litro, un par de cambios de agua y un poco de paciencia, el marisco llega a la cazuela mucho más limpio. Y eso se nota justo donde tiene que notarse: en el bocado.

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Categorías: Escuela de alimentación: cocina, técnicas e ingredientes

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