Para saber cuándo tenemos que tirar a la basura tendemos a fijarnos en la fecha de caducidad, ya que es la que mejor opción para saber cuando un alimento está llegando al fin de sus días.
En realidad, se trata de uno de los métodos más fiables para comprobar si es comestible o no ya que no todos los productos se estropean después de esta fecha. Comúnmente, los alimentos se echan a perder debido a la temperatura a la que se encuentra nuestra nevera, siendo esta inadecuada para conservar nuestros alimentos. La temperatura a la que debería encontrarse el frigorífico es de unos 4º C según la Federal Transit Administration de Estados Unidos.
La temperatura baja hace que se detenga el crecimiento de bacterias o patógenos que afectan a nuestra comida. La suave colabora con el crecimiento exponencial y rápido y por eso la ternera, el pollo o el cordero necesitan temperaturas más bajas para durar varios días. Como es lógico pensar, si un alimento huele mal, tiene mal sabor, una textura viscosa o parece hinchado, se trata de un alimento en mal estado, lo que no significa que vaya a afectarnos a la salud, pero lo más recomendable es no consumirlo.

Los patógenos y las bacterias
La primera muestra de que nuestros alimentos tienen algún tipo de contaminación por bacterias es la textura viscosa visible en las carnes, sobre todo, dándoles un aspecto pasado junto con el mal olor. Realmente, estas características son desarrolladas con el fin de proteger el alimento. En el caso de los patógenos, son aquellos que no huelen absolutamente nada, no son visibles y no poseen color. Puede ser la salmonella, que en algunos casos no se detecta ni con el microscopio.
Tanto patógenos como bacterias se desarrollan debido a que la conservación de los alimentos no se está dando adecuadamente, sobre todo ocurre con las sobras. La conservación a través de la baja temperatura en fundamental, por eso debemos intentar trasladar lo mínimo posible los alimentos y cambiarlos de temperatura constantemente.
Las hojas de las verduras
Para las verduras es algo más sencillo el identificar si se encuentran o no en mal estado ya que lo más posible es que comiencen a afinarse o reblandecerse. En el caso de que lleven un tiempo considerable en la nevera, el color de las hojas se torna algo más marrón, lo que quiere decir que se han echado a perder. Ocurre de la misma forma con las zanahorias, que se quedan algo más blandas y cuyo color es de un naranja más apagado que cuando se compraron. También pasa lo mismo con las uvas, que comienzan a deshidratarse, arrugarse y ablandarse.
El color de las verduras
También es increíblemente sencillo de comprobar cuando las verduras dejan de ser comestibles. En el caso de la coliflor o verduras del estilo, debe observarse la superficie del ramo, porque si contienen manchas marrones o grises, habrán comenzado el período de caducidad.
Podemos, por supuesto, tratar de eliminar aquellas partes que se encuentren en mal estado para poder aprovechar el resto, pero si contiene manchas en prácticamente toda su superficie, es recomendable que se tire a la basura. Los aguacates por otro lado pierden el color natural cuando entran en contacto con el aire. Esto no quiere decir que debamos tirarlos, pero si nos encontramos ante una fruta que posee colores intensos y lo ha perdido rápidamente, la mejor opción es descartarlos.

El temido moho
Al tratarse de algo visible, es mucho más fácil de descartar aquellos alimentos que tengan moho en algunas de sus partes. Es bastante sencillo de detectar y aunque el moho no es por norma general, tóxico, sí puede contener algún tipo de bacterias que resulten venenosas o nos hagan enfermar. Para aquellas personas que sean alérgicas, es extremadamente peligroso ya que, con el simple hecho de olerlo, pueden sufrir una crisis alérgica grave.
Las esporas del moho se reproducen de forma sencilla y rápida y se van extendiendo por el alimento. Si el alimento que tiene moho ha estado en un cajón o en contacto con otros alimentos frescos, lo más recomendable es lavar todo a conciencia con el fin de que se hayan esparcido esas esporas sobre toda nuestra comida.
Tallos flácidos
Si un alimento fresco posee un tallo flácido, lo más probable es que el deterioro se haya producido en toda la planta, que puede ocurrir como consecuencia de la falta de humedad. Este problema genera la pérdida de turgencia de las células y con ello los tallos y las hojas terminan desmoronándose. Si permanecen por un periodo de tiempo largo en esta situación, lo más probable es que las hojas se vuelvan delgadas y blandas y acaben por resultar del todo incomibles. Esto lo podemos evitar sumergiendo nuestro vegetal de 15 a 30 minutos en un recipiente con agua fría y mucho hielo. Después las sacudiremos con el fin de que pierdan la humedad y después las colocaremos en unas bolsas de plástico con papel absorbente y de ahí a la nevera.

Mal olor
Esta es la forma más desagradable de comprobar en qué estado se encuentran nuestros alimentos y aunque naturalmente podemos comprobar si están en buenas condiciones a través de la vista, esto no resulta con algunos alimentos en particular. En el caso de que el olor sea acre o rancio o incluso más fuerte de lo normal, te recomendamos que no te arriesgues y lo tires. Esto no se aplica a los quesos.
Uno de los alimentos más sensibles a esta prueba es el marisco o el pescado porque no hay cabida para las dudas. El olor es considerablemente intenso si se encuentra en mal estado y como es lógico pensar, no resulta para nada agradable.
La textura
Existen situaciones en las que el alimento no tiene mala pinta, pero nuestro sexto sentido nos dice que al llevar más tiempo de la cuenta en la nevera tiene todas las probabilidades de estar en malas condiciones. La mejor forma de probar nuestra teoría es observar la textura. Si resulta sencillo hacerle huecos en la superficie o en el caso de la pasta, se forma un especie de puré, la comida no sirve y deberemos desecharla.

Las latas
Estos alimentos tienen especial peligro ya que si se encuentran abombadas o presentan algún tipo de rasguño o agujero, el contenido de su interior tendrá todas las posibilidades de estar malo y de incluso contener algún tipo de parásito, bacteria u organismo perjudicial para nuestra salud. Es el caso del botulismo que es una enfermedad mortal.
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