Cosas que nunca debes hacer con tus sartenes

Cosas que nunca debes hacer con tus sartenes

Hay sartenes que envejecen con dignidad y otras que a los pocos meses ya parecen haber pasado por tres mudanzas y una guerra. Muchas veces no es cuestión de precio: las castigamos con demasiado calor, agua fría cuando todavía están ardiendo, estropajos que rascan más de la cuenta o un lavavajillas que no les sienta nada bien.

El problema es que no todas las sartenes se cuidan igual. Una antiadherente, una de acero inoxidable, una de hierro fundido y una de acero al carbono pueden compartir fogón, pero no las mismas reglas. Incluso entre antiadherentes hay gamas que admiten ciertos utensilios metálicos y otras que los desaconsejan. Por eso, antes de memorizar prohibiciones, conviene mirar de qué material es la pieza, si tiene recubrimiento y qué indica el fabricante.

A partir de ahí sí podemos hablar de errores bastante claros. Algunos acortan la vida del revestimiento, otros deforman la base y unos cuantos convierten una sartén perfectamente recuperable en un cacharro que terminamos dando por perdido.

No trates todas las sartenes como si fueran la misma

Una sartén negra no es necesariamente “una antiadherente” y una de aspecto metálico tampoco nos cuenta toda su construcción. Puede haber aluminio bajo un recubrimiento, acero inoxidable multicapa, hierro esmaltado o acero al carbono curado. Lo que toca la comida y cómo está construida la base importan más que el color.

Esto explica por qué una recomendación puede ser correcta para una pieza y absurda para otra. El acero inoxidable admite un precalentamiento controlado y trabaja muy bien dorando alimentos; en una antiadherente, en cambio, el exceso de temperatura castiga el recubrimiento. El hierro y el acero al carbono tienen otra preocupación: conservar el curado y mantener a raya la humedad.

La primera costumbre que merece la pena cambiar es, por tanto, la más sencilla: leer las instrucciones de la sartén concreta. No es precisamente literatura de verano, pero nos ahorra aplicar una regla genérica donde no toca.

No dejes una antiadherente vacía a fuego fuerte

Poner la sartén al máximo “para que caliente antes” parece práctico, pero una pieza vacía puede subir de temperatura muy deprisa. En muchas antiadherentes, el fuego bajo o medio basta para precalentar y cocinar. Mantenerlas vacías a potencia alta puede deteriorar el recubrimiento y, si nos despistamos, llevar también la grasa a humear y quemarse en cuanto la añadimos.

Eso no significa cocinar siempre con miedo al fuego. Para dorar, saltear o sellar necesitamos temperatura, pero la sartén debe ser adecuada para ese trabajo. En acero inoxidable, por ejemplo, precalentar de forma gradual forma parte de una buena técnica; dejarlo vacío olvidado al máximo, no.

En cocina de gas hay además un detalle muy simple: la llama debe quedar bajo la base, no trepar por las paredes. Si sale por los lados, estamos calentando zonas que no lo necesitan y, según el diseño, también acercando demasiado calor al mango.

No pases una sartén muy caliente directamente al agua fría

Aquí no hay misterio: el metal caliente se contrae al enfriarse y un cambio brusco puede provocar choque térmico y deformación de la base. Es el clásico gesto de terminar de cocinar, llevar la sartén al fregadero y abrir el grifo porque queremos dejarlo todo recogido ya.

Lo sensato es dejar que pierda temperatura de forma gradual antes de lavarla. No hace falta montar guardia junto al fregadero durante media hora; basta con no pasar de una superficie muy caliente a un chorro de agua fría.

Este cuidado importa tanto en piezas multicapa como en determinadas antiadherentes y esmaltadas. Una base deformada deja de apoyar bien, reparte peor el calor y en vitrocerámica o inducción puede empezar a bailar sobre la placa.

No uses metal a ciegas sobre una superficie antiadherente

Decir que “jamás” se puede usar metal en una antiadherente es demasiado simple. Hay gamas que permiten determinados utensilios metálicos. Otras recomiendan madera, silicona, nylon o plástico porque el metal puede rayar o desgastar el recubrimiento.

La regla práctica es bastante más útil: si el fabricante no dice expresamente que admite metal, no lo demos por hecho. Y aunque lo permita, una espátula de borde redondeado no es lo mismo que un tenedor, unas varillas agresivas o un utensilio con una arista capaz de arañar.

En acero inoxidable desnudo tenemos mucho más margen. La superficie no depende de una película antiadherente que podamos marcar con el uso normal de un utensilio metálico.

No cortes comida dentro de una sartén recubierta

Aquí sí conviene ser tajantes. Un cuchillo concentra toda la presión en un filo estrecho y puede dejar un surco donde una espátula apenas haría nada. La sartén no es una tabla de cortar.

Si hemos hecho una tortilla, una pechuga, una quesadilla o cualquier preparación que necesite porcionado, la sacamos primero a una tabla o a un plato. Lo mismo vale para pinchar con un tenedor o rascar con la punta de un cuchillo para despegar algo.

Incluso en gamas que toleran utensilios metálicos, cuchillos y objetos con filos o puntas son otra historia. Que una superficie resista una espátula no significa que debamos serrar encima de ella.

No ataques el recubrimiento con estropajos abrasivos

Cuando algo se pega, tendemos a pensar que falta fuerza. Muchas veces sobra. La lana de acero, los estropajos metálicos y los limpiadores abrasivos pueden dañar una superficie recubierta. En antiadherentes, lo normal es empezar con agua templada, detergente suave y una esponja o fibra compatible.

Si queda suciedad agarrada, conviene ablandarla antes de rascar como si estuviéramos lijando una puerta. Y aquí vuelve a aparecer la importancia del material: en acero inoxidable podemos ser más enérgicos, aunque tampoco hace falta arañarlo por deporte.

El hierro fundido tiene una excepción curiosa. La lana de acero puede servir para retirar óxido durante una restauración, pero no es la herramienta de limpieza diaria de una sartén bien curada. Una cosa es reparar una pieza oxidada y otra tratarla así después de cada huevo frito.

No metas cualquier sartén en el lavavajillas

“Dishwasher safe” no significa lo mismo que “el lavavajillas es lo mejor para ella”. Hay antiadherentes que el fabricante declara aptas para máquina y aun así recomienda el lavado a mano para conservar mejor su superficie. Otras, especialmente determinadas cerámicas, se aconseja lavarlas directamente a mano.

Con hierro fundido y acero al carbono curados, el lavavajillas es mala idea. El ciclo de lavado puede eliminar parte del curado y favorecer la oxidación.

Así que la regla correcta no es “ninguna sartén al lavavajillas”, sino no meterla sin saber si ese modelo lo admite. Si queremos alargar la vida de una pieza recubierta, el lavado manual suele ser además la opción más conservadora.

No dejes hierro fundido o acero al carbono en remojo

El consejo de “déjalo toda la noche en agua y mañana sale solo” puede funcionar con otra pieza, pero no es buena rutina para hierro fundido ni acero al carbono. La humedad prolongada favorece el óxido.

En estos materiales funciona mejor una secuencia muy poco espectacular, pero eficaz: lavar, secar por completo y, cuando corresponda, extender una película muy fina de aceite. También conviene olvidarse de otro mito viejo: el jabón lavavajillas suave no está prohibido por sistema en una sartén de hierro bien curada; el problema serio es dejarla húmeda, en remojo o dentro del lavavajillas.

Y fina significa fina de verdad. Si después de aceitar la sartén queda pringosa o con charcos, hemos puesto demasiado.

No arrastres una sartén sobre la vitrocerámica o la inducción

Mover la sartén de un fuego a otro deslizándola parece inocente. Pero entre la base y la placa puede quedar un grano de sal, azúcar cristalizado o cualquier partícula dura que actúe como abrasivo. Levantar la sartén es más seguro que arrastrarla.

El cuidado merece todavía más atención con piezas pesadas, como algunas de hierro fundido. No solo por los arañazos: dejar caer una pieza con varios kilos de metal sobre una superficie de vidrio tampoco es una gran idea.

Antes de cocinar, una costumbre fácil ayuda bastante: base de la sartén y placa limpias y secas. Es de esas cosas que tardan diez segundos y evitan marcas que luego ya no salen.

No apiles sartenes recubiertas sin protección

Muchas antiadherentes no se estropean cocinando, sino esperando su turno en el armario. Metemos una dentro de otra, el fondo de la superior roza la superficie de la inferior y repetimos el gesto cientos de veces.

Si tenemos que apilarlas, un separador blando entre cada pieza evita el contacto directo. Puede ser un protector de fieltro pensado para ello o una solución limpia, estable y suave que no deje el metal apoyado sobre el recubrimiento.

También conviene no convertir el cajón en un tetris imposible. Si para sacar la sartén pequeña tenemos que levantar cuatro tapas, dos cazos y una parrilla, tarde o temprano algo termina golpeando donde no debe.

No uses aerosoles antiadherentes por costumbre

Su nombre lleva a engaño. Que el producto sea un “spray antiadherente” no significa que todas las sartenes antiadherentes lo agradezcan. Algunos fabricantes desaconsejan estos aerosoles porque pueden dejar una película de residuos que reduce el rendimiento antiadherente con el tiempo.

Si necesitamos grasa, podemos repartir una cantidad pequeña de aceite o mantequilla adecuada para la cocción. Es más fácil controlar cuánto ponemos y evitamos una acumulación que luego cuesta retirar.

No hace falta convertir esto en otra prohibición universal: manda la recomendación del fabricante de nuestra sartén. Pero usar el aerosol automáticamente porque el nombre parece encajar es justo el tipo de atajo que conviene evitar.

No confundas el fondo dorado del acero inoxidable con suciedad

Después de dorar carne, pescado o verduras en acero inoxidable quedan a menudo pequeñas partículas tostadas pegadas al fondo. Si son marrones y caramelizadas, no negras y carbonizadas, pueden ser una de las partes más sabrosas de la cocción.

En lugar de correr al fregadero, podemos añadir vino, caldo o agua y desglasar. El líquido afloja esos restos y los incorpora a una salsa. Desglasar convierte el fondo dorado en sabor, mientras que un estropajo lo manda directamente por el desagüe.

Por supuesto, si lo que tenemos es una costra negra y quemada, no hay magia que la convierta en buena salsa. La diferencia está entre dorado y carbonizado.

No sigas cocinando como si nada con una antiadherente muy deteriorada

Un arañazo superficial no convierte automáticamente una sartén en basura. Pero cuando el recubrimiento está muy gastado, la antiadherencia ha desaparecido, hay arañazos profundos, grietas, deformaciones o daños claros, la pieza ya no está haciendo bien el trabajo para el que la compramos.

Un recubrimiento antiadherente no se vuelve a aplicar en casa con un truco. Si el daño es importante, toca consultar las indicaciones de la marca y valorar el cambio. Seguir subiendo el fuego o añadiendo más grasa no recupera una superficie agotada.

En hierro fundido la película es distinta: un poco de óxido no significa necesariamente el final. Puede limpiarse y volver a curarse. Otra demostración de por qué conviene identificar el material antes de decidir si una sartén está para tirar o para recuperar.

La regla que evita casi todos estos errores

Podemos resumirlo sin llenar la cocina de normas: calor proporcionado, limpieza compatible y almacenaje sin golpes ni roces. Y, por encima de todo, saber qué sartén tenemos delante.

Una antiadherente pide cuidado con el recubrimiento. El acero inoxidable agradece un buen precalentamiento y permite aprovechar el fondo de cocción. El hierro fundido y el acero al carbono necesitan secado y mantenimiento del curado. Las piezas esmaltadas piden evitar abrasivos y choques térmicos.

Con eso ya evitamos buena parte de los errores que acortan la vida del menaje. No hace falta mimar cada sartén como una reliquia familiar. Solo dejar de tratar superficies distintas como si fueran indestructibles y exactamente iguales.

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Categorías: Actualidad gastronómica Escuela de alimentación: cocina, técnicas e ingredientes

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2 comentarios en “Cosas que nunca debes hacer con tus sartenes”

  1. Idoya

    Todo clarísimo. Muchas gracias

    1. Alfonso López Alonso

      Muchas gracias por tu comentario Idoya!
      Saludos y buen fin de semana!

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