Para 6
1.6€/pers.
285kcal/100g
Ingredientes
- 1 cebolla pequeña
- 150 g de chorizo fresco o tierno
- 60 g de mantequilla
- 40 ml de aceite de oliva virgen extra
- 100 g de harina de trigo
- 850 ml de leche entera
- Sal
- Nuez moscada al gusto
- 1 cucharadita de pimentón de la Vera dulce
- 2 huevos
- Harina para rebozar
- Pan rallado
- Aceite de oliva suave o de girasol para freír
Pocas cosas generan más consenso en una mesa que una bandeja de croquetas recién fritas. Da igual si hay debate familiar, partido en la tele o alguien contando por quinta vez la misma anécdota: aparece una fuente de croquetas y todos miran al mismo sitio.
Hoy vamos con unas croquetas de chorizo caseras, cremosas por dentro y crujientes por fuera, con ese punto de sabor que aporta el chorizo sin convertir cada bocado en una bomba de aceite. La idea es preparar una bechamel sabrosa, bien trabajada y con una textura firme para poder formar las croquetas sin acabar peleándonos con la masa.
Aunque hoy las tenemos muy metidas en el recetario español, las croquetas tienen origen francés. Lo bueno es que en España la receta se hizo de la casa enseguida. Pasamos de una elaboración fina de cocina francesa a una receta de aprovechamiento con jamón, pollo, bacalao, cocido o lo que hubiera en la nevera. En el caso del chorizo, la gracia está en que su grasa y su pimentón tiñen ligeramente la bechamel y le dan un sabor muy reconocible sin tener que añadir demasiadas cosas.
Para seguir con el plan croquetero, en nuestro blog encajan muy bien las croquetas de jamón, un clásico de bechamel suave y sabor intenso, las croquetas de pollo caseras, perfectas para aprovechar restos de asado o cocido, y las croquetas de bacalao, que tienen ese punto marinero tan agradecido para aperitivos y comidas familiares.
Receta casera de croquetas de chorizo caseras


Preparación del relleno
- Pelamos la cebolla y la picamos muy fina. Cuanto más pequeña quede, mejor se integrará en la bechamel y menos se notará después en la masa. Si tenemos picadora, podemos usarla, pero sin pasarnos para no convertirla en puré.
- Quitamos la piel al chorizo y lo picamos en trocitos pequeños. Si la piel se resiste, podemos humedecer un poco el chorizo con agua, porque así sale con más facilidad. Conviene usar un chorizo fresco o tierno, no demasiado curado, ya que soltará mejor su sabor en la cazuela.
- Ponemos una cazuela amplia a fuego medio y añadimos el aceite de oliva virgen extra. Incorporamos la cebolla y salamos. Cocinamos despacio durante 5-6 minutos, hasta que esté transparente y blandita. No buscamos dorarla mucho, solo que pierda fuerza y aporte dulzor.
- Añadimos el chorizo picado y lo cocinamos 3 o 4 minutos con la cebolla. Veremos que empieza a soltar grasa y el aceite se vuelve rojizo por el pimentón. Ese color es buena señal: ahí está parte del sabor de estas croquetas.
- Incorporamos la mantequilla y removemos hasta que se funda por completo. En este punto podemos retirar una cucharada de grasa si vemos que el chorizo ha soltado demasiada. No pasa nada por dejar algo, porque da sabor, pero tampoco queremos una bechamel aceitosa.






Preparación de la bechamel
- Añadimos la harina de golpe y mezclamos bien con una espátula o unas varillas. Cocinamos la harina durante 3 ó 4 minutos, removiendo sin parar, para que pierda el sabor a crudo. Este paso es clave: una croqueta con harina sin cocinar se nota a la primera y no hay pan rallado que lo tape.
- Calentamos la leche en otro cazo o en el microondas hasta que esté templada. No hace falta que hierva, pero si la añadimos fría será más fácil que salgan grumos. Vamos incorporándola poco a poco, primero un chorrito, removemos hasta que la masa lo absorba, y seguimos añadiendo leche en varias tandas.
- Trabajamos la bechamel a fuego medio-bajo durante 15 o 20 minutos. Removemos con calma, rascando bien el fondo de la cazuela para que no se agarre. Echamos nuez moscada al gusto y 1 cucharadita de pimentón de la Vera. Mezclamos para integrar los sabores.
- La masa estará lista cuando se despegue de las paredes y tenga una textura espesa, cremosa y manejable. Aquí no hay que correr; la croqueta premia la paciencia y castiga las prisas con una masa que no hay quien forme.
- Probamos la masa y ajustamos de sal. Hay que tener cuidado con ella, ya que el chorizo ya aporta bastante. Mejor quedarnos un poco cortos al principio y corregir al final.
- Pasamos la masa a una fuente amplia y la extendemos para que se enfríe antes. Cubrimos con film transparente pegado a la superficie, así evitamos que se forme costra. Dejamos que temple a temperatura ambiente y después la metemos en la nevera un mínimo de 4 horas, aunque lo ideal es dejarla de un día para otro.













Formamos las croquetas y cocinamos
- Cuando la masa esté fría y firme, formamos las croquetas con dos cucharas o con las manos ligeramente mojadas o con un poco de aceite. Podemos hacerlas alargadas, redondas o del tamaño que más nos guste. Eso sí, si las hacemos muy grandes tardarán más en calentarse por dentro y será más fácil que se abran al freír.
- Preparamos tres platos: uno con harina, otro con huevo batido y otro con pan rallado. Pasamos cada croqueta primero por harina, sacudimos el exceso, luego por huevo y por último por pan rallado. Si queremos un rebozado más resistente, podemos hacer doble capa de huevo y pan rallado.
- Dejamos reposar las croquetas ya rebozadas unos 20 minutos en la nevera. Este pequeño descanso ayuda a que el empanado se asiente y aguante mejor en la sartén. Si vamos con prisa, podemos freírlas directamente, pero este detalle marca diferencia.
- Calentamos abundante aceite en una sartén honda o cazo. La temperatura ideal ronda los 175 ºC o 180 ºC. Si no tenemos termómetro, probamos con una miga de pan: debe burbujear enseguida sin quemarse al momento.
- Freímos las croquetas en tandas pequeñas, de 3-4 unidades, para que el aceite no pierda temperatura. Las movemos con cuidado y las sacamos cuando estén doradas por todos los lados. No conviene marearlas demasiado, porque una croqueta bien hecha también tiene su orgullo y se puede romper.
- Las dejamos sobre papel de cocina para retirar el exceso de aceite. Después las servimos calientes, recién hechas, con el interior cremoso y el rebozado crujiente.
- Como acompañamiento, estas croquetas funcionan muy bien con una ensalada verde, unos pimientos asados, una ensaladilla rusa casera o unas patatas fritas si vamos a por el plan completo. También quedan estupendas en una mesa de picoteo junto a tortilla de patatas, empanadillas caseras y pan de pueblo.
Quedan estupendas como aperitivo, para una cena de picoteo o para sacar cuando hay invitados y queremos quedar bien sin montar un menú de boda.










Consejos y trucos para unas croquetas de chorizo de rechupete
- Para que salgan bien, lo más importante es trabajar la bechamel sin prisa. La harina debe cocinarse antes de añadir la leche y la masa necesita tiempo al fuego para espesar. Las mejores croquetas no salen de una bechamel líquida, sino de una masa cremosa pero firme, capaz de aguantar el formado.
- El chorizo puede ser dulce o picante, según el gusto de casa. Si usamos chorizo picante, mejor no añadir demasiada pimienta. Si cocinamos para niños o para gente poco amiga del picante, el chorizo dulce es apuesta segura.
- Podemos usar leche entera para una textura más cremosa, aunque con leche semidesnatada también salen bien. Para una versión sin lactosa, cambiamos la leche por leche sin lactosa y la mantequilla por aceite de oliva. Para una versión sin gluten, usamos harina sin gluten o almidón de maíz y pan rallado sin gluten, tal como recomiendan algunos consejos habituales para adaptar croquetas caseras.
- Si queremos congelarlas, lo mejor es hacerlo antes de freírlas. Las colocamos ya rebozadas en una bandeja, separadas entre sí, y cuando estén duras las pasamos a una bolsa o recipiente. Para freírlas, pueden ir directas del congelador al aceite, pero en tandas pequeñas para no bajar demasiado la temperatura.
- En algunas casas, la croqueta es casi un expediente familiar: cada una tiene su forma, su relleno y su punto de bechamel. Con el chorizo pasa igual. Podemos hacer una versión más suave mezclando chorizo con un poco de jamón cocido picado, o una más potente usando chorizo picante y un toque de pimentón de la Vera.
- Otra opción muy rica es añadir queso curado rallado a la masa cuando la bechamel ya está casi lista. No hace falta mucho, con 40 o 50 gramos basta para dar un punto extra de sabor. Si usamos queso muy fuerte, mejor reducir un poco la sal.
- También podemos preparar una versión con cebolla caramelizada. En ese caso cocinamos la cebolla más despacio, hasta que esté dorada y melosa, antes de añadir el chorizo. La mezcla queda más dulce y redonda, ideal para quienes prefieren una croqueta menos intensa.

Algunas dudas que te pueden surgir. Contestando vuestros mails
Antes de sacar la sartén conviene resolver tres dudas típicas, porque las croquetas parecen sencillas hasta que una se abre en el aceite y empieza el drama. La buena noticia es que casi todo se evita con una masa bien reposada, un rebozado correcto y aceite caliente.
¿Por qué se abren las croquetas al freír? Suele pasar por tres motivos: la masa está demasiado blanda, el rebozado no está bien sellado o el aceite no está suficientemente caliente. También puede ocurrir si freímos muchas a la vez y la temperatura baja de golpe. Mejor tandas pequeñas y paciencia, que aquí el atasco no compensa.
¿Cómo consigo que queden cremosas, pero no líquidas? La clave está en la proporción de harina, grasa y leche, y en cocinar la bechamel el tiempo necesario. Si la masa se despega de las paredes de la cazuela y al enfriar queda firme, vamos bien. Si queda demasiado suelta, luego será difícil formar las croquetas y más probable que se rompan.
¿Puedo hacerlas al horno o en freidora de aire? Sí, aunque el resultado cambia. En horno o freidora de aire quedan más ligeras, pero no tan jugosas ni tan doradas como fritas. Para mejorar el resultado, pulverizamos un poco de aceite por encima y las cocinamos hasta que estén doradas, dándoles la vuelta a mitad de cocción.
¿Se pueden preparar de un día para otro? Sí, de hecho, es lo más recomendable. La masa reposa, se asienta y se trabaja mucho mejor. Podemos dejar la masa hecha en la nevera y formar las croquetas al día siguiente, o dejarlas ya rebozadas listas para freír.
¿Qué chorizo es mejor para esta receta? Lo ideal es un chorizo fresco o tierno, dulce o picante según el gusto. El chorizo demasiado curado queda más duro y reparte peor su sabor en la bechamel. Si solo tenemos chorizo curado, conviene picarlo muy fino.
Última revisión: 8 junio 2026
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