Para 4
2.90€/pers.
370kcal/100g
Ingredientes
- 200 g de morcilla de Burgos
- 40 g de piñones (tostados)
- 60 g de mantequilla
- 60 g de harina de trigo
- 600 ml de leche entera
- 1/2 cebolla
- 2 huevos L
- 150 g de pan rallado
- Aceite de oliva suave para freír
- Sal al gusto
- Pimienta negra al gusto
- 1 pizca de nuez moscada
Hay platos que desaparecen de la bandeja antes de que dé tiempo a preguntar si alguien quiere repetir. Suele ocurrir cuando en la mesa aparece algo crujiente por fuera y cremoso por dentro. En ese terreno las croquetas juegan en otra liga, y las croquetas de morcilla tienen además un sabor potente que las convierte en un bocado muy especial.
Las croquetas nacieron en Francia en el siglo XIX, pero en España encontraron su segunda patria. Aquí se han adaptado a todo tipo de ingredientes, desde jamón hasta bacalao o pollo. La morcilla, con su mezcla de arroz, cebolla y especias, aporta una intensidad de sabor que transforma una croqueta clásica en una versión con mucha personalidad.
Si eres fan croquetero, tenemos un especial sobre croquetas (un recopilatorio que no te puedes perder), pero si me tengo que decidir por las que más me gustan, tienes que probar las croquetas de jamón al estilo de mi madre Rosa, uno de los grandes clásicos de nuestra cocina, las croquetas de bacalao, muy populares en bares y tabernas, sobre todo en Semana Santa, o las croquetas de pollo, perfectas para aprovechar restos de un asado. Y ahora sí, vamos a ponernos con la receta paso a paso.
Receta casera de croquetas de morcilla caseras y cremosas




Preparación de la base de la masa y la bechamel
- Empezamos preparando la base de la masa. Pelamos y picamos la cebolla en trozos muy pequeños para que luego casi desaparezca en la bechamel. En una sartén amplia tostamos un poco los piñones, una vez que estén doraditos, retiramos del fuego y reservamos.
- En la misma sartén, ya sin los piñones, derretimos la mantequilla a fuego medio y añadimos la cebolla, dejándola pochar lentamente hasta que esté transparente y muy tierna.
- Retiramos la piel de la morcilla y desmenuzamos el interior con las manos o con ayuda de un tenedor. La incorporamos a la sartén junto con la cebolla y la cocinamos durante un par de minutos, removiendo bien para que se mezcle con la base.
- Añadimos la harina a la sartén y la cocinamos durante 2 o 3 minutos sin dejar de remover. Este paso es importante para que la harina pierda el sabor crudo y la masa quede más fina. Veremos cómo la mezcla se vuelve más espesa y ligeramente tostada.
- Empezamos a incorporar la leche poco a poco, primero un chorrito y removiendo bien hasta que se integre. Seguimos añadiendo leche en tandas mientras removemos constantemente con una cuchara de madera o unas varillas para evitar grumos. La mezcla irá espesando poco a poco hasta formar una bechamel cremosa.
- Salpimentamos con moderación, ya que la morcilla suele ser bastante sabrosa, y añadimos una pizca de nuez moscada. Cocinamos la masa durante unos 10 minutos más a fuego suave, removiendo con frecuencia hasta que se despegue ligeramente de las paredes de la sartén.
- Añadimos los piñones, removemos bien para integrarlos. Retiramos la masa del fuego.
- Vertemos la masa en una fuente amplia y la cubrimos con film transparente pegado a la superficie para evitar que se forme costra. Dejamos que se enfríe primero a temperatura ambiente y después la guardamos en la nevera al menos 4 horas, aunque lo ideal es dejarla de un día para otro.








Preparación de las croquetas, fritura y presentación final
- Una vez fría, damos forma a las croquetas con ayuda de dos cucharas o con las manos ligeramente engrasadas. Las pasamos primero por harina, después por huevo batido y finalmente por pan rallado, procurando que queden bien cubiertas para que luego tengan una buena capa crujiente.
- Calentamos abundante aceite en una sartén o en una freidora y freímos las croquetas en tandas pequeñas para que no baje demasiado la temperatura. Las doramos hasta que estén bien crujientes por fuera y las sacamos a un plato con papel de cocina para retirar el exceso de aceite.
Las servimos calientes, recién hechas, y si las acompañamos de una bebida fresca y buena compañía la cosa ya empieza a ponerse seria.









Consejos para unas croquetas de morcilla de rechupete
- Para que las croquetas queden especialmente cremosas, es importante añadir la leche poco a poco y remover con paciencia.
- Si la masa queda demasiado espesa, podemos añadir un poco más de leche mientras se cocina. Si por el contrario queda muy líquida, bastará con dejarla unos minutos más al fuego para que reduzca.
- Las croquetas de morcilla funcionan muy bien como tapa o entrante, acompañadas de una ensalada sencilla o incluso de unas patatas fritas caseras.
- También podemos servirlas con una salsa suave de manzana o con cebolla caramelizada, que combina muy bien con el sabor intenso de la morcilla.
- Algunas versiones añaden manzana salteada al relleno, aportando un toque ligeramente dulce que equilibra el sabor fuerte de la morcilla.

Algunas dudas que te pueden surgir. Contestando vuestros mails
- Una de las preguntas más habituales es por qué las croquetas se abren al freírlas. Esto suele ocurrir cuando el aceite no está lo suficientemente caliente o cuando la masa está demasiado blanda, por lo que conviene dejarla enfriar bien antes de formar las croquetas.
- Otra duda frecuente es si se pueden congelar. Sí, podemos congelarlas ya empanadas y en crudo colocándolas primero en una bandeja para que no se peguen entre sí. Después se guardan en una bolsa y se fríen directamente sin descongelar.
- También nos preguntáis si se pueden hacer en freidora de aire. Es posible, aunque el resultado será menos crujiente que en aceite. En ese caso conviene rociarlas ligeramente con aceite y cocinarlas a unos 200º C hasta que estén doradas.
Última revisión: 4 abril 2026
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