En el supermercado se distinguen antes por la vista que por la tabla nutricional. El plátano suele ser más pequeño, más curvado y con esas motas oscuras que aparecen cuando madura. La banana acostumbra a ser más grande, más recta y de pulpa algo más firme. Luego llega la prueba que casi todos hacemos sin pensar: se pela, se muerde y uno sabe si aquello está dulce, harinoso, verde o pasado.
Ahí empieza la diferencia que nos interesa. Cuando comparamos los azúcares del plátano y la banana, no estamos hablando solo de una cifra. También cuenta el punto de maduración, la cantidad de almidón que conserva la fruta, la textura de la pulpa y el uso que le vamos a dar en cocina.
En España, esta comparación suele enfrentar al plátano de Canarias con la banana de importación. El primero se consume normalmente más maduro, con más aroma y un dulzor más marcado. La banana, según la pieza y el punto de venta, puede llegar más firme, menos dulce y con una sensación más seca en boca. No es magia ni marketing: tiene que ver con cómo van cambiando sus hidratos de carbono mientras maduran.

Qué azúcares tienen el plátano y la banana
Plátano y banana contienen azúcares naturales de la fruta. Los principales son glucosa, fructosa y sacarosa. Aparecen también en muchas otras frutas y no funcionan igual que el azúcar añadido de un refresco, una galleta o una crema industrial.
En una pieza entera, esos azúcares van acompañados de agua, fibra, minerales y pulpa. Por eso no se deben meter en el mismo saco que los azúcares libres de bebidas azucaradas, zumos, siropes o bollería. La fruta entera se mastica, sacia más y se toma en una cantidad más limitada.
La diferencia entre plátano y banana aparece en la proporción. El plátano de Canarias suele tener más azúcares disponibles y menos almidón cuando llega al consumidor. La banana puede conservar más almidón si está menos madura, y eso se nota enseguida en el sabor.
El almidón manda más de lo que parece
Una banana verde o poco madura puede resultar algo harinosa. No es que esté mala. Está en una fase en la que parte de sus hidratos siguen en forma de almidón, un carbohidrato que no aporta dulzor como lo hacen la glucosa, la fructosa o la sacarosa.
Con la maduración, ese almidón se va transformando en azúcares. La fruta se ablanda, huele más, se pela con más facilidad y sabe más dulce. Por eso un plátano con motas oscuras puede funcionar como endulzante natural en un bizcocho, mientras que una banana firme puede quedarse corta si la receta depende del dulzor de la fruta.
Este punto cambia mucho la cocina. Para un batido espeso y suave, una fruta madura va mejor. Para cortar rodajas limpias sobre yogur, gachas o tortitas, una banana algo más firme aguanta mejor sin deshacerse.

Por qué el plátano suele saber más dulce
El plátano de Canarias se reconoce por su tamaño más corto, su piel con pintas y un sabor más intenso. Cuando está en buen punto, la pulpa tiene menos sensación harinosa y más dulzor directo. En repostería casera eso se agradece, porque aporta sabor sin depender tanto del azúcar añadido.
La banana suele tener una pulpa más grande y consistente. Si está madura, también puede ser dulce, pero muchas veces llega a casa con una textura más firme. Al morderla, el dulzor tarda más en aparecer o queda más suave.
La comparación justa no es plátano contra banana sin más. Hay que mirar la pieza concreta. Un plátano verde será menos dulce que uno muy maduro. Una banana bien madura puede ser bastante dulce. Aun así, en el consumo habitual en España, el plátano suele percibirse más dulce porque se compra y se come en un punto más avanzado.
Qué pasa cuando maduran demasiado
Las motas oscuras no son un defecto automático. En el plátano suelen indicar que la fruta está más madura y, por tanto, más dulce. La pulpa se vuelve más blanda y aromática. Para comerlo solo, a algunos les gusta así y a otros les resulta demasiado intenso.
Para cocinar, esas piezas maduras son oro. Un plátano blando puede arreglar unas tortitas, un bizcocho sencillo, unas galletas de avena o un helado rápido triturado con yogur. También ayuda a reducir parte del azúcar añadido en recetas caseras, aunque no lo elimina por completo si buscamos una textura concreta.
Cuando la fruta ya está demasiado blanda, con olor fermentado o zonas muy oscuras en la pulpa, mejor descartarla. Madura no significa pasada. Dulce no significa aprovechable a cualquier precio.

Usos en cocina según el dulzor
Si queremos que la fruta aporte sabor claro y dulzor, el plátano maduro suele ser mejor elección. Funciona muy bien en bizcochos, magdalenas, panes dulces, tortitas, batidos densos, helados caseros y gachas. Se machaca fácil y se integra sin dejar trozos duros.
La banana encaja bien cuando buscamos una fruta menos protagonista. En rodajas sobre un bol de yogur, con cereales, avena o crema de frutos secos, da volumen y textura sin mandar tanto en el sabor. También va bien en batidos donde hay cacao, café, frutos rojos u otros ingredientes potentes.
Para recetas en las que el dulzor importa, el error está en cambiar una por otra sin ajustar nada. Si una masa pide plátano muy maduro y usamos banana firme, la receta puede quedar menos dulce, menos aromática y algo más seca. Si usamos plátano muy maduro donde se necesitan rodajas enteras, se puede romper o manchar la preparación.
¿Tiene más azúcar el plátano que la banana?
En las comparaciones habituales, el plátano de Canarias contiene más azúcares que la banana por cada 100 gramos. También suele tener menos almidón, y eso refuerza la sensación de dulzor. En boca se nota más que en una tabla.
Ahora bien, el punto de maduración puede mover bastante la percepción. Una pieza verde, sea plátano o banana, tendrá más almidón y menos dulzor. Una pieza madura tendrá más azúcares simples y una textura más blanda. La etiqueta importa, pero el color, el olor y el tacto cuentan mucho.
Para comprar con cabeza, basta mirar qué necesitamos. Si vamos a comerlo tal cual y preferimos dulzor, mejor plátano maduro. Si queremos que aguante varios días o usarlo en rodajas, mejor una banana firme o un plátano menos avanzado. Si la idea es hacer repostería, cuanto más maduro, mejor resultado.
Azúcar natural no es azúcar añadido
El plátano y la banana tienen azúcar, sí. Pero en fruta entera ese azúcar forma parte del alimento. No se comporta igual que el azúcar añadido a un producto ultraprocesado ni que el azúcar de un zumo, donde es más fácil beber el equivalente a varias piezas sin apenas masticar.
Esto no convierte a la fruta en barra libre. Si una persona necesita controlar su glucosa por indicación médica, tendrá que ajustar raciones, maduración y combinaciones. Para un consumo normal, una pieza entera de plátano o banana puede encajar perfectamente en desayunos, meriendas y recetas caseras.
Una forma práctica de equilibrarla es acompañarla con yogur natural, frutos secos, avena o queso fresco. Así la merienda llena más y no depende solo del dulzor de la fruta.

Cómo elegir entre plátano y banana
Para sabor más dulce, textura cremosa y recetas de repostería, el plátano maduro suele dar mejor resultado. Para una fruta más firme, menos aromática y fácil de cortar, la banana puede venir mejor.
El plátano aporta más dulzor cuando está en su punto. La banana ofrece una textura más estable si no está demasiado madura. La diferencia entre sus azúcares se nota sobre todo al cocinar: cambia el dulzor, la humedad, la textura y la necesidad de añadir más o menos azúcar a la receta.
La compra se decide mirando la fruta, no solo el nombre. Piel amarilla con motas, pulpa blanda y aroma marcado: mejor para batidos, bizcochos y postres caseros. Piel amarilla limpia, fruta firme y pulpa menos perfumada: mejor para comer en rodajas, llevar en la mochila o usar en desayunos donde no queremos que todo sepa a plátano.
Categorías: Actualidad gastronómica





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El banano es mas pequeño y curvo y s come crudo, el Plátano es mas grande y se cocinado .
Hayv3 tipos básicos de de banano:
Criollo, Guatemala y Dáctil
Plátanos ha varios:
Corriente, Dominico, etc
Que YHWH Les Den Infinitas Bendiciones Sí Es Su Voluntad.