Madrid tiene una forma muy suya de expresarse también a través del dulce, aunque no te puedes perder este recopilatorio de la gastronomía madrileña. No hace falta ponerse solemne para hablar de su repostería, porque aquí mandan las recetas de siempre, las que pasan de obrador en obrador y se mantienen vivas en fiestas, verbenas y sobremesas largas. Son postres sencillos, bien hechos y con ese punto castizo que no necesita presentación.
La tradición repostera madrileña está ligada al calendario y a la calle. Muchos dulces nacieron para celebraciones concretas como la Costrata de Alcalá y otros se quedaron para todo el año porque funcionaban, sin más vueltas. Harina, huevos, azúcar y fritura o horno, con técnicas humildes que han sabido resistir modas y tendencias.
En esa lista imprescindible aparecen las rosquillas del santo en todas sus versiones, los bartolillos rellenos de crema, las torrijas de Semana Santa, los huesos de santo en noviembre o las gallinejas dulces de algunas pastelerías antiguas. Cada uno tiene su momento, su historia y su público fiel, pero todos forman parte del mismo recetario madrileño que sigue muy vivo.
Dulces madrileños

Churros y porras. El típico chocolate con churros
Y es que son tan populares, que hasta tienen un día para ellos solitos: el 1 de diciembre se conmemora el DÍA INTERNACIONAL DEL CHURRO. ¿Lo sabías? Su origen, como pasa habitualmente con casi todas las elaboraciones, no está del todo claro, aunque la creencia más extendida es que lo trajeron los árabes a la península. Lo que sí está claro es que ya desde el siglo XVII se disfrutaban en España.

Bartolillos madrileños
Son unos dulces con una masa muy fina y dulce similar a una empanadilla, que una vez rellenas de crema pastelera, se fríen en aceite. Se sirven espolvoreados con azúcar y si llegamos a consumirlos calientes estarán más ricos si cabe. Pese a que las teorías sobre su origen son variadas, ya fueran los romanos, los árabes o las monjas en los conventos del siglo XIX, este es uno de los postres más castizos.

Huesos de Santo
Con la festividad de Todos los Santos, cada ciudad o región de nuestro país se pone manos a la obra y comienza a preparar dulces y postres propios del momento. Entre todos esos dulces hay alguno que se extiende por casi toda la geografía, los buñuelos y los huesos de santo. Hoy hemos preparado eso, huesos de santo. Se trata de un dulce de mazapán que al darle forma de canutillo se rellena de dulce de yema. Su nombre viene por la forma en la que se preparan, alargada y cilíndrica, que recuerda a un hueso con su tuétano, muy propio del día de muertos.

Buñuelos de viento
Su origen no es madrileño ni mucho menos. Se cree que provienen de la antigua Roma. Pero sin duda alguna con el paso del tiempo se ha ido convirtiendo en uno de los postres más característicos y típicos de Madrid. Una vez más, la magia comienza con una masa muy simple, elaborada a partir de harina, agua, huevos y mantequilla. Esta masa se fríe en abundante aceite caliente, creando una esfera hueca y dorada que se infla como un globo.

Rosquillas listas de San Isidro o rosquillas del Santo
Se acerca la celebración de San Isidro, festividad madrileña en la que no pueden faltar los dulces tradicionales, entre ellos las famosas rosquillas de San Isidro. Hace poco habéis visto publicado el especial recetas de San Isidro, donde hacía un pequeño resumen de los platos más tradicionales de la cocina madrileña. Entre ellas, las rosquillas tontas pero claro me habéis pedido las rosquillas listas.

Rosquillas tontas de San Isidro
Esta es la receta de las rosquillas más tontas, que, a pesar del nombre, de tontas no tienen nada. La diferencia entre ellas está en que las rosquillas listas cuentan con un baño de almíbar y un gaseado que redondean su gusto. Las pobres tontas no tienen ni una cosa ni la otra, un dulce mucho más sencillo y discreto que, a pesar de eso tienen un sabor estupendo.

Rosquillas de Santa Clara
Las rosquillas de Santa Clara, que son las protagonistas del día, se empezaron a elaborar en el Monasterio de la Visitación y van recubiertas de merengue seco blanco. Los ingredientes y el proceso de elaboración es prácticamente igual al de las anteriores, aunque en esta ocasión hemos usado poca cantidad de harina y formado.

Costrada de Alcalá
La costrada de Alcalá es una deliciosa tarta o postre hojaldrado quizá poco conocida fuera de su ciudad madrileña de origen, pero no penéis, porque le vamos a poner remedio de inmediato a esa carencia en nuestra educación. La costrada de Alcalá es un postre tradicional de la ciudad de Alcalá de Henares, en la Comunidad de Madrid. Esta joya de la repostería española alterna capas de hojaldre con un relleno de merengue y crema pastelera, que se remata con una cobertura crujiente de merengue y almendra.

Panecillos de San Antón
Una de las características de esta repostería tradicional de Madrid es su estampado en forma de cruz. Es su seña distintiva. No obstante, es verdad que no se suele tener un sello de cruz en casa y tampoco es un utensilio que se encuentre fácilmente a la venta. Pero no pasa nada. Para reproducir en tu cocina la cruz estampada característica de los panecillos de San Antón, en la receta encontrarás una alternativa sencilla y al alcance de todo el mundo para que nos queden vistosos y de rechupete.

Banderita madrileña
La pastelería madrileña se viste de gala para el Dos de Mayo con un dulce muy castizo. Como cada año por estas fechas, los obradores de Madrid sacan a relucir su lado más creativo y patriótico con un postre que ya se ha ganado un hueco en el corazón (y en el paladar) de los madrileños: la banderita madrileña. Un homenaje en forma de dulce que no puede faltar en la celebración del Dos de Mayo.
Al final, los dulces madrileños son mucho más que recetas antiguas: son costumbre, memoria y excusa perfecta para sentarse a la mesa. Siguen funcionando porque no necesitan reinventarse, solo respetarse. Y eso, en una ciudad como Madrid, ya es decir bastante.
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En Alcalá también son postres típicos las almendras garrapiñadas de las monjas de la plaza de San Diego, las Rosquillas de Alcalá y hasta un suflé de limón.