El café de Mercadona es solo el principio: el supermercado quiere ser también nuestro bar y restaurante

El café de Mercadona es solo el principio: el supermercado quiere ser también nuestro bar y restaurante

Durante mucho tiempo la visita al supermercado terminaba en la caja. Comprábamos café, leche, huevos, arroz o lo necesario para preparar la cena y nos íbamos a casa. Ese recorrido está cambiando. Ahora también podemos salir con el café servido, la comida caliente y, dependiendo de la tienda, incluso sentarnos allí a tomarla.

El ejemplo más visible lo está dando Mercadona con sus máquinas de café recién molido para llevar, pero quedarse únicamente con el café sería perderse la parte interesante. La cadena lleva años desarrollando su sección Listo para Comer y ahora está entrando en otro terreno: los momentos en los que tradicionalmente no pensábamos en el supermercado, como el café de media mañana o la comida que queremos resolver en diez minutos.

Y no hablamos ya de una prueba testimonial. En marzo de 2026 se situaba el servicio en 252 supermercados, 183 de ellos españoles, con un objetivo anunciado de superar los 500 establecimientos durante este año. Lo que empezó como un laboratorio se está convirtiendo en otra pieza del supermercado moderno.

El café parece poca cosa, pero cambia el papel del supermercado

Una máquina automática no convierte un supermercado en una cafetería. No hay camarero, barra ni cafetera profesional atendida por un barista. Pero comercialmente puede hacer algo importante: dar al cliente un motivo más para consumir allí.

La oferta actual es sencilla: café solo, cortado, café con leche y capuchino. En abril se publicaban precios de 1,30, 1,40, 1,60 y 2 euros, respectivamente. Se prepara al momento y puede llevarse o, en determinados establecimientos, consumirse dentro de la propia tienda.

Hasta hace poco, una persona podía comprar un paquete de café en el supermercado y después entrar en un bar para tomarse uno. Ahora las dos operaciones pueden ocurrir bajo el mismo techo.

Ahí está el cambio.

No se trata tanto de vender otra referencia como de quedarse con un momento de consumo que antes sucedía fuera.

Del carro de la compra al desayuno, la comida y la merienda

Pensemos en un día normal. Por la mañana tenemos el desayuno, después aparece el café de media mañana, llega la comida, más tarde puede caer algo a media tarde y finalmente hay que decidir la cena.

El supermercado tradicional participaba sobre todo suministrando los ingredientes. El nuevo modelo intenta participar también en la comida ya resuelta.

Y esto explica por qué el café encaja mucho mejor de lo que parece con Listo para Comer. Allí encontramos platos que no necesitan una cocina doméstica completa detrás: arroces, pasta, bocadillos, hamburguesas, sushi, carnes o preparaciones listas para calentar y consumir. El paso siguiente es bastante lógico: si se vende la comida, ¿por qué no vender también la bebida que normalmente compraríamos fuera?

El supermercado empieza así a responder directamente a esa pregunta que aparece todos los días: qué comer hoy.

Antes nos daba los ingredientes para contestarla. Ahora pretende darnos también la respuesta terminada.

La verdadera batalla no es el café, es nuestro tiempo

Aquí aparecen unos datos mucho más útiles que cualquier discusión sobre si 1,30 euros por un café es caro o barato.

Worldpanel señala que el consumo de productos listos para comer creció un 55 % en 2025 respecto a 2022. Mercadona habría aportado aproximadamente un tercio de ese crecimiento.

Pero resulta todavía más interesante saber por qué los compramos.

El precio aparece como primer motivo, señalado por el 28,4 % de los consumidores; después llegan la rapidez, con un 13,4 %, la posibilidad de aprovechar la visita para comprar otras cosas, con un 10,4 %, y la facilidad para consumir el producto donde queramos, con un 10,1 %.

Eso explica mucho mejor la transformación.

No estamos simplemente ante consumidores que han dejado de querer cocinar. Estamos ante personas que algunas veces prefieren comprar tiempo. Si ya estamos dentro del supermercado y podemos solucionar allí la comida, el café o parte de la cena, desaparecen otro desplazamiento, otra espera y otra decisión.

Por eso el competidor de un plato preparado no es necesariamente otro plato preparado. También puede ser cocinarlo en casa.

Una tortilla de patatas hecha por nosotros compite, en determinados días, con coger una ya preparada. Y preparar nuestra propia masa de pizza compite con comprar una pizza lista para comer.

El producto puede ser parecido. Lo que compramos realmente es una cantidad distinta de trabajo y de tiempo.

Los supermercados quieren quedarse con más momentos del día

La distribución alimentaria lleva años intentando que metamos más cosas en el carro. Este movimiento es ligeramente distinto: busca que hagamos más cosas dentro del propio establecimiento.

Mercadona no está sola en esa dirección. En otros mercados europeos existen desde hace tiempo supermercados con máquinas de café, espacios donde sentarse y fórmulas de restauración ligera. Libertad Digital cita, entre otros ejemplos, Tesco y Sainsbury’s en Reino Unido, Albert Heijn en Países Bajos y REWE en Alemania.

La evolución tiene sentido porque permite ampliar las ocasiones en las que recurrimos al supermercado.

Ya no sería solo:

«Tengo que hacer la compra».

También puede ser:

«Voy a coger algo para comer».

«Me llevo un café».

«Compro la cena hecha».

«Como aquí y después hago la compra».

Cada una de esas situaciones añade una oportunidad de venta y, sobre todo, aumenta la frecuencia con la que el establecimiento puede formar parte de nuestra rutina.

¿De verdad puede competir un supermercado con un bar?

Aquí conviene no exagerar. Un dispensador de café no sustituye automáticamente a una cafetería.

El bar vende cosas que una máquina colocada junto a la entrada del supermercado difícilmente puede reproducir: servicio, conversación, terraza, ambiente, una cafetera manejada por alguien que sabe utilizarla, bollería recién hecha o simplemente ese rato de sentarse sin estar haciendo la compra.

Lo que sí puede disputar es otro tipo de consumo: el café funcional.

El que queremos tomar deprisa.

El que compramos para llevar.

El que pedimos después de comer porque ya estamos allí.

El que aceptamos siempre que sea razonablemente bueno, rápido y tenga un precio que nos encaje.

Eso acerca al supermercado mucho más al terreno de cafeterías, panaderías, establecimientos de comida para llevar y restauración rápida que al del restaurante al que vamos expresamente para comer.

La competencia se produce, por tanto, en determinados momentos, no necesariamente en toda la experiencia hostelera.

Cocinar menos no significa dejar de cocinar

Hay además una lectura demasiado fácil de toda esta tendencia: pensar que la cocina doméstica está condenada.

Los datos sí muestran un fuerte crecimiento de la conveniencia y Worldpanel señala que dedicamos menos tiempo a cocinar y que el listo para comer está restando terreno al plato completamente casero.

Pero nuestra alimentación diaria no funciona con una elección permanente entre cocinar absolutamente todo o no encender nunca los fogones.

Podemos comprar el almuerzo un martes porque vamos con prisa y preparar tranquilamente una tortilla el sábado. Podemos recurrir a comida preparada al volver tarde del trabajo y seguir buscando recetas fáciles cuando tenemos media hora. Podemos comprar un café por la mañana y preparar una de nuestras cenas rápidas esa misma noche.

La transformación importante está en que ahora tenemos muchas más soluciones compitiendo por la misma comida.

Y el supermercado quiere estar en casi todas.

El café es pequeño; el cambio que anuncia, no tanto

Por eso merece la pena mirar esa máquina de café con algo más de atención.

Mercadona empezó probando el concepto y ahora pretende llevarlo a cientos de tiendas. Mientras tanto, su espacio de comida preparada sigue ganando peso y el mercado del listo para comer continúa creciendo.

El café es simplemente la pieza que permite ver mejor la estrategia.

El supermercado ya no quiere vendernos únicamente el paquete de arroz, los huevos, la carne o el café que prepararemos después en nuestra cocina. Quiere vendernos también el arroz cocinado, la comida lista y el café servido.

Y ahí aparece el cambio más interesante: durante años supermercados, restaurantes, bares y hogares parecían ocupar espacios bastante bien definidos. Ahora esos límites están empezando a mezclarse.

La próxima batalla de la alimentación no consistirá únicamente en decidir dónde compramos.

También consistirá en decidir quién nos resuelve cada momento del día.

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Categorías: Actualidad gastronómica Ingredientes y alimentos

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Sobre el autor

1 comentario en “El café de Mercadona es solo el principio: el supermercado quiere ser también nuestro bar y restaurante”

  1. Joaquina

    Todo me parece perfecto me gusta comprar en Mercadona . Pero me gustaría q no vendiera productos de Marruecos ….si no es así dejare de comprar

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