Para 4
2.5€/pers.
195kcal/100g
Ingredientes
- 100 g de rúcula
- 6 higos frescos
- 2 burratas de 125 g cada una
- 50 g de nueces peladas
- 30 ml de aceite de oliva virgen extra
- 15 ml de vinagre balsámico
- Sal
- Pimienta negra recién molida
Hay recetas en las que añadir cosas por añadir solo empeora el plato. Cuando los higos están en su punto, esta ensalada de higos, burrata y nueces funciona precisamente porque cada ingrediente tiene un papel muy claro: higos maduros pero firmes para aportar dulzor y jugosidad, burrata cremosa para dar cuerpo, nueces tostadas para meter un contraste crujiente y un aliño ácido que evite que el conjunto se vaya hacia el postre.
El detalle que más se nota no está en una técnica complicada, sino en la temperatura y la humedad. La rúcula tiene que estar bien seca para que el aliño se agarre a las hojas, y la burrata agradece salir del frío unos minutos antes de montar el plato. No queremos calentarla, solo quitarle ese punto de nevera que apaga su textura. Si os gusta este queso, en Rechupete tenemos también tres ensaladas de burrata.
Con el aliño conviene tener bastante freno. En muchas ensaladas con fruta el equilibrio se rompe cuando añadimos miel, crema balsámica y más fruta dulce a la vez. Aquí hacemos una vinagreta clásica muy corta, solo con aceite, balsámico, sal y pimienta. La idea es dar acidez sin tapar los higos, no convertir el fondo del plato en una salsa oscura y dulce.
Si este tipo de ensaladas os encaja, podéis seguir por una ensalada de burrata con tomate, rúcula y pesto, una ensalada de canónigos con queso de cabra, nueces y mermelada de frambuesa o una ensalada de rúcula y escarola con queso de cabra, pistachos y naranja. Son tres maneras distintas de trabajar ese juego entre hoja verde, queso, fruta o fruto seco sin repetir exactamente el mismo plato.
Receta casera de ensalada de higos, burrata y nueces

Preparación paso a paso
- Lavamos la rúcula y los higos con cuidado y los secamos muy bien. En el caso de la fruta, no hace falta frotar con fuerza: basta con retirar cualquier resto superficial sin dañar la piel. Este paso parece poca cosa, pero el agua sobrante estropea el aliño y deja la ensalada aguada.
- Sacamos las burratas de la nevera, las escurrimos de su líquido y las dejamos reposar unos 10 minutos mientras preparamos el resto. Deben seguir frescas, pero no heladas. Una burrata bien escurrida se integra mejor y no deja un charco de suero en la fuente.
- Ponemos las nueces en una sartén seca, a fuego medio, y las tostamos durante 3 o 4 minutos, moviéndolas a menudo. En cuanto huelan claramente a fruto seco tostado y cojan algo de color, las retiramos a un plato. No esperamos a que se oscurezcan demasiado, porque fuera del fuego todavía conservan calor. Dejamos que se enfríen.
- En un cuenco pequeño mezclamos el vinagre balsámico con una pizca de sal y pimienta. Añadimos el aceite de oliva virgen extra y batimos hasta tener una vinagreta ligera y bien ligada. No buscamos una emulsión espesa ni una crema; tiene que poder repartirse en una capa fina.
- Retiramos el pequeño rabito de los higos y los cortamos en cuatro gajos de arriba abajo. Si están en buen punto, los cuartos mantendrán la forma y dejarán ver la pulpa roja o rosada sin deshacerse en la tabla.
- Extendemos la rúcula en una fuente amplia. Añadimos aproximadamente la mitad de la vinagreta y mezclamos con suavidad. Repartimos los gajos de higo entre las hojas, con parte de la pulpa visible, y distribuimos las nueces ya frías. No amontonamos todo en el centro: queremos que cada ración se lleve fruta, hoja y fruto seco.
- Colocamos las dos burratas entre la rúcula y los higos y las abrimos con cuidado justo antes de servir, dejando que asome el interior cremoso. Terminamos con el resto de la vinagreta y un poco de pimienta negra. Servimos inmediatamente, antes de que las hojas pierdan firmeza y los higos empiecen a soltar demasiado jugo.








Consejos para una ensalada de higos, burrata y nueces de rechupete
La fruta manda. Necesitamos higos maduros, aromáticos y todavía consistentes. Si están duros, la ensalada pierde buena parte del dulzor y de la textura melosa que buscamos; si están tan blandos que se hunden al tocarlos, se romperán al cortarlos y teñirán toda la fuente. Esos higos demasiado maduros no hay que tirarlos: pueden acabar perfectamente en una mermelada casera de higos.
Con la burrata, menos manipulación es mejor. La escurrimos, la dejamos perder el frío más agresivo y la abrimos al final. Si la rompemos media hora antes, el relleno se extenderá por la fuente y las hojas empezarán a empaparse. Para esta receta interesa encontrar zonas muy cremosas y otras en las que todavía se note la cubierta de mozzarella.
Las nueces ganan mucho con el tostado, pero hay que dejarlas enfriar antes de añadirlas. Si entran calientes sobre la rúcula y la burrata, ablandan las hojas y calientan el queso justo donde no interesa. Además, el tostado debe ser ligero: queremos reforzar el aroma, no llevar el fruto seco a un sabor amargo.
Con el balsámico hay dos caminos y no son intercambiables en cantidad. Esta receta está calculada con vinagre, más fluido y ácido. Si usamos una reducción de vinagre balsámico, que es más densa y dulce, ponemos bastante menos y la usamos solo como acabado. Si echamos la misma cantidad, los higos dejan de ser protagonistas.
Esta ensalada no es buena candidata para dejarla montada durante horas. Podemos tener todos los componentes preparados por separado: hojas secas, nueces tostadas y frías, vinagreta hecha e higos enteros. Cortamos la fruta y abrimos la burrata en el último momento. Es el cambio más pequeño y el que más se nota en el resultado.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.
La mozzarella fresca puede sustituir a la burrata si es lo que tenemos, pero el plato cambia bastante. La mozzarella aporta una textura más elástica y menos untuosa, mientras que aquí buscamos el interior cremoso de la burrata para que parte del queso se mezcle con la vinagreta y el jugo de los higos. Funciona, pero no es exactamente la misma ensalada.
Con higos secos tampoco obtenemos un sustituto directo. Tienen mucho menos agua y una textura mucho más concentrada, así que se comportan casi como otro ingrediente. Si solo tenemos secos, conviene plantear otra ensalada y equilibrarla con más acidez y quizá menos cantidad de fruta, en vez de cambiarlos uno por uno.
También podemos cambiar la rúcula por canónigos o espinaca baby. Lo que perderemos es parte de ese punto ligeramente picante que ayuda a cortar la grasa de la burrata y el dulzor del higo. Si usamos una hoja mucho más suave, podemos subir muy ligeramente la pimienta o el balsámico, pero sin convertir el aliño en protagonista.
Si queremos adelantar trabajo, la regla es sencilla: montar y aliñar justo antes de comer. La vinagreta aguanta preparada, las nueces pueden tostarse con horas de antelación y la burrata puede seguir en frío hasta poco antes del servicio. Lo que no compensa es dejar los higos cortados y todo mezclado esperando en la fuente; ahí empezamos a perder textura desde el primer minuto.
Última revisión: 3 septiembre 2026
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