Para 6
5.1€/pers.
175kcal/100g
Ingredientes
- Para la feijoada:
- 500 g de alubias negras secas
- 300 g de costillas de cerdo
- 200 g de panceta
- 250 g de chorizo ahumado (o chorizo tipo criollo)
- 200 g de morcilla (opcional, pero tradicional en muchas versiones)
- 20 cebollas medianas
- 5 dientes de ajo
- 2 hojas de laurel
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Pimienta negra
- Para acompañar:
- 200 g de repollo
- 300 g de arroz blanco
- 2 naranjas
- 30 cucharadas de aceite de oliva virgen extra (para la col)
- 2 dientes de ajo (para la col)
- 150 g de harina de yuca (para la farofa)
- 30 g de mantequilla (para la farofa)
- Sal (para el arroz y los acompañamientos)
Hay platos que no necesitan fuegos artificiales para quedarse en la memoria, y la feijoada brasileña es uno de ellos. Hablamos de un guiso potente, de cuchara, hecho con alubias negras y una mezcla de carnes saladas y embutidos que se cocinan despacio hasta lograr un caldo oscuro, denso y lleno de sabor.
La gracia está en el contraste: el guiso es intenso y profundo, y por eso se acompaña con arroz blanco, farofa y naranja, que refresca el bocado y equilibra la mesa.
En Brasil es una receta muy social, de las que se preparan para comer con calma y con gente alrededor, porque la olla da para mucho y porque el resultado mejora con el reposo. En casa, la feijoada es una manera muy seria de montar una comida completa sin complicarse con guarniciones raras: un buen arroz, una verdura salteada y listo. Además, es un plato perfecto para organizarse, porque se recalienta de maravilla y al día siguiente suele estar incluso mejor.
La feijoada tiene raíces antiguas en la cocina luso-brasileña, con guisos de legumbres y carnes como base, y acabó convirtiéndose en uno de los platos más representativos del país. La versión más conocida se asocia especialmente a Río de Janeiro, donde pasó de receta de diario a comida “de encuentro”, de esas que se sirven con varios acompañamientos para alargar la sobremesa.
Un detalle que llama la atención fuera de Brasil es la presencia de la naranja: no está para decorar, sino para aportar frescor y limpiar el paladar frente a la intensidad de las alubias negras y las carnes. Ese equilibrio es parte del encanto de la feijoada cuando se sirve como manda la tradición.
Receta casera de feijoada brasileña

Preparación paso a paso
- Ponemos las alubias negras en remojo la noche anterior con abundante agua.
- Al día siguiente escurrimos bien las alubias y las pasamos a una olla grande, en nuestro caso una olla rápida que nos va a ahorrar mucho tiempo de cocción. Cubrimos con agua limpia, añadimos las hojas de laurel y arrancamos la cocción a fuego medio. Tapamos, colocamos la válvula en la posición 2 y, cuando empiece a salir el vapor programamos 5 minutos. Dejamos despresurizar por sí sola.
- Mientras tanto cortamos todas las carnes en trozos de bocado, con excepción de la morcilla que la coceremos por sí sola al final del proceso.
- Calentamos un fondo de aceite en una sartén amplia y pochamos las verduras anteriores durante unos 10 minutos o hasta que estén tiernas y ligeramente doradas. Añadimos entonces las carnes troceadas y las rehogamos un par de minutos. Solo queremos que se doren por fuera ligeramente.
- Cuando la olla se haya despresurizado por sí sola y la podamos abrir agregamos las carnes con la cebolla y el ajo. Cerramos y llevamos de nuevo a ebullición, colocando la válvula por segunda vez en la posición 2. En cuanto empiece a salir el vapor, programamos 12 minutos.
- Una vez despresurizada, abrimos la olla.
- Para conseguir la textura clásica, aplastamos con un cucharón una pequeña parte de las alubias contra la pared de la olla y las devolvemos al caldo. Ese gesto liga la salsa y deja el guiso más meloso sin necesidad de harinas ni trucos raros. Apagamos, dejamos reposar y probamos una última vez el punto de sal.
- Cocemos el arroz blanco aparte, lavado previamente para que quede suelto. Calentamos un fondo de aceite en una sartén, sofreímos un diente de ajo pelado y rehogamos en arroz. A continuación incorporamos el agua (doble de volumen que de arroz) y lo cocemos 20 minutos, a fuego suave y tapado. Reservamos hasta que llegue el momento llevar a la mesa.
- Lavamos el repollo y lo cortamos en tiras finas. Lo salteamos en una sartén con un podo de aceite y el resto de los dientes de ajo picados. En un par de minutos estará listo, la idea es que quede ligeramente crujiente y con mordida.
- Por último preparamos la farofa en otra sartén. Derretimos la mantequilla y agregamos un chorrito de aceite. Añadimos la harina de yuca y removemos hasta que quede suelta y ligeramente tostada. La gracia es que aporte textura crujiente al plato sin robar protagonismo.
- Cocemos la morcilla en un cacito con abundante agua durante 5 minutos. Luego la troceamos.
- Servimos la feijoada bien caliente con la morcilla, una base de arroz, la col salteada al lado, una cucharada de farofa por encima y gajos o rodajas de naranja para ir alternando bocados.
Cuando sale bien, la feijoada brasileña es de esos platos que convierten una comida normal en un plan de verdad: olla al centro, arroz suelto, farofa crujiente y naranja a mano. Pocas cosas tan simples y tan serias a la vez.






















Consejos para una feijoada de rechupete
- El punto de sal se controla en el desalado: trabajamos bien la carne seca y las piezas saladas y luego ajustamos al final para no pasarnos.
- Para una textura más melosa, aplastamos parte de las alubias negras dentro de la olla y ligamos el caldo sin harinas ni espesantes.
- El reposo mejora el plato: la feijoada brasileña gana cuerpo y sabor al asentarse, y el recalentado queda incluso más redondo.
Curiosidades de rechupete
La feijoada se suele servir como comida larga, con varios acompañamientos en la mesa para que cada uno se monte el plato a su manera. El contraste de la naranja y la farofa no es un capricho: aporta frescor y textura a un guiso intenso y meloso, y por eso se mantiene como ritual en muchas casas.

Algunas dudas que os pueden surgir en la receta. Contestando vuestros emails
Aparece mucho la preocupación por el desalado y es normal, porque ahí se decide el resultado: con una buena rutina de cambios de agua y un reposo suficiente, la carne salada queda en su punto y el guiso no se vuelve incomible. El truco práctico es probar un trocito pequeño de panceta ya desalado antes de echarla a la olla, así ajustamos sin jugar a la ruleta rusa con la sal.
En más de una ocasión me preguntáis por la textura, porque no todo el mundo busca lo mismo: hay quien la quiere caldosa y quien la quiere casi crema. La referencia es sencilla: cuando las alubias negras están tiernas y el caldo se ha oscurecido y espesado, la feijoada está donde tiene que estar. Aplastar una parte de las alubias liga el conjunto y deja esa sensación melosa típica sin convertirlo en puré.
También surge el tema de los embutidos y cortes, sobre todo al cocinar en España, donde no siempre se encuentra todo igual. La clave es mantener una mezcla de carne curada o salada y un embutido con carácter, porque eso construye el sabor de fondo. Cambiar una pieza por otra similar funciona bien, pero mantener la idea de “variedad” es lo que conserva el espíritu del plato.
Sale a menudo la duda del acompañamiento y tiene su lógica: el conjunto está pensado para equilibrar. El arroz blanco aporta neutralidad, la col salteada mete frescor vegetal y la farofa añade crujiente. La naranja es la que remata, porque corta la grasa y te permite seguir comiendo sin que el plato se haga pesado.
Última revisión: 22 marzo 2026
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