Hay pocos alimentos tan presentes en nuestra memoria como las galletas María. Han estado ahí desde siempre: en el desayuno con leche, en la merienda de la infancia o formando parte de ese postre casero que nunca falla. Son sencillas, económicas y aparentemente discretas, pero esconden una historia mucho más interesante de lo que parece.
Porque, aunque hoy las sentimos como algo profundamente nuestro, lo cierto es que nacieron en un contexto muy distinto: la Inglaterra victoriana del siglo XIX. Desde ahí emprendieron un viaje que las llevaría a convertirse en uno de los productos más universales de la repostería… y en un imprescindible de las cocinas españolas.

El origen de las galletas María: una historia entre realeza e industria
Las galletas María nacieron en Londres en 1874, creadas por la empresa Peek Freans, una de las grandes pioneras de la industria alimentaria moderna. No eran una simple receta casera, sino un producto pensado desde el inicio para la producción a gran escala y la exportación.
Su nombre no fue casual. La galleta se creó para conmemorar la boda de María Alexandrovna de Rusia con el príncipe Alfredo, hijo de la reina Victoria. Como era habitual en la época, se aprovechaban los grandes eventos sociales para lanzar productos conmemorativos, y así nacieron las “Marie biscuits”.
Desde el punto de vista técnico, no partían de cero. Eran una evolución de las tradicionales “rich tea biscuits” británicas: galletas secas, de larga conservación, pero ligeramente más dulces y aromáticas. Esa combinación —sencillez, durabilidad y sabor neutro— sería clave en su éxito posterior.
Incluso su diseño estaba pensado con intención. La forma redonda, los bordes decorados y el nombre grabado no eran solo una cuestión estética: permitían identificar el producto, asegurar su uniformidad industrial y facilitar su transporte. Lo que empezó como un homenaje aristocrático estaba listo, sin saberlo, para convertirse en un fenómeno global.
De producto aristocrático a icono popular
En sus primeros años, las galletas María estaban ligadas al consumo refinado, al ritual del té británico y a una cierta idea de elegancia. Sin embargo, su propia naturaleza —ingredientes simples, fácil producción y larga conservación— hizo que pronto se expandieran por otros países.
A medida que la receta se replicaba y se abarataban los costes, la galleta fue cambiando de estatus. Dejó de ser un producto exclusivo para convertirse en un alimento cotidiano. Ese salto, de lo aristocrático a lo popular, es una de las claves de su historia.

El caso de España: cómo las galletas María se convirtieron en un símbolo
En España, las galletas María no solo encontraron un lugar: encontraron su identidad. A finales del siglo XIX comenzaron a llegar como un producto novedoso, vinculado a las ciudades y a una forma de consumo más moderna. Pero su verdadera transformación llegó con el desarrollo de la industria galletera nacional a principios del siglo XX.
Empresas como Fontaneda, fundada en 1912 en Aguilar de Campoo, entendieron rápidamente el potencial de este producto. Su objetivo era claro: fabricar galletas baratas, accesibles y presentes en todos los hogares. Junto a otras compañías como Artiach, apostaron por una estrategia que cambiaría el mercado.
La galleta María se convirtió en uno de sus grandes pilares. No solo era económica. Era práctica, nutritiva y fácil de digerir. Se recomendaba para niños, para personas mayores y para cualquiera que necesitara un alimento sencillo pero energético. Su uso no tenía límites: desayuno, postre, merienda o tentempié improvisado. Pero hubo un cambio silencioso que resultó decisivo: la forma de venderlas.
Se pasó de la venta a granel a los paquetes cerrados, con un precio fijo y un formato reconocible. Esto facilitó su distribución, generó confianza en el consumidor y ayudó a consolidar su presencia en los hogares. Incluso sus cajas acabaron teniendo una segunda vida, reutilizadas durante años para guardar pequeños objetos y recuerdos.
Tras la Guerra Civil, en un contexto de escasez, las galletas María se convirtieron en un alimento casi imprescindible. Eran asequibles, duraderas y fáciles de producir, lo que las convirtió en una solución real para muchas familias.
Al mismo tiempo, la industria galletera se consolidaba en el norte de España. En Reinosa se desarrollaba la actividad de Cuétara, fundada por los hermanos Gómez Cuétara y establecida en la zona a partir de los años 50. Muy cerca, en Aguilar de Campoo, Gullón reforzaba ese eje industrial que hoy sigue siendo uno de los mayores centros de producción de galletas del país. Así, las galletas María no solo alimentaron a generaciones: también contribuyeron al desarrollo de toda una industria.
Hoy conviven con versiones integrales como las que solemos consumir en casa, sin azúcar o enriquecidas, pero la esencia sigue intacta. Y quizá eso explique su permanencia: no han necesitado reinventarse porque ya ocupaban un lugar que ningún otro producto ha conseguido desplazar.

Por qué han sobrevivido al paso del tiempo. Volumen de ventas del año pasado
En un mercado que no deja de cambiar, las galletas María han logrado mantenerse prácticamente intactas. Y no es casualidad.
Su éxito se basa en varios factores:
- Ingredientes simples y reconocibles
- Precio accesible
- Gran versatilidad en la cocina
- Capacidad de adaptación sin perder su esencia
El volumen de ventas y el liderazgo de distribución en 2025 de galletas María más vendidas son
1. Galletas Hacendado (Mercadona) Fabricante: Galletas Gullón (en su mayoría). Posición: Lideran el volumen de ventas debido a la inmensa cuota de mercado de Mercadona (superior al 27% en 2025). Variedades: María Clásica, María Integral (muy popular por su composición, 74% harina integral), y sin azúcares añadidos.
2. Galletas Gullón Posición: Es una de las marcas fabricantes más importantes de España. Gullón no solo vende bajo su marca, sino que es el principal fabricante de muchas marcas blancas (incluida Hacendado). Volumen: En 2024 eleva sus ventas a 690 millones de euros. Su Maria Dorada es una de las referencias más compradas en supermercados.
3. Galletas Fontaneda (La Buena María) Fabricante: Mondelēz International. Posición: Marca tradicional líder histórica. Aunque la marca blanca ha ganado terreno, Fontaneda se mantiene en el podio por reconocimiento de marca y lealtad del consumidor («La Buena María»).
4. Marcas blancas de distribución (Lidl, Dia, Alcampo, Carrefour): Muy alta penetración en volumen por su bajo precio. Dia / Auchan (Alcampo): Compiten fuertemente en el segmento de bajo coste.
5. Marbú Dorada (Artiach) Fabricante: Grupo Artiach. Posición: Marca de alta calidad muy popular, especialmente reconocida por su sabor y textura «dorada», posicionándose justo por encima de las marcas blancas estándar en precio.

Usos en la cocina: mucho más que una galleta
Más allá de comerse solas, las galletas María han encontrado un lugar privilegiado en la repostería casera. Y no solo con las ideas que os presento ahora, siempre te quedará la opción de prepararlas en casa, por lo menos como prueba y por supuesto, para pasarlo pipa con tus peques. En nada publicaré la receta casera de galletas María, a ver si os gusta.

La tarta de galletas de toda la vida
Probablemente el postre más emblemático. Capas de galletas humedecidas en leche o café, alternadas con chocolate, natillas o crema. Sencillo, económico y cargado de recuerdos.

Base para tartas y cheesecakes
Trituradas y mezcladas con mantequilla, se convierten en una base perfecta para tartas frías, aportando textura y un sabor suave que combina con todo.

Helado de galletas María
Meter unas galletas María en un helado casero es una de esas ideas que parecen sencillas y, precisamente por eso, funcionan tan bien. No hace falta ponerse estupendos ni sacar ingredientes imposibles para conseguir un postre que sepa a gloria. Basta con una buena base cremosa, unas galletas de las de toda la vida y un poco de paciencia con el frío.

Galletas rellenas para merendar
Dos galletas y un relleno dulce en medio —chocolate, crema o mermelada— bastan para crear una merienda rápida y efectiva.

Galletas fritas: tradición en estado puro
Una receta clásica: galletas rellenas, pasadas por leche y huevo, fritas y rebozadas en azúcar y canela. Un bocado crujiente por fuera y cremoso por dentro.

Postre de natillas con galletas María
Este postre de natillas con galletas María es una variación que mezcla la natillas con las galletas, todo gracias a los polvos de cuajada que podéis encontrar en cualquier supermercado. Combina una crema suave con el sabor inconfundible de las galletas de toda la vida, y lo mejor es que se prepara con ingredientes sencillos y sin complicaciones.

Flan de galletas
En esta ocasión os enseño cómo, a partir de una receta de flan de huevo, se puede conseguir un delicioso postre que en cada bocado evoque ese sabor tan de infancia para muchos, el de las galletas de toda la vida.
Otros usos
También se emplean en recetas como el salchichón de chocolate, para espesar mezclas o como base en postres internacionales.
Un icono humilde que sigue vigente
Las galletas María son el ejemplo perfecto de cómo un producto sencillo puede convertirse en un icono gastronómico. Nacidas en la alta sociedad inglesa, encontraron su verdadero lugar en las cocinas familiares de medio mundo.
Hoy siguen siendo ese ingrediente que siempre está ahí: barato, versátil y capaz de resolver desde un desayuno rápido hasta un postre casero. Y quizá ese sea su mayor secreto: no necesitan reinventarse, porque ya forman parte de nuestra historia. Y quizá ahí esté su secreto: en haber sabido permanecer.
Categorías: Actualidad gastronómica Ingredientes y alimentos




