Para 6
0.8€/pers.
330kcal/100g
Ingredientes
- 250 ml de agua
- 150 g de harina común
- 80 g de mantequilla
- 4 huevos M
- 150 g de queso comté, gruyère o emmental rallado
- 30 g de queso rallado extra para terminar
- 1/2 cucharadita de sal
- Pimienta negra recién molida
- Una pizca de nuez moscada
- 1 huevo batido para pincelar
Las gougères tienen esa pinta de bocado pequeño que parece no pedir explicaciones, pero en cuanto pruebas una entiendes por qué en Francia las sacan tan a gusto con una copa de vino. Son bolitas saladas de pasta choux con queso, ligeras por dentro, doradas por fuera y con ese aroma tostado que abre el apetito antes de sentarse a la mesa.
Bien es sabido por todos que la gastronomía francesa aporta innumerables recetas a la historia de la cocina. Por eso hemos recopilado una selección de algunas de las recetas más representativas de la cocina francesa.
La masa sube en el horno gracias al vapor que se forma dentro, igual que pasa con los profiteroles de nata y chocolate, solo que en esta versión cambiamos el camino dulce por uno mucho más de aperitivo. También tienen parentesco con los buñuelos de viento, porque la masa se hincha y queda aireada, aunque las gougères se hornean y no se fríen. Y si pensamos en picoteos salados, los buñuelos de bacalao juegan en la misma mesa: bocados pequeños, sabrosos y muy de compartir.
Para hacerlas en casa solo necesitamos controlar tres detalles: secar bien la masa en el cazo, añadir los huevos poco a poco y no abrir el horno antes de tiempo. Con eso salen unas gougères de queso estupendas, perfectas para una merienda salada, un aperitivo de domingo o una bandeja de picoteo sin complicarse demasiado.
Receta casera de gougères de queso

Preparación paso a paso
- Precalentamos el horno a 200º C, con calor arriba y abajo. Forramos una bandeja con papel de horno y dejamos preparado el queso rallado, porque cuando la masa esté lista conviene trabajar sin pararnos demasiado.
- Ponemos en un cazo el agua, la mantequilla, la sal, una pizca de pimienta negra y un poco de nuez moscada. Calentamos a fuego medio hasta que la mantequilla se funda por completo y la mezcla rompa a hervir.
- Añadimos la harina de golpe y removemos con una cuchara de madera o una espátula resistente. Al principio parecerá una masa basta, pero en pocos segundos se unirá. Seguimos mezclando durante 2 o 3 minutos, hasta que la masa se despegue de las paredes del cazo y deje una ligera película en el fondo.
- Pasamos la masa a un bol y la dejamos templar 5 minutos. Este reposo corto es importante para que los huevos no se cuajen al incorporarlos. No hace falta que esté fría, solo que haya perdido el golpe fuerte de calor.
- Añadimos los huevos uno a uno. No incorporamos el siguiente hasta que el anterior esté totalmente integrado. La masa se separará al principio y parecerá que se corta, pero seguimos mezclando y volverá a quedar lisa. Al final debe tener una textura espesa, brillante y algo pegajosa, capaz de caer de la espátula en una cinta pesada.
- Incorporamos los 150 g de queso rallado y mezclamos hasta repartirlo bien. Si usamos comté o gruyère, las gougères tendrán un sabor más intenso. Con emmental quedan algo más suaves, pero también muy ricas y más fáciles de adaptar a lo que solemos encontrar en cualquier supermercado.
- Formamos montoncitos sobre la bandeja con una manga pastelera o con dos cucharillas. Dejamos separación entre ellos porque crecerán bastante en el horno. Para un aperitivo cómodo, lo ideal es hacer piezas de unos 3 o 4 cm.
- Si queremos un acabado más dorado, pincelamos con un poco de huevo batido, sin aplastar la masa. Espolvoreamos por encima los 30 g de queso rallado extra.
- Horneamos 10 minutos a 200º C. Después bajamos la temperatura a 180º C y seguimos horneando otros 15 o 18 minutos, hasta que las gougères estén infladas, doradas y secas por fuera. No abrimos la puerta durante la primera parte del horneado, porque podrían bajarse.
- Apagamos el horno, abrimos la puerta un poco y las dejamos dentro 5 minutos más. Después las pasamos a una rejilla. Se pueden tomar templadas, que es como más lucen, o a temperatura ambiente si las vamos a servir en una mesa de aperitivo.







Consejos para unas gougères de queso de rechupete
- Secar bien la masa en el cazo es uno de los puntos más importantes. Si queda demasiada humedad antes de añadir los huevos, las gougères pueden salir blandas y con poca estructura.
- No añadáis todos los huevos de golpe. La pasta choux necesita absorberlos poco a poco. Si los incorporamos de una vez, cuesta mucho más conseguir una masa lisa y controlada.
- El queso importa bastante. Con comté o gruyère quedan más sabrosas y con un punto francés más marcado. Con emmental salen más suaves, pero siguen funcionando muy bien.
- Si la masa queda demasiado líquida, no intentéis arreglarla añadiendo harina cruda. Es mejor controlar el último huevo y echarlo poco a poco, porque según el tamaño puede que no haga falta incorporarlo entero.
- Para que no se bajen, evitad abrir el horno antes de que estén bien infladas y doradas. La pasta choux salada necesita calor constante para formar su hueco interior.
- Se pueden recalentar unos minutos a 160º C antes de servir. Recuperan parte del crujiente exterior y el queso vuelve a soltar aroma.
- Si queréis variar, podéis añadir un poco de cebollino picado, tomillo o una pizca de pimentón, pero sin cargar demasiado la masa. La protagonista debe seguir siendo la mezcla de queso y pasta choux.
Curiosidades de rechupete
Las gougères se asocian sobre todo a Borgoña, una zona francesa donde el vino y el queso tienen mucho peso en la mesa. Por eso no es raro verlas como aperitivo, especialmente en comidas con vino blanco o espumoso. Son pequeñas, fáciles de coger con la mano y tienen suficiente sabor para abrir boca sin llenar demasiado.
Aunque hoy las vemos casi siempre en formato individual, también existen versiones grandes, en corona o en piezas para cortar. La idea es la misma: una masa choux salada enriquecida con queso, horneada hasta quedar hueca y ligera por dentro.
El nombre puede sonar muy de restaurante fino, pero la receta es bastante doméstica. En realidad, una vez entendida la técnica, las gougères no son más complicadas que unos choux dulces. La diferencia está en el queso, la sal, la pimienta y ese punto de aperitivo que las hace tan fáciles de sacar al centro de la mesa.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.
Aunque pueda parecer una masa difícil, la clave para saber si la pasta choux está bien hecha está en su textura final: debe quedar brillante, espesa y flexible, pero no líquida. Si al levantar la espátula cae formando una especie de cinta pesada, vamos por buen camino.
En esta receta conviene tener cuidado con el tamaño de los huevos, porque no todos hidratan igual la masa. Si usáis huevos grandes, podéis batir el último aparte e incorporarlo poco a poco hasta conseguir el punto correcto, sin necesidad de echarlo entero.
También suele surgir la duda de si las gougères se pueden preparar con antelación. Se pueden hacer unas horas antes y dejarlas a temperatura ambiente, pero están mejor recién horneadas o recalentadas unos minutos. Si las guardáis en un recipiente cerrado mientras aún están calientes, se ablandarán.
No pasa nada si algunas quedan más redondas y otras más rústicas. La forma casera de las gougères tiene su encanto, sobre todo cuando usamos dos cucharillas en lugar de manga pastelera. Lo importante es que tengan un tamaño parecido para que se horneen al mismo ritmo.
Si después del horneado se bajan, casi siempre hay dos motivos: horno abierto antes de tiempo o falta de cocción interior. Necesitan salir bien doradas y ligeras; si las retiramos cuando aún están pálidas, la estructura no aguanta y se desinflan.
Última revisión: 23 junio 2026
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45 min. cocinando, 30 min. para hacer y editar las fotos, 45 min. para redactar y 35 min. para organizar y publicar todo en la web y en redes sociales.
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