Para 4
3.75€/pers.
185kcal/100g
Ingredientes
- Para la pasta:
- 500 g de pasta fresca rellena de espinacas
- Agua
- Sal
- Para la salsa de mejillones y setas:
- 1 kg de mejillones gallegos
- 1 cebolla grande
- 2 dientes de ajo
- 1/2 pimiento verde
- 2 tomates pera pelados
- 150 g de setas tipo cardo
- 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 100 ml de vino blanco, mejor un albariño o un ribeiro
- 100 ml del caldo colado de abrir los mejillones
- 1 pizca de cayena molida
- 1 cucharada de perejil fresco picado, opcional
- Sal y pimienta negra recién molida al gusto
No hace falta montar una salsa pesada ni cubrir la pasta con media despensa para que un plato quede redondo. Aquí lo que manda es el equilibrio: una pasta fresca rellena de espinacas que ya viene con su punto cremoso, unos mejillones que sueltan un caldo con un sabor tremendo y unas setas que meten ese lado terroso que hace que todo encaje de maravilla. Sale un plato jugoso, con fondo marinero y con ese aire de comida especial que, en realidad, se resuelve bastante mejor de lo que parece.
Lo bueno de esta receta es que tiene ese cruce tan agradecido entre Italia y Galicia que funciona sin tener que forzar nada. La idea recuerda a unos raviolis rellenos de espinacas con salsa de queso Gorgonzola y pera por el lado de la pasta rellena, tiene algo del espíritu de una pasta con salsa marinara con penne ziti rigate por el sofrito sabroso y el punto de mar, y también se puede emparentar con aquellos tagliatelle rosso con vieiras y albariño donde el vino blanco y el marisco convierten un plato de pasta en algo mucho más festivo.
Receta casera de pasta fresca rellena de espinacas con salsa de mejillones y setas

Preparación paso a paso
- Limpiamos los mejillones y los abrimos. Lavamos muy bien los mejillones bajo el grifo, retiramos las barbas y raspamos las conchas si hace falta. Los ponemos en una cazuela amplia con un dedo de agua, tapamos y llevamos a fuego vivo. En cuanto se abran, los retiramos para que no se resequen. Colamos el caldo y reservamos 100 ml. Dejamos templar y sacamos la carne de los mejillones. Si queremos, guardamos 4 o 5 con media concha para decorar.
- Dejamos listas las verduras. Picamos la cebolla, el ajo y el pimiento verde bien finos. Cortamos las setas de cardo en tiras o trozos medianos. Los tomates pelados los picamos menudos o los rallamos, según nos guste encontrar más o menos tropezón.
- Empezamos el sofrito con calma. Ponemos el aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia o una cazuela baja. Sofreímos la cebolla y el pimiento a fuego medio-bajo durante unos 8-10 minutos, hasta que estén blanditos y con buen color. Añadimos el ajo y removemos un minuto más, justo para que perfume sin quemarse.
- Salteamos las setas y metemos el tomate. Incorporamos las setas y subimos un poco el fuego para que pierdan agua y se doren ligeramente. Cuando cambien de color, añadimos el tomate y la pizca de cayena. Salpimentamos con prudencia, porque luego entra el caldo de los mejillones. Cocinamos todo junto unos 8 minutos, hasta que el sofrito quede concentrado y con aspecto meloso.
- Mojamos la salsa y la dejamos coger cuerpo. Vertemos el vino blanco y dejamos que hierva un par de minutos para que se evapore el alcohol. Añadimos después los 100 ml del caldo de los mejillones que habíamos reservado. Cocinamos a fuego medio otros 5 minutos. La salsa tiene que quedar ligada, no aguada.
- Terminamos la salsa con los mejillones. Cuando el conjunto ya esté sabroso y con buena textura, añadimos la carne de los mejillones y removemos con suavidad. Los dejamos solo 1-2 minutos dentro de la salsa, lo justo para que se integren y se calienten. Probamos y rectificamos de sal y pimienta si hiciese falta.
- Cocemos la pasta fresca. Ponemos abundante agua a hervir en una olla grande. Cuando rompa a borbotones, salamos bien y cocemos la pasta fresca rellena de espinacas el tiempo que indique el envase, que normalmente serán unos 4-5 minutos. Conviene moverla con delicadeza al principio para que no se pegue y tratarla con mimo para que no se rompa el relleno.
- Unimos pasta y salsa sin marearla demasiado. Escurrimos la pasta con cuidado y la pasamos directamente a la cazuela de la salsa. No hace falta echarle aceite. Mezclamos con movimientos suaves, mejor zarandeando un poco la cazuela o usando una cuchara ancha, para que la salsa se pegue bien y los rellenos no se destrocen. Si hiciera falta, añadimos una cucharada del agua de cocción de la pasta para soltar un poco el conjunto.
- Servimos al momento. Repartimos la pasta con salsa de mejillones y setas en platos hondos. Terminamos con un poco de perejil fresco picado y una vuelta de pimienta negra. Aquí lo mejor es llevarla a la mesa recién hecha, cuando la salsa sigue brillante y la pasta todavía conserva toda su gracia.








Consejos para una pasta fresca rellena de espinacas con salsa de mejillones y setas de rechupete
- Elegid mejillones frescos y descartad los que estén rotos o no se cierren al tocarlos antes de cocinar.
- No os paséis con la sal al principio; el caldo de los mejillones ya mete bastante sabor.
- La pasta fresca rellena no agradece cocciones largas. Un minuto de más y pasa de estupenda a blandurria.
- Si queréis una salsa más fina, picad la verdura muy menuda. Si os gusta con más cuerpo, dejad las setas en trozos generosos.
- No aceitéis la pasta después de cocerla: la grasa hace que la salsa se agarre peor.
- El queso rallado, en esta receta, no es imprescindible. El protagonismo aquí está en el relleno, el vino blanco y el punto marino de los mejillones.
Curiosidades de rechupete
La pasta rellena tiene mucha historia dentro de la cocina italiana, pero no siempre se mueve por las mismas zonas ni con los mismos rellenos. Cambian las formas, cambian las masas y cambia lo que va dentro, aunque la idea de envolver un relleno sabroso en una lámina fina de pasta lleva siglos dando alegrías.
Por otro lado, los mejillones gallegos tienen una fuerza brutal en cocina porque son agradecidos, baratos comparados con otros mariscos y sueltan un jugo que vale oro. Con muy poca cosa alrededor ya te montan una salsa con carácter, de esas que huelen a cocina buena nada más acercarte a la cazuela.
Lo bonito de platos como este es que no pertenecen a una tradición cerrada de manual, sino a esa cocina doméstica donde dos despensas se entienden perfectamente. Una pasta rellena italiana y una salsa marinera con acento gallego, bien llevadas, no chocan: se hacen compañía.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails
En cuanto los mejillones entran en juego, aparece siempre la misma pregunta: si los que no se abren se pueden aprovechar. Aquí no merece la pena jugársela. Los que sigan cerrados después de la cocción, fuera. No compensan el riesgo y además suelen estropear el resultado.
Más de uno se encuentra con otro momento delicado cuando llega la olla y piensa si la pasta fresca se puede cocer con antelación. Poder, se puede. Quedar bien, ya es otra historia. En una receta como esta lo ideal es cocerla al final y pasarla enseguida a la salsa, porque es justo ahí cuando queda en su punto y no se apelmaza.
A menudo también sale la duda de si conviene poner queso rallado al servir. Aquí va por gustos, pero lo cierto es que una lluvia fuerte de parmesano tapa parte del sabor marino de la salsa. Un poco de pimienta o perejil fresco le sienta mejor y deja respirar al plato.
Cuando toca hacer la compra, no falta quien pregunta si las setas de cardo se pueden cambiar por otras. Sin problema. Champiñón, portobello o una mezcla de setas también funcionan. Lo único importante es saltearlas bien para que no suelten agua de más y no os agüen la salsa.
Última revisión: 18 abril 2026
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45 min. cocinando, 30 min. para hacer y editar las fotos, 45 min. para redactar y 35 min. para organizar y publicar todo en la web y en redes sociales.
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