Para 4
2.5€/pers.
210kcal/100g
Ingredientes
- 500 g de hígados de pollo
- 100 ml de aceite de oliva virgen extra
- 4 dientes de ajo
- 1 ramita de perejil fresco
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- Sal y pimienta al gusto
- 50 ml de vino blanco (opcional)
Si estás buscando un plato rápido, lleno de sabor y con ese toque de cocina casera tradicional, los higaditos de pollo al ajillo son tu solución perfecta.
Con apenas unos ingredientes y unos minutos en la sartén, conseguirás un plato que combina la intensidad del hígado de pollo con la suavidad y aroma del ajo y el aceite de oliva, creando un resultado jugoso, tierno y absolutamente irresistible. Este plato es ideal para un aperitivo fuerte o como plato principal acompañado de un buen pan para mojar.
Los higaditos de pollo al ajillo tienen raíces profundas en la cocina española, especialmente en regiones donde el aprovechamiento de todas las partes del pollo ha sido tradicional.
Este plato es un ejemplo clásico de la cocina humilde que se transforma en un manjar gracias a técnicas sencillas: dorar en aceite, añadir ajo y un toque de vino. El uso de hígados de pollo como ingrediente principal no solo aporta sabor, sino también nutrientes esenciales como hierro y vitaminas del grupo B, lo que lo hace un plato nutritivo y económico. Además, el toque del pimentón aporta ese sabor ahumado y característico que nos recuerda a la gastronomía manchega y castellana.
Siguiendo con la casquería, y para que tengas opciones para todos los gustos, hemos preparado este recopilatorio con los platos más tradicionales de casquería en España.
Si te gustan los higaditos de pollo al ajillo, también puedes probar el hígado encebollado, donde el dulzor de la cebolla caramelizada contrasta con la intensidad del hígado. Otra alternativa es el pollo en pepitoria con setas Shiitake, que aunque tradicionalmente se hace con gallina, la versión con pollo no le tiene nada que envidiar. Por último, el pollo a la cerveza ofrece una versión más variada, perfecta para aperitivos o tapas.
Receta casera de higaditos de pollo al ajillo

Preparación paso a paso
- Limpiamos bien los hígados de pollo, retirando restos de grasa, venas o pieles que puedan quedar. Los secamos ligeramente con papel absorbente para que no suelten demasiada agua al freír.
- Pelamos los dientes de ajo y los laminamos finamente. Si prefieres un sabor más suave, puedes triturarlos ligeramente en lugar de cortarlos.
- En una sartén grande, calentamos el aceite de oliva a fuego medio. Añadimos los ajos laminados y los doramos lentamente hasta que empiecen a liberar su aroma y tomen un ligero color dorado, evitando que se quemen para que no amarguen.
- Subimos un poco el fuego y añadimos los hígados de pollo, repartidos uniformemente en la sartén. Salpimentamos al gusto y dejamos que se cocinen, removiendo ocasionalmente para que se doren de manera uniforme por todos los lados. Este proceso dura aproximadamente 5-7 minutos, dependiendo del tamaño de los hígados y de la intensidad del fuego.
- Cuando los hígados estén casi en su punto, añadimos el pimentón dulce y removemos rápidamente para que no se queme. Este toque aporta color y potencia el sabor sin necesidad de condimentos adicionales.
- Si queremos un toque más jugoso y aromático, incorporamos el vino blanco, dejando que se evapore el alcohol durante 1-2 minutos mientras los higaditos absorben parte del líquido. Este paso es opcional, pero recomendable para intensificar el sabor.
- Picamos finamente la ramita de perejil fresco y la añadimos al final, justo antes de retirar los higaditos de la sartén. El perejil aporta frescor y equilibrio a la intensidad del ajo y el hígado.
- Servimos los higaditos de pollo al ajillo calientes, acompañados de pan, patatas fritas o una guarnición sencilla de ensalada. La combinación de sabores y texturas hace que cada bocado sea intenso y satisfactorio.
La sencillez de su preparación y la riqueza de sus ingredientes hacen que este plato mantenga un lugar especial en la gastronomía española, siendo un ejemplo perfecto de cómo la cocina humilde puede ser deliciosa y nutritiva.



Consejos para unos higaditos de pollo al ajillo de rechupete
- Limpia bien los hígados para eliminar cualquier resto amargo o fibroso.
- No sobrecocines los hígados, deben quedar jugosos y tiernos, no secos ni gomosos.
- Dore los ajos lentamente, esto potenciará su sabor sin que se quemen.
- Añadir un poco de vino blanco al final potencia el aroma y la jugosidad del plato.
- Ajusta la cantidad de pimentón según tu gusto, para que no domine el sabor del hígado.
- Sirve inmediatamente tras cocinar para disfrutar de la textura óptima de los hígados.
Curiosidades de rechupete
Los higaditos de pollo son ese tipo de ingrediente que, o lo amas o lo odias, pero bien cocinados al ajillo cierran muchas bocas. Lo curioso de este plato es que forma parte de la esencia de la «casquería fina» española; esa cocina de aprovechamiento que no tira nada y que alimentó a medio país durante décadas. Antiguamente, los higaditos eran un lujo para los bolsillos más humildes porque aportaban muchísima energía por muy poco dinero.
Además, el truco del ajillo no es solo por sabor, sino que servía para suavizar el gusto potente de la víscera. Es un clásico imbatible en las pizarras de los bares más castizos de Madrid o Andalucía, y lo mejor es que se hacen en lo que tardas en abrir una cerveza y sacar el pan a la mesa.
Algunas dudas que os pueden surgir en la receta. Contestando vuestros emails
Es muy probable que te preguntes cómo quitarles ese amargor que a veces tienen. El secreto está en una limpieza a fondo: quita cualquier resto de grasa o venilla y, si tienes tiempo, déjalos en un bol con agua fría y un chorro de vinagre o leche unos 20 minutos antes de cocinarlos. Esto los deja mucho más suaves y listos para triunfar.
Mucha gente duda sobre cuándo es el momento exacto para sacarlos de la sartén. Mira, el hígado tiene el peligro de que si te pasas, parece que estás comiendo suela de zapato. Tienes que cocinarlos a fuego alegre pero no eterno; cuando veas que están doraditos por fuera y que al pincharlos ya no sale sangre, fuera. Deben quedar jugosos y con ese punto tierno que se deshace en la boca.
Otra consulta típica es si se puede usar pimentón picante en lugar del dulce. Claro que sí, de hecho, si te gusta el mambo, el toque picante le va de cine al hígado y al ajo. Eso sí, ten cuidado de no quemarlo al echarlo a la sartén o se te quedará un sabor amargo que no habrá quien lo arregle ni con un litro de vino.
Finalmente, hay quien pregunta con qué acompañarlos para que no sea un plato pesado. Aunque el cuerpo te pida patatas fritas, una ensalada de tomate bien aliñada o un poco de arroz blanco funcionan de maravilla para refrescar el paladar entre bocado y bocado de higadito.
Última revisión: 28 enero 2026
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