Para 4
1.25€/pers.
145kcal/100g
Ingredientes
- 8 higos frescos, unos 450 g
- 120 g de rulo de queso de cabra
- 20 g de miel
- 4 ramitas de tomillo fresco
- Pimienta negra recién molida
- Sal en escamas
Los higos asados con queso de cabra y miel tienen una dificultad que conviene resolver antes de encender el horno: queremos calentar la fruta lo suficiente para que la pulpa quede más blanda y jugosa, pero sin convertir cada higo en una masa abierta sobre la fuente. Aquí funciona mejor un calor corto y bastante intenso que una cocción larga. El interior se vuelve más meloso y el queso se ablanda mientras la piel todavía sostiene el conjunto.
El corte también tiene una función práctica. Hacemos una cruz desde la parte superior, pero dejamos la base del higo entera. Así podemos abrirlo en cuatro pétalos sin separar las piezas y crear un hueco para el queso de cabra blando. El queso queda protegido dentro de la fruta en vez de desparramarse por la fuente en cuanto empieza a calentarse.
La miel conviene tratarla con medida. Un higo en temporada ya trae bastante dulzor, así que no necesitamos bañarlo. Añadimos la miel después del horno, en un hilo fino, para conservar mejor su aroma y evitar que se oscurezca o se queme. La clave está en escoger higos maduros pero todavía firmes: deben ceder ligeramente al tacto, pero no hundirse con solo cogerlos. Para profundizar en tipos y usos, tenemos esta guía sobre la miel en la cocina.
Esta combinación permite seguir por tres caminos distintos. La tosta de aguacate con queso de cabra, nueces y miel lleva el queso y la miel a un formato crujiente; la mermelada casera de higos sirve para aprovechar la fruta cuando tenemos mucha y está muy madura; y la ensalada templada de setas y queso de cabra mantiene el queso en un plato salado, pero cambia por completo el papel de la fruta.
Receta casera de higos asados con queso de cabra y miel

Preparación paso a paso
- Precalentamos el horno a 200 ºC, con calor arriba y abajo. Si usamos ventilador, bajamos a unos 190 ºC. Lavamos los ocho higos con suavidad y los secamos muy bien. Es importante secar bien los higos para que no entre agua en la fuente ni quede humedad superficial que retrase el asado.
- Cortamos solo la punta seca del rabito si la tiene. Con un cuchillo pequeño hacemos dos cortes perpendiculares desde arriba, formando una cruz. Bajamos aproximadamente hasta tres cuartas partes de la fruta, sin llegar a la base. Abrimos con cuidado los cuatro lados con los dedos, lo justo para dejar un hueco central.
- Colocamos los higos de pie y bastante juntos en una fuente pequeña de horno para que se apoyen entre sí. Repartimos el queso en ocho porciones e introducimos unos 15 g de queso por higo. Añadimos unas hojas de tomillo y un golpe muy ligero de pimienta negra. Reservamos parte del tomillo para el acabado.
- Introducimos la fuente en la zona central del horno y asamos durante 8-10 minutos. Estarán listos cuando la piel empiece a arrugarse ligeramente, la pulpa esté caliente y tierna y el queso se vea cremoso, con algún borde apenas dorado. Los higos deben mantener su forma al sacarlos.
- Retiramos la fuente y dejamos reposar 2 minutos. Repartimos los 20 g de miel en un hilo fino sobre los ocho higos, sin formar charcos. Terminamos con unas pocas escamas de sal y el tomillo reservado. Basta con unos cristales de sal para reforzar el contraste entre fruta, queso y miel.
- Servimos los higos templados, calculando dos por persona como entrante. Si en el fondo han quedado unas gotas del jugo de la fruta mezcladas con queso, podemos recogerlas con una cucharilla y repartir una cantidad pequeña sobre cada higo. No hace falta añadir más miel ni montar una salsa aparte.



Consejos para unos higos asados con queso de cabra y miel de rechupete
- En esta receta no sirve cualquier punto de madurez. Un higo duro tendrá poco aroma; uno excesivamente blando puede abrirse por completo al calentarse. Buscamos fruta madura, perfumada y con suficiente firmeza para sostener el relleno.
- El rulo de queso de cabra funciona bien porque podemos repartirlo en pequeñas porciones que se quedan en el centro y se ablandan sin licuarse de golpe. Un queso de cabra fresco muy húmedo quedará más cremoso y menos definido.
- El error más fácil es pasarse esperando mucho color. No queremos gratinar el queso hasta secarlo ni tostar la piel del higo. En cuanto la fruta esté tierna y el queso caliente, sacamos la fuente.
- Los 20 g de miel son suficientes para ocho higos. Si la fruta está especialmente dulce, podemos bajar a unos 15 g. Más cantidad acaba tapando el contraste salado del queso.
- Metemos la fuente únicamente con el horno ya caliente. Si empezamos en frío, alargamos el tiempo durante el que la fruta pierde agua y se ablanda.
- Conviene servirlos templados. Dos o tres minutos de reposo permiten mover los higos sin destrozarlos y el queso sigue cremoso.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.
Aunque pueda parecer una sustitución directa, con higos secos no funciona igual. Tienen mucha menos agua, una textura más densa y un dulzor bastante más concentrado. Se pueden combinar con queso de cabra y miel en otro aperitivo, pero no obtendremos esa pulpa caliente y jugosa.
También es razonable preguntarse si puede sustituirse el queso de cabra. Sí, pero cambia el equilibrio. Un queso azul aporta más sal y potencia; un brie o un camembert funden de otra manera; un queso fresco resulta más suave y húmedo. Si queremos conservar el perfil de esta receta, el rulo de cabra es la opción más equilibrada.
Podemos prepararlos con antelación hasta dejarlos cortados y rellenos. Los guardamos tapados en la nevera durante unas horas y los sacamos mientras se calienta el horno. La miel, la sal en escamas y el tomillo de acabado se añaden al final para que la fruta no llegue húmeda al horno.
En cuanto a si hay que pelarlos, la piel del higo se come siempre que la fruta esté sana y bien lavada. Aquí además nos interesa conservarla porque ayuda a mantener la forma durante el asado. Descartamos piezas con moho, olor fermentado, zonas podridas o daños importantes.
Si sobra alguna pieza, podemos guardarla un día en la nevera en un recipiente cerrado. Para recuperarla, lo mejor es un calentado corto y suave. Aun así, esta receta gana mucho recién hecha: después del frío, el higo estará más blando y el queso perderá parte de su textura cremosa.
Última revisión: 3 septiembre 2026
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