Para 9
0.7€/pers.
380kcal/100g
Ingredientes
- Para las bases:
- 130 g de harina de trigo de uso común
- 75 g de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
- 25 g de azúcar glas
- 1 yema de huevo L
- 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
- Ralladura fina de 1/2 limón
- 1 pizca de sal
- Para la crema de queso:
- 100 g de queso crema entero
- 100 g de queso mascarpone
- 30 g de queso parmesano, muy finamente rallado
- 30 g de mantequilla sin sal
- 80 ml de leche entera
- 30 g de azúcar glas
- 10 g de almidón de maíz o maicena
- 1 huevo L
- 15 ml de zumo de limón
- 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
- Para el acabado:
- 1 yema de huevo L
El Hokkaido cheese tart que hoy identificamos por su base dorada y su crema de queso tiene detrás una historia bastante poco solemne. En 2011, durante una venta en Singapur, el calor complicaba enfriar a tiempo unas tartaletas de queso que hasta entonces se servían frías. Acabaron vendiéndose recién horneadas, todavía templadas, y aquella forma de servirlas terminó abriendo el camino a una especialidad propia.
La construcción del dulce explica por qué no se comporta como una cheesecake en miniatura. La casa de Hokkaido que lo comercializa describe una base horneada dos veces: primero se cuece la tartaleta vacía y después vuelve al calor ya rellena. La crema, cuyo ingrediente principal es queso crema, se formula con una mezcla propia que no se publica. Por eso esta versión casera no pretende clavar una fórmula secreta; reproduce el contraste que sí conocemos: masa fina y crujiente, relleno suave y superficie tostada.
Tampoco hay que confundirlo con nuestra tarta de queso japonesa, que obtiene su volumen del merengue y se acerca a un suflé. Aquí el relleno se cocina previamente en un cazo y queda más próximo a una crema pastelera de queso. La combinación doméstica de queso crema, mascarpone y una pequeña cantidad de parmesano funciona bien porque suma acidez, grasa y profundidad sin convertir el relleno en algo salado.
Dentro del amplio mundo de las tartas de queso hay otros cruces interesantes. La tarta de queso con mascarpone comparte uno de los lácteos de la crema, mientras que el flaó de Ibiza y Formentera recuerda, desde otra tradición y con otro sabor, que queso y masa horneada pueden formar un postre con identidad propia sin necesidad de una base de galleta.
Elaboración del Hokkaido cheese tart


Cremamos mantequilla y yema antes de cerrar la masa de limón
- Batimos la mantequilla blanda con el azúcar glas hasta obtener una crema homogénea. No necesitamos montarla ni llenarla de aire; basta con que el azúcar quede bien integrado en la grasa.
- Añadimos la yema, la vainilla, la ralladura de limón y la sal. Mezclamos hasta que desaparezcan las vetas de huevo y la crema tenga un color uniforme.
- Incorporamos la harina y mezclamos solo hasta que no queden zonas secas. Estamos trabajando una masa de la familia de la masa quebrada dulce, de modo que amasar de más la vuelve más dura después del horno. Una duda real que aparece mucho en esta receta es si podemos sustituir la harina común por una harina de repostería muy floja. Poder, se puede, pero no es la opción más segura: una harina especialmente débil puede dejar estos cascos tan pequeños demasiado frágiles. En esta guía sobre tipos de harina podéis ver mejor las diferencias.
- Formamos un disco, lo envolvemos bien y lo dejamos en la nevera durante 60 minutos. ¿Podemos preparar esta masa el día anterior? Sí. Bien envuelta para que no se reseque ni tome olores, puede quedarse refrigerada hasta el día siguiente.


Formamos nueve cascos finos y los horneamos vacíos
- Dividimos la masa en nueve porciones parecidas y forramos con ellas nueve moldes individuales bajos de unos 6,5 cm. Presionamos desde el centro hacia las paredes hasta conseguir una capa fina y regular, de unos 3 mm, sin estirar la masa. Si usamos un formato distinto, conviene tener en cuenta que el diámetro y la altura cambian la cocción; esta guía de tipos de moldes ayuda a elegir uno equivalente.
- Recortamos el exceso del borde, pinchamos varias veces el fondo con un tenedor y llevamos los nueve moldes al congelador 10 minutos. ¿Hace falta poner legumbres o pesos de horneado sobre estas bases? Con este tamaño y este método, no. El frío previo y los pinchazos ayudan a mantener la forma y evitan tener que cargar una masa tan fina.
- Precalentamos el horno a 170 ºC, con calor arriba y abajo, y horneamos las bases durante 15-17 minutos, hasta que se vean secas y ligeramente doradas. Las dejamos templar unos 10 minutos antes de desmoldar. Una base todavía blanda al salir del horno se rompe con facilidad; al perder calor gana bastante firmeza.



Fundimos los tres quesos y espesamos la crema sin hervirla
- Ponemos en un cazo el queso crema, el mascarpone, el parmesano, la leche y la mantequilla. Calentamos a fuego medio-bajo mientras removemos hasta obtener una mezcla lisa, sin trozos visibles. Si os apetece preparar alguno de los lácteos en casa, en el blog tenéis tanto queso crema casero como mascarpone casero, aunque para esta receta interesa que estén bien escurridos y tengan cuerpo.
- Mezclamos el azúcar glas con la maicena y la incorporamos al cazo. Removemos bien para dispersar el almidón antes de que empiece a espesar.
- Batimos el huevo solo hasta romper su estructura y lo añadimos poco a poco mientras seguimos removiendo. Incorporamos la vainilla y el zumo de limón. Mantenemos el fuego bajo: la crema debe espesar sin llegar a hervir con fuerza, porque un hervor agresivo puede dejar el huevo granulado.
- Seguimos removiendo hasta que la crema cubra la espátula y, al pasar un dedo por ella, el surco permanezca unos segundos. No buscamos una salsa fluida; el relleno tiene que salir del cazo con cuerpo, porque después deberá sostener una pequeña cúpula.
- Retiramos del fuego, pasamos la crema por un colador fino y la cubrimos con film en contacto. La dejamos enfriar unos 20 minutos. ¿Podemos sustituir el mascarpone? Sí: una sustitución práctica es usar la misma cantidad de queso crema, aunque el resultado queda algo más ácido y menos mantecoso. ¿Y podemos preparar el relleno el día anterior? También. Lo refrigeramos bien tapado y lo removemos antes de pasarlo a la manga.




Rellenamos las nueve bases y fijamos la superficie con un frío corto
- Pasamos la crema templada a una manga pastelera y rellenamos las nueve bases casi hasta el borde. Terminamos con una cúpula baja y lisa, sin hacer rosetones ni picos decorativos.
- Llevamos las tartaletas al congelador durante 30 minutos. Este paso no pretende congelar el centro: solo queremos afirmar la superficie para que la yema del acabado pueda pintarse sin mezclarse con la crema.


Barnizamos con yema y damos el segundo horneado
- Subimos el horno a 220 ºC y colocamos la bandeja en una zona alta. Batimos la yema del acabado y pintamos una capa muy fina sobre el queso, procurando que no chorree por la masa.
- Horneamos con calor fuerte arriba, o con el grill vigilado de cerca, durante unos 3-5 minutos, hasta que aparezcan manchas doradas y tostadas irregulares sobre la crema. No buscamos un color idéntico en las nueve tartaletas ni una superficie seca.
- Sacamos la bandeja y dejamos reposar las tartaletas 10 minutos. Templadas, el centro está más suave y fragante; frías, la crema gana firmeza. No debe salir un queso líquido como lava: la textura correcta es cremosa y espesa, capaz de mantener el corte sin quedar seca.


Templadas o frías: servicio y conservación
Si las servimos el mismo día, basta con dejarlas templar después del segundo horneado. También están buenas frías; de hecho, ese cambio de temperatura hace que parezcan casi dos postres distintos. Quien prefiera el formato individual pero sin masa horneada puede echar un vistazo a estos mini cheesecakes, que resuelven el queso de otra manera.
¿Cuánto aguantan en la nevera? Entre 2 y 3 días, bien tapadas y siempre refrigeradas. Conviene guardarlas solo cuando estén completamente frías para que el vapor no reblandezca antes de tiempo la base. Aquí tenéis más pautas generales para conservar postres.
¿Cómo las recalentamos sin secar la crema? Con el horno a unos 175 ºC durante 3-5 minutos, solo hasta que pierdan el frío y el relleno vuelva a estar más blando. Si prolongamos mucho el calentado, el huevo y el almidón siguen cuajando y el interior pierde la textura que buscamos.
Última revisión: 20 septiembre 2026
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