Huevos fritos con farinato, un plato sencillo con sabor a Salamanca

Huevos fritos con farinato, un plato sencillo con sabor a Salamanca

Icono personas Para 2Icono euro 2.2€/pers.Icono calorias 290kcal/100g

Ingredientes

  • Aceite de oliva virgen extra
  • 250 g de farinato
  • 4 huevos camperos
  • Sal al gusto
  • Pan para acompañar

El farinato tiene una de esas virtudes que se agradecen mucho en la cocina de verdad: con muy poco trabajo llena el plato de sabor. No hace falta disfrazarlo, ni marearlo con demasiados acompañamientos. En estos huevos fritos con farinato la gracia está justo en eso, en dorar el embutido lo suficiente para que quede sabroso por fuera y jugoso por dentro, y servirlo con unos huevos recién fritos, de yema generosa y clara con puntilla.

Es una receta muy ligada a Salamanca, sobre todo a Ciudad Rodrigo, donde el farinato forma parte de la despensa tradicional y se asocia a platos contundentes, sencillos y de mucho pan al lado. Tiene un sabor peculiar, con ese punto de pimentón, grasa, pan y anís que lo hace distinto a un chorizo o a una morcilla. Por eso conviene tratarlo con mimo: si lo pasamos de calor o lo movemos demasiado, puede romperse y acabar hecho una pasta en la sartén. ¡Y que viva Castilla Y León!

Dentro de esa familia de platos humildes, potentes y agradecidos, encaja muy bien al lado del huevo frito perfecto, los huevos rotos con jamón o las migas manchegas, recetas que también tienen claro que un buen huevo, una sartén y un producto con carácter pueden arreglar una comida sin montar ningún espectáculo raro.

Aquí vamos con la versión más directa: farinato en rodajas, huevos fritos y pan. Nada de patatas, nada de complicaciones. Un plato rápido, de esos que se preparan en veinte minutos y que piden mesa sencilla, servilleta cerca y cero prisas para mojar la yema.

Receta casera de huevos fritos con farinato

Preparación paso a paso

  1. Sacamos el farinato de la nevera unos 15 minutos antes de cocinarlo para que pierda un poco el frío. Así se dora mejor y no se rompe tan fácilmente al tocar la sartén caliente.
  2. Retiramos la piel exterior del farinato con cuidado. Si está muy tierno, lo hacemos despacio para no aplastarlo. Después lo cortamos en rodajas gruesas, de unos 2 centímetros aproximadamente.
  3. Calentamos una sartén antiadherente a fuego medio. No añadimos aceite, o como mucho unas gotas si la sartén no está en muy buen estado. El farinato ya tiene grasa suficiente y, al calentarse, irá soltando la suya.
  4. Colocamos las rodajas de farinato en la sartén y las doramos sin moverlas constantemente. Las dejamos 2 o 3 minutos por un lado, hasta que cojan color, y les damos la vuelta con una espátula ancha.
  5. Doramos el otro lado otros 2 minutos. La idea es que el farinato quede tostado por fuera y meloso por dentro, no seco ni deshecho. Cuando esté en su punto, lo sacamos a un plato con papel de cocina.
  6. En otra sartén, calentamos abundante aceite de oliva virgen extra. Para unos buenos huevos fritos necesitamos aceite suficiente para que la clara se haga rápido y pueda formar puntilla.
  7. Cascamos cada huevo primero en una taza o cuenco pequeño. Así evitamos que caiga cáscara en la sartén y controlamos mejor que la yema no se rompa.
  8. Cuando el aceite esté caliente, pero sin humear, deslizamos el huevo en la sartén. Con una espumadera, vamos echando un poco de aceite caliente sobre la clara para que cuaje bien. Si nos gusta la puntilla, dejamos que los bordes se frían un poco más.
  9. Sacamos el huevo con cuidado, lo escurrimos bien y lo colocamos junto al farinato. Repetimos la operación con el resto de huevos, procurando no bajar demasiado la temperatura del aceite.
  10. Salamos los huevos al final, justo antes de servir. Llevamos el plato a la mesa con el farinato caliente, los huevos recién fritos y buen pan al lado. Aquí la yema manda.

Consejos para unos huevos fritos con farinato de rechupete

  • No fríamos el farinato con mucho aceite. No lo necesita. Si añadimos demasiado, el plato queda pesado y el embutido pierde parte de su gracia.
  • Fuego medio, no fuego fuerte. El farinato contiene pan y grasa, así que se tuesta rápido. Con demasiado calor puede quemarse por fuera antes de calentarse bien por dentro.
  • Tocarlo poco es clave. Damos una vuelta y listo. Si lo mareamos en la sartén, se rompe y acaba convirtiéndose en una masa.
  • La sartén antiadherente ayuda mucho. Sobre todo si el farinato es blando o muy fresco. Nos permite dorarlo sin que se pegue y sin añadir grasa de más.
  • Los huevos, mejor de uno en uno. Parece más lento, pero salen mucho mejor. Controlamos la clara, la puntilla y el punto de la yema.
  • Sal al final. Sobre todo en los huevos. El farinato ya tiene su punto de sal y especias, así que conviene probar antes de pasarnos.
  • El pan no es opcional en la práctica. La mezcla de yema, grasa del farinato y pimentón pide pan. Mejor si es pan de hogaza o una barra con buena miga.

Curiosidades de rechupete

El farinato es uno de los productos más reconocibles de Ciudad Rodrigo. De hecho, a los naturales de la ciudad se les conoce popularmente como farinatos, un apodo muy ligado a la identidad gastronómica de la zona.

Aunque por aspecto pueda recordar a un chorizo, no funciona igual en la sartén. Su composición, con pan o miga y grasa, hace que tenga una textura más blanda y un comportamiento distinto al calentarlo. Por eso no conviene cocinarlo con prisas ni tratarlo como un embutido seco.

Durante mucho tiempo fue un producto de aprovechamiento, ligado a la matanza y a una cocina económica, sabrosa y contundente. Hoy se sigue comiendo de forma muy sencilla, y los huevos fritos con farinato son probablemente una de las maneras más conocidas de disfrutarlo.

También existen versiones con patatas, con huevos rotos o incluso preparaciones más modernas, pero la combinación básica de farinato y huevo frito sigue siendo la más clara para entender el producto: grasa, yema, pimentón, pan y sartén.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.

Aunque pueda parecer buena idea añadir más aceite para que se dore antes, el farinato se cocina mejor con poca grasa. Si usamos una sartén antiadherente, normalmente basta con la grasa que va soltando el propio embutido.

Si al cortarlo vemos que está muy blando, no pasa nada. En ese caso, conviene hacer rodajas algo más gruesas y manipularlas con una espátula ancha. También ayuda que el fuego no esté demasiado alto.

Para quienes prefieren el huevo con la yema más hecha, podemos freírlo un poco más o tapar la sartén unos segundos. Aun así, la gracia de este plato está en dejar la yema cremosa, porque es lo que se mezcla con el farinato al comer.

Si sobra farinato ya cocinado, lo guardamos en la nevera bien tapado y lo recalentamos al día siguiente a fuego suave. No quedará exactamente igual que recién hecho, pero puede servir para rellenar un bocadillo caliente o para acompañar unas patatas cocidas.

También podemos preparar esta receta con un solo huevo por persona si la vamos a servir como entrante o tapa. Con dos huevos por cabeza queda más redonda como plato principal sencillo.

Última revisión: 26 mayo 2026

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