Para 4
2.35€/pers.
155kcal/100g
Ingredientes
- Para las humitas:
- 7 mazorcas de choclo o maíz tierno, con sus hojas
- 250 g de queso fresco desmenuzado, quesillo o mozzarella
- 1 cebolla pequeña
- 1 diente de ajo, opcional
- 2 huevos M
- 80 ml de nata líquida o crema de leche
- 30 g de mantequilla
- 60-80 g de harina de maíz precocida, sólo si la mezcla lo necesita
- 1 cucharadita rasa de sal
- Para acompañar, opcional:
- Ají o salsa picante suave
La gracia de estos bocados de maíz empieza mucho antes de probarlos. En cuanto la olla se pone a echar vapor y las hojas de mazorca empiezan a soltar ese aroma vegetal tan limpio, la cocina cambia de golpe. Las humitas ecuatorianas tienen precisamente eso: una mezcla de casa, merienda, desayuno largo y capricho salado que entra sola. Por fuera parecen humildes; por dentro llevan una masa tierna de choclo molido, queso y un punto de cebolla blanca que las vuelve redondas sin necesidad de meterles demasiadas florituras.
No son una receta difícil, pero sí de las que agradecen un poco de mimo. El maíz tiene que estar bien tierno, la mezcla debe quedar jugosa pero con cuerpo y el plegado pide un mínimo de calma las dos primeras piezas. Luego se le coge el tranquillo enseguida. En Ecuador suelen aparecer mucho con café, y no cuesta nada entender por qué: esa mezcla de masa de choclo, queso fundente y vapor recién levantado funciona de maravilla a media mañana o a media tarde.
A quien le gustan las masas de maíz bien hechas suele acabar cayendo en la misma familia de platos: unas arepas caseras para una cena rápida, unas arepas rumberas con relleno potente cuando toca algo más goloso, o unas tortillas de maíz para montar una comida informal con ganas. Las humitas van por esa misma senda, pero con un punto más tierno, más húmedo y más delicado. Son de esas recetas que no necesitan meter ruido para quedarse en la memoria.
Receta casera de humitas ecuatorianas

Preparación paso a paso
- Empezamos separando con cuidado las hojas de las mazorcas, procurando que salgan enteras. Reservamos las más grandes para envolver y dejamos las pequeñas para rematar o atar si nos hace falta. Les quitamos las hebras al maíz y limpiamos bien todo.
- Ponemos agua a hervir en una olla amplia y escaldamos las hojas durante 2 minutos. No buscamos cocerlas, solo volverlas flexibles para que no se rompan al doblarlas. Las sacamos, las escurrimos y las dejamos aparte.
- Desgranamos las mazorcas con un cuchillo. Lo más cómodo es apoyar cada una sobre la tabla y cortar de arriba abajo. Reservamos todos los granos y, si no tenemos vaporera, guardamos también las tusas porque nos pueden servir para improvisar una base dentro de la olla.
- Picamos muy fina la cebolla blanca. En una sartén fundimos la mantequilla y la cocinamos a fuego suave 6 o 7 minutos, hasta que quede blanda, brillante y sin dorarse en exceso. Si vamos a usar ajo, lo añadimos al final solo un instante para que no domine.
- Pasamos al vaso de una batidora o procesador los granos de maíz, la cebolla pochada, los huevos, la nata y la sal. Trituramos hasta lograr una masa espesa, algo granulosa y con textura cremosa. No hace falta dejarla fina como un puré de bebé; un poco de relieve le sienta muy bien.
- Miramos ahora la consistencia. Si el maíz que tenemos es muy húmedo, algo bastante habitual fuera de Ecuador, añadimos harina de maíz precocida poco a poco hasta que la mezcla quede con cuerpo, capaz de sostenerse sobre la hoja sin desparramarse. Incorporamos entonces unos 150 g del queso y mezclamos.
- Montamos cada humita usando dos hojas cruzadas. Doblamos uno de los extremos para formar una pequeña base, ponemos una cucharada generosa de masa en el centro y rematamos con un poco del queso restante. Cerramos los lados hacia dentro, plegamos y, si hace falta, sujetamos con una tira fina de hoja.
- Preparamos la olla para el vapor. Si tenemos vaporera, mejor. Si no, colocamos las tusas y unas cuantas hojas en el fondo para que las humitas no toquen el agua directamente. Añadimos agua sin llegar a cubrir esa base.
- Colocamos las humitas un poco inclinadas y con el cierre hacia arriba. Tapamos con hojas sobrantes y cerramos bien la olla. Llevamos el agua a hervor fuerte, bajamos luego a fuego medio y cocinamos al vapor entre 35 y 40 minutos.
- Las dejamos reposar 5 minutos fuera del fuego antes de abrirlas. Las servimos calientes, recién hechas, con un poco de ají al lado y, si nos ponemos en modo clásico, con una taza de café.





Consejos para unas humitas ecuatorianas de rechupete
- El mejor resultado sale con maíz muy tierno. Si los granos están duros o secos, la masa pierde jugosidad y la humita queda basta.
- La harina de maíz no siempre hace falta. Úsala solo para corregir la humedad de la mezcla, no por costumbre.
- La cebolla debe quedar pochada y suave. Si se dora demasiado, se come el sabor delicado del choclo.
- No llenemos las hojas hasta arriba. Con una porción generosa pero controlada se pliegan mejor y no revientan en la cocción.
- Conviene vigilar el agua a mitad de cocción. Si se evapora del todo, el vapor se corta y la textura ya no queda igual.
- Recién hechas están estupendas, pero al día siguiente se pueden recalentar al vapor o marcarlas en sartén sin hoja para que cojan una costrita muy seria.
Curiosidades de rechupete
El nombre de la humita viene del ámbito andino y está ligado a una tradición antiquísima del maíz. No hablamos de una ocurrencia moderna ni de una receta de aprovechamiento improvisada, sino de una elaboración con raíces hondas en la cocina precolombina y en la costumbre de envolver y cocer al vapor dentro de hojas.
Dentro de Ecuador convive con otros envueltos y masas de maíz, pero tiene una personalidad muy clara. Frente a elaboraciones más contundentes, la humita juega en una liga más tierna: choclo molido, queso, humedad justa y una cocción amable que deja el interior cremoso, nunca apelmazado.
Otra cosa bonita que tiene es su sitio en la mesa. No pide ceremonia. Sirve para desayunar, para merendar, para sacar una bandeja cuando cae visita o para resolver una cena ligera con algo de queso, salsa picante y café. Esa mezcla de sencillez y memoria es precisamente lo que la hace tan fácil de repetir.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails
Cuando la mezcla queda algo floja y da miedo que se salga por todos lados, aparece la duda de si hace falta añadir harina de maíz. La respuesta es sí, pero con cabeza. No se trata de convertir la masa en algo seco ni harinoso, solo de darle el punto justo para que se mantenga estable. Lo mejor es echar poca cantidad cada vez y mezclar antes de decidir si necesita más.
Más de uno se encuentra con hojas pequeñas o rotas y piensa enseguida si se pueden hacer igual. Se puede, sin drama. Lo más práctico en ese caso es usar dos hojas superpuestas para cada pieza. Si aun así van justas, una tira fina de otra hoja ayuda a cerrar y sujetar sin complicarse demasiado.
En cuanto salen de la olla, suele venir la pregunta de cómo saber si ya están listas. La señal buena es que la masa ha cuajado, mantiene la forma y la hoja se despega con bastante facilidad al abrirla. Si al destapar vemos el interior demasiado blando y casi líquido, les faltan unos minutos más de vapor.
No tarda en salir otra cuestión muy normal, que es qué queso les va mejor. Lo ideal sería un quesillo o un queso fresco que funda bien sin soltar demasiada grasa. Si no lo encontramos, una mozzarella de buena calidad o una mezcla suave con queso fresco funciona estupendamente. Lo que no les favorece demasiado son los quesos muy curados o con un sabor demasiado agresivo.
Última revisión: 24 abril 2026
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