Kourabiedes, galletas griegas de mantequilla

Kourabiedes, galletas griegas de mantequilla

Icono euro 0.45€/pers.Icono calorias 470kcal/100g

Ingredientes

  • 250 g de mantequilla sin sal
  • 100 g de azúcar glas
  • 1 yema de huevo
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 cucharada de brandy (opcional)
  • 350 g de harina de trigo
  • 100 g de almendras tostadas y picadas
  • 1 cucharadita de levadura química
  • Azúcar glas para rebozar

Hay dulces que, aunque no formen parte de tu infancia, consiguen ganarse un hueco en tu corazón repostero con una sola mordida. Los Kourabiedes, esas galletas griegas de mantequilla cubiertas hasta las cejas de azúcar glas, son de esas que no pasan desapercibidas.

Crujientes por fuera, tiernas por dentro, con sabor a mantequilla, almendra y un toquecito de licor que les da su punto exótico. Vamos, que una vez los pruebas, no hay vuelta atrás.

Estas galletas tienen nombre impronunciable pero una historia bien sencilla. Los Kourabiedes son una especie de primo mediterráneo del polvorón español o de los shortbread británicos.

Su origen es otomano, pero fueron adoptadas con entusiasmo por los griegos, que las convirtieron en un clásico navideño. Se preparan sobre todo en fiestas importantes como Navidad, bodas o bautizos, y no hay casa griega que no tenga una bandejita de estas galletas cuando toca celebración.

Eso sí, prepárate para una tormenta de azúcar glas: se sirven tan generosamente rebozadas que el primer mordisco puede dejarte la camiseta hecha un cuadro.

Si te van los dulces con tradición, te van a gustar unas cuantas joyas del recetario internacional. Las galletas de mantequilla danesas son un básico que nunca falla, con su sabor limpio y textura crujiente. En la misma línea pero con un toque andaluz, las mantecadas de As Pontes ofrecen una experiencia más densa. Y si quieres algo que se deshaga en la boca y tenga un aroma a anís irresistible, las perrunillas extremeñas son otro clásico de los de toda la vida.

Receta casera de Kourabiedes

  1. Sacamos la mantequilla de la nevera y la dejamos atemperar unos 30 minutos antes de empezar. Debe estar blandita, como pomada, pero no derretida. La ponemos en un bol grande y la batimos con varillas eléctricas o una batidora de pie durante 5 minutos, hasta que quede muy cremosa y haya cogido aire. Esto es clave para que los Kourabiedes salgan suaves y ligeros.
  2. Añadimos el azúcar glas poco a poco mientras seguimos batiendo, hasta integrarlo completamente. La mezcla debe quedar blanca y espumosa, como si estuviéramos montando nata. Incorporamos ahora la yema de huevo, la vainilla y, si nos apetece darle un toque más profundo, el chorrito de brandy. Batimos un minuto más para que todo se mezcle bien.
  3. En otro recipiente, mezclamos la harina con la levadura química y las almendras picadas. Estas pueden estar más o menos trituradas, según nos guste encontrarlas en trocitos o no. Vamos añadiendo esta mezcla seca al bol de la mantequilla, en varias tandas, removiendo con una espátula o una cuchara de madera. La masa irá espesando y al final puede que tengamos que usar las manos para integrarlo todo. No hace falta amasar, solo mezclar.
  4. Precalentamos el horno a 180 ºC con calor arriba y abajo, sin ventilador. Mientras tanto, cogemos porciones de masa del tamaño de una nuez (unos 25 gramos) y les damos forma: pueden ser bolitas, medias lunas o pequeñas herraduras. Las vamos colocando sobre una bandeja de horno con papel vegetal, dejando algo de espacio entre ellas porque crecen un poco al hornearse.
  5. Horneamos durante 15 a 18 minutos, hasta que empiecen a dorarse ligeramente por la base. No deben coger mucho color por encima: si se doran demasiado, pierden su textura tierna. Sacamos la bandeja del horno y dejamos enfriar 5 minutos antes de tocarlos, porque recién hechos son frágiles y se rompen con facilidad.
  6. Una vez templados, pero aún un poco calientes, los rebozamos generosamente en azúcar glas. Podemos usar un colador para espolvorearlos por encima o directamente meterlos en un cuenco con azúcar y moverlos con cuidado. Cuando estén fríos del todo, les damos una segunda capa de azúcar para rematar. Y listo: Kourabiedes para todos.

Son fáciles, agradecidos y, lo mejor, muy resultones para compartir. Así que ya sabes: ponte el delantal, bate bien esa mantequilla y prepárate para tener la cocina llena de polvo blanco.

Consejos para unos Kourabiedes perfectos

  • Usa mantequilla de buena calidad, porque aquí el sabor a mantequilla es el alma de la receta.
  • Si no tienes almendras ya tostadas, puedes tostarlas tú mismo en una sartén sin aceite hasta que empiecen a dorarse y soltar aroma.
  • No te saltes el paso de batir la mantequilla largo y tendido: esa aireación hace que queden ligeros y no mazacotes.
  • Para que el azúcar glas se pegue bien, hay que espolvorearlos cuando aún estén un poco calientes.
  • Si quieres un sabor más mediterráneo, puedes añadir una pizca de ralladura de naranja a la masa.
  • Se conservan genial en una lata metálica o caja hermética durante varios días. Eso si no desaparecen antes, claro.

Curiosidades de rechupete

En Grecia, los Kourabiedes no solo se preparan en casa: también son el regalo por excelencia. Si visitas a alguien durante las fiestas, es muy probable que te ofrezcan uno con un café griego bien cargado. Su forma redonda simboliza la felicidad y la unidad, y su generosa capa de azúcar representa la abundancia.

Algunas dudas que os pueden surgir en la receta. Contestando vuestros emails

Una de las consultas más habituales tiene que ver con la textura final de los Kourabiedes, porque hay quien se asusta al ver que al salir del horno están muy frágiles. Es completamente normal: estas galletas se asientan al enfriarse y es justo ese reposo el que les da la textura tierna y ligeramente quebradiza que las hace tan especiales.

También preguntáis mucho si se puede eliminar el brandy de la receta. Se puede sin problema. El licor aporta un matiz aromático muy suave, pero no es imprescindible. Si no lo usáis, el sabor a mantequilla y almendra seguirá siendo protagonista y el resultado seguirá siendo espectacular.

Otra duda recurrente es sobre el color del horneado. Los Kourabiedes no deben quedar dorados por arriba. Si cogen demasiado color, pierden esa mordida delicada tan característica. Lo correcto es que estén apenas tostados por la base y muy claritos en la superficie.

En cuanto al azúcar glas, muchos comentáis que parece excesivo. Y sí, lo es… a propósito. Estas galletas se reconocen precisamente por ese rebozado generoso. Además, el azúcar no solo endulza, también protege la galleta y ayuda a que se conserve mejor durante varios días.

Por último, surge la duda de si se pueden congelar. No es lo más recomendable una vez horneados y rebozados, ya que el azúcar pierde textura. Sin embargo, la masa cruda sí se puede congelar bien envuelta y formar las galletas directamente antes de hornear, ajustando un par de minutos el tiempo de horno.

Última revisión: 28 enero 2026

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