Cada 15 de junio se celebra el Día de la Picota, una fecha marcada en rojo para el Valle del Jerte y para todos los amantes de esta fruta tan especial. Coincidiendo con esta jornada, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Cereza del Jerte ha arrancado la certificación de las primeras picotas de la temporada, un proceso clave para garantizar al consumidor el origen, la calidad y la autenticidad de este producto único.
La campaña comienza con buenas perspectivas. Según ha explicado la DOP, las primeras picotas certificadas presentan una excelente calidad y no se han visto afectadas por las lluvias registradas durante el mes de mayo. De momento, el Consejo Regulador prevé certificar hasta 3,5 millones de kilos de picota dentro de la demarcación geográfica protegida, aunque el resultado final dependerá de la evolución meteorológica de las próximas semanas.

Una campaña con buenas previsiones para la picota
El presidente de la DOP Cereza del Jerte, José Antonio Tierno, ha señalado que la campaña de este año arranca con optimismo, tanto por la calidad del fruto como por el volumen previsto. Las primeras picotas certificadas mantienen las características que han convertido a este producto en uno de los grandes tesoros gastronómicos del norte de Extremadura: firmeza, textura crujiente, sabor dulce e intenso y una maduración natural en el árbol.
La picota es un fruto especialmente sensible a las condiciones climáticas. Las lluvias, el calor excesivo o los cambios bruscos de temperatura pueden influir en su evolución, por lo que desde la Denominación de Origen insisten en que habrá que seguir de cerca el desarrollo de la campaña. Aun así, las previsiones actuales son positivas. La campaña de cereza, por su parte, continúa con normalidad tras las lluvias de mayo. En estos momentos, la variedad que se está certificando es Lapins, la más numerosa entre las cerezas amparadas por la DOP. Representa más del 40% de la producción total y su temporada se prolonga habitualmente hasta finales de julio.
No todas las variedades han tenido la misma evolución. Según ha explicado Tierno, las lluvias de mayo afectaron especialmente a la variedad Van, con pérdidas que podrían alcanzar hasta el 80% de la producción, y en menor medida a la Navalinda. Estas variedades se encontraban en pleno proceso de maduración cuando se produjeron las precipitaciones. Antes de este episodio, la cosecha de la variedad Burlat había sido satisfactoria. Ahora, la DOP mira con confianza hacia la campaña de la cereza Lapins y, sobre todo, hacia las cuatro variedades de picota amparadas por la Denominación de Origen: Ambrunés, Pico Negro, Pico Limón y Pico Colorao.

Día de la Picota: una fruta que llega en su momento justo
El Día de la Picota, que se celebra cada 15 de junio, pone en valor una fruta muy ligada al Valle del Jerte y a su cultura agrícola. Las auténticas picotas alcanzan su punto óptimo de maduración a mediados de junio, casi un mes después que las variedades de cereza más tempranas.
Esta maduración más lenta es precisamente una de las claves de su calidad. La picota permanece más tiempo en el árbol, lo que favorece una textura más firme y crujiente, además de un sabor más dulce y concentrado. Cuando alcanza su madurez, el fruto se desprende de forma natural del pedúnculo, por eso llega al mercado sin rabito, una de sus señales más reconocibles.
Esa ausencia de pedúnculo no es un defecto, sino una característica propia de la picota auténtica. También suele tener un calibre algo menor que otras cerezas, una piel tersa y brillante, y una carne jugosa y consistente. Por eso es tan apreciada tanto para comer fresca como para utilizar en recetas dulces y saladas.




En cocina, la picota funciona de maravilla en postres caseros, bizcochos, tartas, clafoutis, mermeladas, compotas o helados. Pero también puede aportar un contraste delicioso en ensaladas, salsas para carnes, gazpachos de fruta o aperitivos con quesos. Su equilibrio entre dulzor y acidez la convierte en un ingrediente muy versátil durante las semanas en las que está en temporada.




30 años de la DOP Cereza del Jerte
La campaña de este año tiene, además, un carácter especial: se cumplen 30 años desde que la Denominación de Origen Protegida Cereza del Jerte comenzó a avalar el origen y la excelencia de este fruto.
Durante estas tres décadas, la DOP ha trabajado para certificar y promocionar las mejores cerezas y picotas del Valle del Jerte, garantizando al consumidor que el producto cumple unos estrictos criterios de calidad y procede de esta zona concreta del norte de Extremadura.
José Antonio Tierno ha destacado la importancia de la certificación, ya que es la herramienta que permite al consumidor identificar con seguridad que está comprando un producto auténtico, cultivado en el Valle del Jerte y ligado a una tradición agrícola familiar transmitida durante generaciones. El sello de la DOP no solo protege el nombre y el origen del producto, sino también una forma de cultivo estrechamente vinculada al territorio. En el Valle del Jerte, la agricultura sigue siendo una actividad esencial para la economía local, para el mantenimiento del paisaje y para la fijación de población en el medio rural.

Un producto único del Valle del Jerte
La picota del Jerte es mucho más que una cereza sin rabito. Es el resultado de un entorno natural singular, de un clima de montaña, de suelos concretos y de un conocimiento agrícola que forma parte de la identidad del valle.
Su temporada es corta, por eso conviene aprovecharla cuando llega al mercado. Para reconocer la auténtica picota del Jerte, lo más sencillo es fijarse en su aspecto: no tiene pedúnculo, presenta una textura firme, un color intenso y suele comercializarse acompañada del sello de la Denominación de Origen Protegida Cereza del Jerte.
Este 15 de junio, Día de la Picota, marca el inicio de una de las campañas más esperadas para los productores y para quienes disfrutan de la fruta de temporada. Una ocasión perfecta para reivindicar un producto de calidad, cercano y con una historia profundamente ligada al Valle del Jerte.

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