Obanyaki japonés (imagawayaki), pastelitos rellenos de anko

Obanyaki japonés (imagawayaki), pastelitos rellenos de anko

Icono personas Para 4Icono euro 0.8€/pers.Icono calorias 220kcal/100g

Ingredientes

  • 2 huevos L
  • 25 g de azúcar blanco
  • 40 g de miel
  • 300 ml de leche entera
  • 240 g de harina de trigo de todo uso
  • 8 g de levadura química o impulsor
  • 400 g de anko tsubuan, pasta dulce de judías azuki con trocitos
  • 10 ml de aceite vegetal suave

Hay dulces que se rellenan cuando ya están hechos. El obanyaki japonés va justo al revés: el relleno entra mientras la masa sigue cocinándose y las dos medias piezas se unen todavía dentro del molde. Ese pequeño montaje es lo que acaba dando un pastelito redondo y cerrado, con dos caras doradas, un borde sellado y bastante anko en el centro.

La masa se parece a la de unas tortitas, pero el resultado no busca altura ni una miga muy aireada. Aquí interesa una capa relativamente fina que aguante el relleno sin resultar pesada. Lo clásico es utilizar anko tsubuan, la pasta dulce de judías azuki que conserva parte del grano y deja un interior húmedo, denso y con textura. Es un relleno muy habitual en los dulces japoneses y aparece también en distintas preparaciones de mochi.

El nombre cambia bastante más que la receta. Imagawayaki, obanyaki y kaitenyaki conviven en Japón y su uso varía según la región. Una encuesta realizada a 4.849 personas mostró diferencias muy marcadas entre prefecturas, así que no conviene tratar uno de esos nombres como el único correcto. Para seguir explorando este tipo de elaboraciones, en nuestra selección de cocina japonesa hay más recetas dulces y saladas muy distintas entre sí.

Lo que sí se mantiene es la forma de cocinarlo: fuego bajo, poco aceite y paciencia al cerrar las dos mitades. El molde específico facilita mucho el trabajo, pero más adelante veremos una alternativa razonable si no lo tenemos.

Cómo hacer obanyaki japonés

Mezclamos la masa y la dejamos reposar

  1. Ponemos los huevos y el azúcar en un bol amplio. Batimos con unas varillas hasta que queden bien integrados, sin necesidad de montar la mezcla ni buscar mucho volumen.
  2. Añadimos la miel y la leche y volvemos a batir hasta conseguir una mezcla uniforme. Tamizamos aparte la harina junto con la levadura química y las incorporamos poco a poco al bol.
  3. Mezclamos solo hasta que no queden bolsas de harina. La masa debe quedar fluida y homogénea, algo más ligera que una masa de tortitas gruesa. La dejamos reposar 15 minutos a temperatura ambiente para que la harina termine de hidratarse.

Porcionamos el anko y calentamos el molde

  • Mientras reposa la masa, dividimos el anko en 8 porciones de unos 50 g. Con las manos ligeramente humedecidas formamos discos compactos y algo más pequeños que las cavidades del molde. No hace falta que sean idénticos: basta con que mantengan una forma que podamos colocar en el centro sin tocar las paredes.
  • Calentamos el molde para obanyaki despacio y a fuego bajo. La referencia es unos 175 ºC. Engrasamos cada cavidad con un poco de aceite y retiramos prácticamente todo el exceso con papel de cocina. Debe quedar una película muy fina; si dejamos demasiado aceite, el exterior se fríe por zonas y el dorado queda irregular.

Cocinamos las bases rellenas y las tapas

  • Pasamos la masa a una jarra con pico para verterla con más control. Si utilizamos un molde de cuatro huecos, llenamos dos cavidades aproximadamente hasta la mitad y dejamos las otras dos libres. Cocinamos 2 minutos a fuego bajo, hasta que el borde empiece a verse mate mientras el centro todavía está tierno.
  • Colocamos una porción de anko en el centro de cada una de esas dos bases y dejamos cocinar 1 minuto más. El relleno debe quedar centrado y rodeado por masa; no lo aplastamos contra el fondo ni contra las paredes.
  • Vertemos masa en las otras dos cavidades hasta aproximadamente un tercio de su altura y cocinamos 2 minutos. Estas medias piezas serán las tapas. Su superficie debe seguir húmeda y ligeramente pegajosa: si la dejamos cuajar por completo antes de unirla, será mucho más difícil conseguir un cierre limpio.

Unimos las dos mitades y completamos las tandas

  • Despegamos una base rellena con una espátula fina o una brocheta metálica, la levantamos y la colocamos con el anko hacia abajo sobre una de las tapas. Repetimos con la segunda. No buscamos aplastar las piezas, sino hacer coincidir los bordes mientras la masa de la tapa aún conserva humedad.
  • Presionamos suavemente alrededor del perímetro y cocinamos los obanyaki ya cerrados 2 minutos más a fuego bajo. Si el molde calienta de manera desigual, podemos girarlos o cambiarlos de cavidad. Deben quedar dorados por las dos caras, con el borde cocido y sin masa cruda.
  • Retiramos los dos primeros obanyaki a una rejilla y repetimos el mismo proceso con el resto de la masa y del anko hasta completar las ocho unidades. La rejilla permite que salga el vapor y ayuda a conservar mejor el exterior ligeramente firme. Los dejamos templar unos minutos antes de comerlos porque el relleno mantiene bastante calor.

Dudas al preparar obanyaki en casa

¿Se pueden hacer sin un molde específico para obanyaki? Sí, aunque la forma queda menos definida. Una opción bastante cercana es colocar aros metálicos para muffins ingleses sobre una sartén antiadherente plana y cocinar las dos mitades en ellos. Hacer la masa en un molde de magdalenas dentro del horno no reproduce el mismo resultado: cambia la cocción y la superficie queda más próxima a la de un pequeño bizcocho que a la de un dulce hecho a la plancha.

¿Se puede preparar una versión sin gluten? Una mezcla de repostería sin gluten de sustitución 1:1 es una opción más segura que cambiar toda la harina de trigo por un único almidón. La textura puede variar y habrá que vigilar la consistencia de la masa. Si la receta es para una persona celíaca, todos los ingredientes deben estar certificados y hay que evitar la contaminación cruzada en utensilios y superficies.

¿Se pueden congelar los obanyaki que sobren? Sí. Una vez fríos, los guardamos bien envueltos o en un recipiente hermético y pueden mantenerse hasta un mes en el congelador. Para recuperar mejor el exterior, los descongelamos en la nevera o calentamos con suavidad y terminamos unos minutos en horno o tostador a unos 175 ºC. En la nevera aguantan unos 2 días.

El anko es el relleno clásico, pero no el único. También se preparan con crema pastelera, chocolate o matcha. Si cambiamos el relleno, conviene que sea espeso y estable, nunca líquido, para que podamos cerrar las dos mitades sin que se salga por el borde. Con crema pastelera fría puede hacer falta alargar ligeramente la cocción.

Para servirlos no hace falta complicar nada. Una taza de té verde o té matcha encaja muy bien con el dulzor del anko. Y si os apetece continuar con la repostería japonesa, los mochis caseros, el pan de leche japonés y la tarta de queso japonesa llevan la merienda por tres caminos completamente distintos: masa de arroz glutinoso, pan tierno y una tarta muy aireada.

Última revisión: 22 septiembre 2026

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Categorías: Recetario de cocina Recetas de postres y dulces

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