Oliaigua con higos, la sopa menorquina que se retira antes de hervir

Oliaigua con higos, la sopa menorquina que se retira antes de hervir

Icono personas Para 4Icono euro 2.25€/pers.Icono calorias 55kcal/100g

Ingredientes

  • 1 kg de tomates bien maduros
  • 1 cebolla grande, unos 250 g
  • 1 pimiento verde italiano grande, unos 150 g
  • 4 dientes de ajo
  • 70 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 manojo pequeño de perejil fresco
  • 1 litro de agua
  • 8 g de sal, o al gusto
  • 160 g de pan de pueblo del día anterior
  • 8 higos frescos, unos 450 g

En la mesa, los higos no se cocinan dentro de la sopa. Se colocan en un plato, enteros, pelados o cortados por la mitad, y cada uno va comiendo un trozo entre cucharada y cucharada. Esa mezcla de tomate templado, pan empapado y fruta dulce forma parte de la manera tradicional de tomar el oliaigua con higos en verano.

El nombre procede de dos ingredientes que nunca faltan, el aceite y el agua. Fue una preparación ligada a las casas del campo menorquín, hecha con las hortalizas disponibles y con pan asentado. Según la época podían añadirse espárragos, col, huevo o patatas, pero la versión con tomate e higos es la que más se reconoce hoy fuera de la isla.

No te quedes sólo con esta versión. Tenemos muchas más recetas de gazpachos, salmorejos y sopas frías en el blog.

Aunque comparte varios ingredientes con otras sopas de verano, las hortalizas se cocinan y no se trituran. El caldo queda ligero, con trozos blandos de tomate, cebolla y pimiento. Además, no debe llegar a hervir: se retira cuando empieza a formarse espuma y aparecen las primeras señales de ebullición.

El tomate y el pan también aparecen en el gazpacho andaluz, aunque allí se trabajan en crudo y se trituran. En el salmorejo cordobés el pan da una textura mucho más espesa, mientras que la panzanella toscana los convierte en una ensalada. Son tres formas bastante distintas de aprovechar los mismos productos cuando están en su mejor momento.

Receta casera de oliaigua con higos

Preparación paso a paso

  1. Cortamos el pan de varios días en rebanadas muy finas. Podemos dejarlo al aire mientras preparamos la sopa para que pierda algo más de humedad. Si todavía está blando, lo tostamos ligeramente, sin dorarlo demasiado.
  2. Lavamos los tomates y el pimiento. Pelamos la cebolla y los ajos. Si los tomates tienen una piel fina, podemos dejársela; si resulta dura o correosa, los escaldamos durante 20 segundos, los pasamos a agua fría y los pelamos.
  3. Cortamos la cebolla en tiras cortas, el pimiento en trozos pequeños y los ajos en láminas. Troceamos los tomates de manera irregular, recogiendo también todo el jugo que suelten.
  4. Ponemos el aceite de oliva virgen extra en una cazuela amplia. Añadimos los ajos y los calentamos a fuego medio-bajo durante un minuto, sin dejar que tomen color.
  5. Incorporamos la cebolla, el pimiento y una pizca de sal. Cocinamos entre 12 y 15 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla esté blanda y el pimiento haya perdido su rigidez. No necesitamos dorarlos.
  6. Añadimos el tomate bien maduro junto con sus jugos. Cocinamos durante unos 20 minutos a fuego suave. El tomate debe perder buena parte de su agua y quedar blando, pero no hace falta reducirlo hasta obtener una salsa espesa.
  7. Lavamos y picamos el perejil. Lo incorporamos a la cazuela, vertemos un litro de agua y removemos con cuidado. Probamos el caldo y corregimos de sal.
  8. Mantenemos el fuego bajo y calentamos lentamente. Vigilamos la superficie: cuando aparezca una espuma clara en los bordes y veamos las primeras burbujas, retiramos inmediatamente la cazuela. No dejamos que hierva.
  9. Dejamos la sopa cubierta durante 10 minutos de reposo. Mientras tanto, lavamos los higos. Podemos llevarlos enteros a la mesa o pelarlos y cortarlos por la mitad.
  10. Repartimos las rebanadas de pan en platos hondos y vertemos el oliaigua por encima, procurando que cada ración lleve caldo y hortalizas. Esperamos unos minutos para que el pan se ablande sin deshacerse por completo.
  11. Servimos el oliaigua templado o a temperatura ambiente, acompañado de los higos en un plato aparte. Comemos pequeños trozos de higo entre las cucharadas de sopa.

Consejos para un oliaigua con higos de rechupete

  • Los tomates con sabor y muy maduros son más importantes que la variedad concreta. Si están firmes, pálidos o poco dulces, el caldo quedará bastante plano.
  • Evitamos el hervor fuerte, pero tampoco servimos la preparación apenas templada después de añadir el agua. Debe calentarse bien y retirarse justo antes de que empiece a cocer.
  • La cantidad de agua puede ajustarse. Si los tomates han soltado mucho líquido, un litro será suficiente. Cuando hayan reducido demasiado o queramos más caldo, añadimos otros 100 o 150 ml.
  • Un pan demasiado grueso absorberá casi todo el caldo y convertirá la sopa en una masa. Cortamos rebanadas finas, parecidas a las que se utilizan para las sopas mallorquinas.
  • Los higos frescos se sirven aparte. No los añadimos al sofrito ni los dejamos flotando dentro del plato, porque perderíamos el contraste entre la fruta dulce y la sopa salada.
  • No necesitamos una cazuela de barro para que salga bien. Una cazuela de fondo grueso funciona perfectamente y, además, deja de transmitir calor con más rapidez cuando la retiramos del fuego.
  • Cuando vayamos a preparar el plato con antelación, conviene guardar el pan por separado. Si lo dejamos dentro del caldo durante horas, se deshará y espesará demasiado la sopa.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.

Durante el verano es bastante común preguntarse si se puede sustituir el higo por melón. Sí, es una alternativa menorquina conocida. Lo cortamos en tajadas o dados grandes y lo servimos también fuera de la sopa.

Otra cuestión habitual es si el oliaigua se toma frío. Puede servirse fresco en los meses de calor, pero no necesita estar helado. Templado o a temperatura ambiente se percibe mejor el sabor del tomate y del aceite.

Para organizar la comida podemos plantearnos si puede prepararse con antelación. Aguanta bien de un día para otro. Dejamos que pierda el calor, lo pasamos a recipientes poco profundos y lo refrigeramos antes de que transcurran dos horas. Se conserva hasta tres días, con el pan y los higos guardados aparte.

No hace falta tirar la cazuela si ha empezado a hervir durante unos segundos. La sopa seguirá siendo comestible, aunque las verduras pueden romperse más y el caldo perder parte de su aspecto característico. Bajamos el fuego y la retiramos cuanto antes.

También puede surgir la tentación de comprobar si se puede triturar. Técnicamente se puede, pero obtendríamos una crema de tomate cocinada, no un oliaigua tradicional. Los trozos blandos de hortaliza y el pan escaldado forman parte del plato.

Última revisión: 24 julio 2026

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