En Sevilla uno puede entrar en una churrería, pedir calentitos y recibir exactamente lo que en buena parte de España llamamos churros. No es una denominación reciente ni una ocurrencia de los establecimientos para diferenciarse. La palabra lleva al menos desde finales del siglo XIX asociada a este dulce en la ciudad, y hay documentación bastante clara que demuestra que entonces ya se entendía como un nombre local para los churros.
Lo que no tenemos es algo muy distinto: un documento que diga quién empezó a llamarlos así o en qué momento nació exactamente la expresión. Por eso conviene separar lo que está documentado de lo que se ha repetido después. No sabemos el momento exacto en el que apareció la palabra “calentitos”, pero sí podemos retroceder más de 125 años y encontrarla funcionando ya con normalidad en Sevilla.
Antes de los calentitos estaban los churros… aunque su origen tampoco está tan claro
Con los churros ocurre algo parecido a lo que pasa con muchos platos populares: cuanto más antigua y sencilla es una preparación, más complicado resulta encontrar un inventor y una fecha de nacimiento. En esencia hablamos de una masa escaldada sencilla, elaborada fundamentalmente con agua y harina, que después se lleva a la fritura.
Durante años se ha repetido una historia muy vistosa según la cual los portugueses conocieron en China los youtiao, los llevaron a Europa y de ahí nacieron nuestros churros. Otra versión atribuye su popularización a los pastores españoles e incluso relaciona la palabra churro con las ovejas churras. El problema es que esas historias no encajan bien con la documentación histórica disponible. Historiadoras de la gastronomía como Ana Vega y María José Sevilla han señalado que en la Península ya existían en el siglo XV preparaciones de masa escaldada como los llamados cohombros, mucho antes de la supuesta llegada de la receta desde China. El origen chino de los churros, por tanto, no debería presentarse como un hecho.
Aquellas masas fritas fueron evolucionando y adoptando distintas formas y nombres según el lugar. De esa familia vienen denominaciones como tallos, tejeringos, porras, churros o calentitos, junto a otros muchos buñuelos dulces que forman parte de la tradición española de las frutas de sartén.

La prueba de que en Sevilla ya se llamaban calentitos en 1897
Aquí tenemos uno de los datos más interesantes. El 26 de abril de 1897, el periódico madrileño El Globo publicó una crónica sobre la Feria de Sevilla en la que describía las buñolerías del recinto. Al hablar de lo que salía de las sartenes, el periodista se refería a los “dorados buñuelos” y a los “retorcidos calentitos”, añadiendo inmediatamente la aclaración de que era como allí llamaban a los churros.
El detalle es importante. La crónica no está inventando ni explicando una palabra recién creada. Al contrario: necesita aclarársela al lector de fuera de Sevilla. Eso indica que el 26 de abril de 1897 el término estaba suficientemente implantado en el habla local como para que un periodista lo recogiera como una particularidad sevillana.
Por tanto, sería incorrecto decir que los calentitos “nacieron en 1897”. Lo único que podemos sostener con esa fuente es algo bastante más preciso: en 1897 ya era una palabra reconocible en Sevilla para referirse a los churros. Su uso necesariamente puede ser anterior.

Entonces, ¿por qué se llaman calentitos?
Aquí entramos en un terreno menos firme. La explicación más repetida es también la más sencilla: se venden y comen recién fritos, todavía calientes, y de ahí habría surgido ese diminutivo tan directo: calentitos.
Tiene lógica culinaria. Los churros son uno de esos alimentos que dependen muchísimo del momento de consumo. Recién salidos del aceite de fritura conservan el exterior crujiente y el interior tierno; cuando pasan demasiado tiempo hechos pierden buena parte de esa gracia. De hecho, conseguir una buena fritura es uno de los puntos fundamentales en los consejos para hacer churros perfectos.
Existe otra explicación: la palabra podría hacer referencia a que la masa tradicional se prepara incorporando agua muy caliente a la harina, es decir, escaldándola antes de freírla. Algunas fuentes sevillanas recogen las dos posibilidades. El problema es que ninguna de las dos explicaciones está documentada como el origen definitivo de la palabra. No conocemos un texto antiguo que diga expresamente “se llaman calentitos por esto”.
Así que la respuesta más rigurosa es esta: probablemente el nombre esté relacionado con el hecho de prepararlos y consumirlos calientes, pero no podemos demostrar cuál fue exactamente el mecanismo que originó el término.

Calentitos de rueda y churros de papa, la otra particularidad sevillana
La cosa se complica un poco más cuando entramos en una calentería sevillana. Tradicionalmente se pueden encontrar los calentitos de rueda, más gruesos y unidos inicialmente formando una gran espiral que después se corta, y los llamados churros de papa, más finos, estriados y normalmente presentados en tiras o lazos. La terminología puede cambiar incluso de un establecimiento a otro, así que tampoco conviene intentar convertirla en una clasificación universal.
El nombre “de papa” tiene además su propia historia. Una explicación recogida en Sevilla lo relaciona con los años de escasez de la posguerra, cuando se habrían empleado derivados de patata para suplir parcialmente la falta de harina. Posteriormente volvió la harina, pero en muchos sitios quedó el nombre. Al mismo tiempo, existen recetas actuales que sí incorporan patata a la masa, de modo que “churro de papa” no describe hoy una única fórmula idéntica en todos los establecimientos.
Y de “calentitos” sale también otro término muy sevillano: calentería, el establecimiento dedicado a prepararlos. El uso está bien arraigado en la ciudad y negocios históricos lo conservan como parte de su identidad. La propia Calentería 1860 explica que su familia utilizaba expresiones como “puesto de calentitos” o “calentería”, aunque precisa que adoptó oficialmente Calentería como nombre comercial en 1987. Esto último es importante para no caer en otra confusión: que un negocio tenga raíces en 1860 no demuestra que su nombre comercial actual existiese ya en 1860.

Una palabra ligada al desayuno sevillano
Los calentitos han quedado unidos al desayuno y la merienda de Sevilla, además de momentos especialmente reconocibles de la ciudad como la Feria de Abril. Precisamente es una crónica de la Feria la que nos proporciona aquella referencia de 1897. La costumbre ha sobrevivido en puestos, kioscos y establecimientos históricos, algunos con varias generaciones dedicadas a freírlos.
También encajan en esa forma tradicional de entender el desayuno en España: algo sencillo, recién preparado y comprado muchas veces en un negocio de barrio. Se pueden tomar solos, con azúcar o acompañados del clásico chocolate con churros, aunque tampoco desentonan junto a un café con leche.
Y ahí seguramente está la parte más interesante de la historia. Sevilla no inventó necesariamente una masa frita distinta del resto de España: lo que hizo fue conservar su propia manera de nombrarla. Igual que en otros lugares encontramos porras, tallos o tejeringos, aquí sobrevivió “calentitos” hasta convertirse en una pequeña pieza de identidad culinaria sevillana.
No hace falta inventar una leyenda más atractiva. Sabemos que el origen exacto de la palabra se nos escapa, pero también sabemos algo bastante sólido: los sevillanos llevan llamando calentitos a los churros, como mínimo, desde el siglo XIX. Y más de un siglo después siguen pidiéndolos exactamente así.
Si después queremos llevar esa tradición a casa, en Rechupete tenemos además una recopilación con distintas recetas de churros, desde los tradicionales hasta versiones como los churros sin gluten.
Categorías: Actualidad gastronómica




