Por qué los tomates no se guardan en la nevera y cuándo sí conviene hacerlo

Por qué los tomates no se guardan en la nevera y cuándo sí conviene hacerlo

Guardar los tomates en la nevera se ha convertido casi en una prohibición doméstica: se dice que el frío los deja insípidos, harinosos y sin aroma. La recomendación tiene una base real, pero está demasiado simplificada. El tomate es sensible al frío, sobre todo cuando todavía no ha terminado de madurar y cuando pasa muchos días a temperaturas bajas.

La clave está en distinguir un tomate verde o poco maduro, un tomate ya maduro y un tomate cortado. No necesitan el mismo tratamiento. También importa cuánto tiempo va a estar guardado y a qué temperatura. Por eso, más que repetir que el tomate «nunca va a la nevera», conviene entender qué le hace el frío y utilizarlo cuando de verdad nos interesa.

Si queremos conocer mejor este fruto, en Rechupete tenemos una guía sobre el tomate, sus propiedades, beneficios y usos en la cocina y otra sobre cómo conservar frutas y verduras en casa.

Qué le hace el frío al tomate

El tomate es un fruto sensible al daño por frío. Los rangos de conservación recomendados dependen de su estado de maduración: un tomate verde maduro tolera mejor temperaturas en torno a 12,5-15 ºC; uno que ya está tomando color, alrededor de 10-12,5 ºC; y uno firme y completamente maduro puede conservarse durante unos pocos días a unos 7-10 ºC. Una nevera doméstica suele estar bastante por debajo de esas temperaturas.

Cuando el tomate permanece demasiado tiempo a baja temperatura puede aparecer el llamado daño por enfriamiento: peor desarrollo del color y del sabor, maduración irregular, ablandamiento anómalo, pequeñas depresiones en la superficie y mayor predisposición al deterioro. No significa que un tomate vaya a estropearse por pasar una noche en el frigorífico. El problema aumenta con la intensidad del frío y la duración del almacenamiento.

El efecto que más notamos al comerlo está en el aroma. El sabor del tomate no depende únicamente de azúcares y ácidos. También intervienen numerosos compuestos volátiles aromáticos, responsables de buena parte de ese olor a tomate maduro que percibimos incluso antes de llevárnoslo a la boca.

Por qué un tomate frío puede saber a menos

Un estudio publicado en 2016 en Proceedings of the National Academy of Sciences analizó tomates maduros almacenados a 5 ºC. Después de varios días de frío descendieron de forma importante determinados compuestos volátiles relacionados con el aroma y también se redujo la actividad de genes implicados en producirlos.

Lo interesante es que los azúcares y los ácidos no se redujeron de la misma manera. Es decir, un tomate refrigerado puede conservar una cantidad similar de dulzor y acidez y, sin embargo, parecernos más plano porque ha perdido parte de su componente aromático. En la práctica lo percibimos como un tomate con menos olor y menos intensidad de sabor.

Además, devolverlo a temperatura ambiente no siempre corrige por completo el efecto de un almacenamiento prolongado. Parte de la producción de aromas puede recuperarse, pero después de bastantes días de frío la recuperación puede ser incompleta.

¿Cuánto tarda la nevera en afectar al sabor?

Aquí está el matiz que suele desaparecer de los consejos domésticos. En el estudio de 2016 no se observó una pérdida significativa de compuestos aromáticos después de uno o tres días a 5 ºC, mientras que el descenso sí fue claro después de siete días.

Otra investigación, publicada en 2020 y realizada con varias variedades y líneas de tomate, comparó frutos maduros conservados durante cuatro días a 7 ºC y a 20 ºC después de un manejo poscosecha previo. En esas condiciones no encontró diferencias sensoriales significativas entre ambos grupos.

Esto explica por qué no existe una respuesta idéntica para todos los tomates. La variedad, el grado de madurez, la temperatura real del frigorífico y el tiempo de almacenamiento cambian el resultado. El frío no actúa como un interruptor: una noche en la nevera no convierte automáticamente un buen tomate en uno malo.

Entonces, ¿dónde debemos guardar los tomates?

La regla más útil es mirar primero el punto de madurez.

Si están verdes, duros o todavía poco maduros, los dejamos fuera de la nevera, en un lugar ventilado, sin sol directo y lejos de fuentes de calor. Meterlos en frío demasiado pronto puede interferir con una maduración normal antes de que hayan desarrollado bien el color, el aroma y la textura.

Si están maduros y vamos a comerlos en uno o dos días, también compensa dejarlos a temperatura ambiente siempre que la cocina no sea muy calurosa. En pleno verano, con una casa muy caliente, esta recomendación deja de ser tan útil porque el calor acelera el deterioro.

Si están maduros y no vamos a consumirlos pronto, es preferible refrigerarlos antes que dejar que se pasen. Ahí la nevera funciona como una herramienta para ralentizar el deterioro. El objetivo es consumirlos en pocos días, no guardarlos durante una semana larga por sistema.

En este caso sirven también los principios generales de qué alimentos debemos guardar en la nevera y cómo conservarlos. Para comerlos crudos, podemos sacarlos un rato antes de servirlos para que pierdan el frío intenso y se perciban mejor sus aromas.

El tomate cortado sí debe ir a la nevera

Con un tomate entero estamos hablando principalmente de calidad. Cuando el tomate está cortado, entra también la seguridad alimentaria.

Una vez partido, troceado o pelado, debe guardarse en un recipiente limpio y tapado dentro del frigorífico. Las recomendaciones de seguridad alimentaria indican que las frutas y verduras cortadas, peladas o cocinadas deben refrigerarse y no permanecer a temperatura ambiente durante más de dos horas.

Así que medio tomate sobrante, una bandeja de tomate picado o una ensalada ya preparada no deben quedarse toda la tarde sobre la encimera. Aquí conservar el aroma pasa a segundo plano: primero está mantener el alimento en condiciones seguras.

Qué hacer con tomates muy maduros

Cuando el tomate ya está completamente maduro y vemos que no vamos a llegar a comerlo a tiempo, la peor decisión es dejarlo fuera solo por respetar la norma de «no meter tomates en la nevera». Refrigerarlo unos días es mejor que desperdiciarlo, y todavía tenemos muchas formas de aprovecharlo.

Los tomates muy maduros son estupendos para preparar gazpacho andaluz, salmorejo cordobés, salsa de tomate casera o un buen pa amb tomàquet. Si aún mantienen una textura firme, también funcionan muy bien en una ensalada Caprese.

Aprovecharlos antes de que se estropeen forma parte de una cocina sensata. Reducir el desperdicio de alimentos empieza muchas veces por saber cuándo merece la pena refrigerar, cocinar o transformar un producto.

La regla práctica para no equivocarnos

Podemos resumirlo en cuatro situaciones:

  • Tomate poco maduro: fuera de la nevera hasta que termine de madurar.
  • Tomate maduro que vamos a comer pronto: fuera si la temperatura de la casa es razonable.
  • Tomate maduro que no vamos a consumir enseguida: nevera y consumo en pocos días.
  • Tomate cortado: nevera, bien tapado y cuanto antes.

Así que no, los tomates no tienen prohibida la nevera. El consejo de mantenerlos fuera sirve para proteger su maduración, su aroma y su textura, pero no debe aplicarse de forma ciega. Un tomate perfecto que vamos a comer mañana estará normalmente mejor fuera; un tomate ya maduro que corre el riesgo de estropearse puede estar mejor dentro.

La mejor conservación no consiste en elegir siempre encimera o frigorífico, sino en adaptar la temperatura al estado real del tomate y al momento en que vamos a consumirlo.

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Categorías: Actualidad gastronómica Escuela de alimentación: cocina, técnicas e ingredientes

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