Probióticos para la diarrea infantil: cuándo pueden ayudar y qué debes saber

Probióticos para la diarrea infantil: cuándo pueden ayudar y qué debes saber

Cuando un niño tiene diarrea, es normal que en casa salten todas las alarmas. Cambios de pañal continuos, dolor de tripa, poco apetito, cansancio, vómitos o miedo a que se deshidrate. Y en medio de todo eso aparece una pregunta muy frecuente: ¿sirven los probióticos para cortar la diarrea de los niños?

La respuesta más honesta y respaldada por la ciencia es: a veces pueden ayudar a que dure menos tiempo, pueden ser un excelente coadyuvante que ayuda, pero nunca sustituyen a lo más importante, que es la rehidratación.

Los probióticos no son todos iguales. Su efecto depende de la cepa concreta (su «nombre y apellido» bacteriano), la dosis, el tipo de diarrea, la edad del niño y el momento en el que se empiezan a tomar. En algunos casos, como la diarrea asociada a antibióticos, la evidencia es más favorable. En otros, como la gastroenteritis aguda, los resultados son más variables según el microorganismo que haya causado la infección.

Por eso conviene aclarar bien qué pueden hacer, qué no pueden hacer y cuándo hay que consultar con el pediatra.

Qué son los probióticos

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidad adecuada, pueden aportar un beneficio para la salud. Esta definición es importante porque no basta con que un producto tenga bacterias o levaduras para que funcione en cualquier situación.

En el mundo de los probióticos se trabaja por cepas. Para entenderlo de forma sencilla: decir «los probióticos son buenos para la diarrea» es como decir «los vehículos son buenos para el campo». Un camión todoterreno sirve, pero un coche deportivo no. Con las bacterias pasa igual: hay que conocer su «nombre, apellido y número de matrícula» (la cepa exacta), en qué cantidad vienen y para qué problema concreto han demostrado ser útiles.

En el caso de la diarrea infantil, los probióticos más estudiados y respaldados por las guías médicas y científicas son:

  1. Lactobacillus rhamnosus GG (una bacteria estudiada para ayudar en la fase aguda).
  2. Saccharomyces boulardii (una levadura beneficiosa que, al no ser una bacteria, resiste a los antibióticos y protege la mucosa).
  3. Bifidobacterium BB-12 (una de las bacterias más estudiadas en bebés y lactantes, excelente para reforzar las defensas y ayudar a prevenir que aparezcan estas diarreas).

Aun así, no deberían usarse de forma automática en todos los niños ni en todas las diarreas.

Lo primero: la diarrea infantil no se trata solo con probióticos

La prioridad absoluta cuando un niño tiene diarrea es mantener una buena hidratación. La diarrea puede hacer que se pierdan agua y sales minerales, y en los niños pequeños esa pérdida puede ser más rápida que en los adultos.

Por eso, cuando hay diarrea importante, vómitos o riesgo de deshidratación, lo más útil suele ser el suero de rehidratación oral. No hablamos de bebidas isotónicas para deportistas, refrescos sin gas ni zumos, sino de soluciones específicas con una proporción adecuada de agua, sales y glucosa.

Los probióticos, cuando se usan, pueden ser un complemento. Pero el tratamiento de base sigue siendo la rehidratación y la vigilancia de los síntomas.

Probióticos y diarrea asociada a antibióticos

Aquí es donde la evidencia suele ser más favorable. Algunos niños desarrollan diarrea mientras toman antibióticos o poco después de terminarlos. Esto ocurre porque los antibióticos, además de actuar contra bacterias causantes de una infección, pueden alterar temporalmente parte de la microbiota intestinal.

Una revisión Cochrane sobre probióticos para prevenir diarrea asociada a antibióticos en niños encontró que los probióticos reducían el riesgo de este tipo de diarrea. Según sus datos, la diarrea apareció en el 8% de los niños que tomaron probióticos frente al 19% del grupo control. El análisis también sugería que dosis más altas, de al menos 5.000 millones de UFC al día, podían ser más eficaces.

Esto no significa que todos los niños que toman antibióticos necesiten probióticos. Pero sí puede tener sentido valorarlo cuando el niño ya ha tenido diarrea con antibióticos en otras ocasiones, cuando el tratamiento es más largo o cuando el pediatra lo recomienda.

Probióticos y gastroenteritis aguda

La gastroenteritis aguda, la inmensa mayoría de las veces provocada por un virus (como el temido Rotavirus), es la causa reina de la diarrea en la infancia. Y aquí es, precisamente, donde la ciencia se ha puesto más estricta en los últimos años.

Durante mucho tiempo, las guías médicas recomendaban dar probióticos de forma casi sistemática porque parecía que ayudaban a acortar el proceso un día o día y medio si se daban rápido. Sin embargo, los estudios científicos más recientes y rigurosos nos han pedido prudencia:

La última gran revisión de la organización Cochrane concluyó que, analizando los datos con la lupa, los probióticos pueden no tener un impacto tan claro ni generalizado en la duración de la diarrea infecciosa aguda. Es decir: no son la «varita mágica» que se creía hace una década.

Esto nos deja un mensaje muy sensato y realista para el día a día en casa: en una gastroenteritis normal y corriente, algunas cepas muy concretas (como las que vimos antes) podrían echar una mano en ciertos niños, pero ni son imprescindibles ni garantizan que la diarrea desaparezca antes. Lo que de verdad cura ese virus es el propio sistema inmunitario del niño y una buena hidratación.

No todos los probióticos son iguales

Este es probablemente el punto más importante. En el supermercado, la farmacia o internet podemos encontrar muchos productos “con probióticos”, pero eso no significa que todos tengan la misma evidencia.

Un yogur natural con fermentos vivos puede ser un alimento saludable, pero no equivale necesariamente a un probiótico clínicamente estudiado para diarrea. Un suplemento con muchas cepas tampoco tiene por qué ser mejor que uno con una cepa concreta bien estudiada. Y un producto infantil con dibujos, sabores o azúcar añadido no es automáticamente una buena opción.

Para que un probiótico tenga sentido, hay que fijarse en:

  • la cepa concreta;
  • la cantidad de microorganismos vivos;
  • la edad para la que está indicado;
  • la evidencia disponible;
  • la seguridad en ese niño concreto;
  • y la recomendación del pediatra o farmacéutico.

¿Puede darse yogur natural cuando hay diarrea?

Depende del niño, de la edad y de cómo lo tolere. En muchos casos, el yogur natural puede formar parte de una alimentación normal cuando el niño empieza a encontrarse mejor. Aporta proteínas, calcio y fermentos lácticos, y suele tolerarse mejor que la leche en algunas personas porque parte de la lactosa se ha fermentado y es más fácil de digerir por un intestino dañado.

Pero no conviene forzar. Si al niño no le apetece, vomita, le sienta mal o el pediatra ha indicado otra pauta, se respeta. Y, desde luego, mejor elegir yogur natural sin azúcar que postres lácteos, yogures de sabores o productos infantiles muy azucarados (el exceso de azúcar puede empeorar la diarrea).

Una opción sencilla cuando ya hay tolerancia es ofrecer pequeñas cantidades de yogur natural con plátano maduro o manzana rallada (si dejas la manzana rallada unos minutos al aire hasta que se oxide un poco, se potencian los taninos, que tienen un efecto astringente). Sin prisas y sin convertirlo en tratamiento principal

Qué puede comer un niño con diarrea

Durante años se recomendaban dietas muy restrictivas, pero hoy se tiende a volver antes a una alimentación normal, adaptada al apetito y tolerancia del niño. Lo importante es evitar comidas muy grasas, muy azucaradas o difíciles de digerir, y priorizar alimentos sencillos.

Pueden encajar preparaciones suaves como arroz blanco, puré de zanahoria, sopa de arroz, compota de manzana, patata cocida, plátano, pan tostado, pollo cocido o pescado suave. Si el niño toma lactancia materna, normalmente se recomienda continuarla siempre, ya que es el mejor factor protector.

No hay que obligar a comer grandes cantidades. Es mejor ofrecer raciones pequeñas y frecuentes, manteniendo siempre la hidratación.

Qué conviene evitar durante la diarrea

Cuando un niño tiene diarrea, conviene evitar refrescos, zumos, bebidas isotónicas de adultos, bollería, chucherías, comidas muy grasas, fritos, salsas pesadas y productos muy azucarados. Estos alimentos pueden empeorar la diarrea o no aportar lo que el niño necesita en ese momento.

Tampoco es buena idea dar medicamentos antidiarreicos por cuenta propia. En niños, algunos pueden ser peligrosos o estar contraindicados. Antes de usar cualquier medicamento o suplemento, mejor consultar.

Cuándo consultar con el pediatra

Hay situaciones en las que no hay que esperar. Conviene consultar con el pediatra o acudir a urgencias si hay sangre en las heces, fiebre alta, decaimiento importante, signos de deshidratación, vómitos persistentes, dolor abdominal intenso o diarrea muy abundante.

También hay que tener especial cuidado si se trata de un bebé pequeño, si el niño tiene enfermedades crónicas, si está inmunodeprimido o si la diarrea dura más de lo esperado.

Señales de posible deshidratación pueden ser: boca seca, llanto sin lágrimas, poca orina, somnolencia, irritabilidad, ojos hundidos o piel menos elástica. Ante la duda, mejor consultar.

¿Son seguros los probióticos en niños?

En niños sanos, muchos probióticos se consideran generalmente seguros, pero eso no significa que sean adecuados para todos.

Hay que tener especial precaución en bebés prematuros, niños inmunodeprimidos, niños con enfermedades graves, catéter venoso central, problemas intestinales importantes o ingresos hospitalarios recientes. En estos casos, los probióticos pueden tener riesgos poco frecuentes pero relevantes, y solo deberían usarse con indicación médica.

Además, los suplementos no siempre tienen la misma regulación que los medicamentos. Por eso importa elegir productos de calidad y con consejo profesional.

Entonces, ¿merece la pena dar probióticos?

La respuesta práctica sería esta:

  • En diarrea asociada a antibióticos, algunos probióticos concretos pueden ayudar a reducir el riesgo, especialmente si se usan con criterio y en dosis adecuadas.
  • En gastroenteritis aguda, la evidencia es más variable. Pueden ayudar en algunos casos, pero no son imprescindibles y no sustituyen al suero de rehidratación oral.
  • En todos los casos, lo más importante es evitar la deshidratación, observar al niño, seguir las recomendaciones del pediatra y no automedicar.

Fuentes consultadas

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