Para 8
0.8€/pers.
420kcal/100g
Ingredientes
- Para unas 18-20 rosquillas:
- 5 huevos medianos
- 80 g de azúcar
- 150 ml de aceite de oliva suave o aceite de girasol
- 30 ml de anís dulce
- 10 g de anís en grano
- 400 g de harina floja o harina de repostería
- 1 pizca de sal
- 1 huevo batido para pintar
- Para la cobertura:
- 250 g de chocolate negro, con leche o mezcla de varios chocolates
- 15 ml de aceite de girasol o 15 g de manteca de cacao
- Fideos de chocolate, chocolate blanco fundido, almendra picada o decoración al gusto
Las rosquillas jubilares son las más jóvenes de la familia de San Isidro, pero entraron por la puerta grande: masa con anís, horno y un baño de chocolate que las hace más golosas que las tontas, más vistosas que muchas listas y con ese punto de capricho castizo que apetece llevar a una merienda sin pensárselo demasiado.
La base recuerda a las rosquillas del Santo de siempre: huevos, harina, aceite, azúcar y anís. Lo que cambia aquí es el final. En vez de dejarlas desnudas, cubrirlas con glaseado de limón, merengue seco o almendra, las bañamos en chocolate fundido. De ahí sale una rosquilla aromática, seca pero agradable por dentro, con cobertura fina y un contraste muy majo entre el toque anisado y el cacao.
Para situarlas en el mapa dulce, van de la mano de otras masas tradicionales como las rosquillas fritas, las rosquillas o roscos fritos con limón y naranja y los buñuelos dulces de patata, tres recetas de esa repostería casera que tira de aceite, harina, aromas sencillos y mucho oficio. Pero estas tienen un detalle propio: se hornean y se terminan como pieza de pastelería, con brillo y chocolate.
Receta casera de rosquillas jubilares

Preparación de las rosquillas de San Isidro
- Precalentamos el horno a 190 ºC con calor arriba y abajo. Forramos una bandeja con papel vegetal y dejamos preparados el huevo batido y una manga pastelera o, si no tenemos, una cuchara y las manos ligeramente aceitadas.
- Ponemos los huevos en un bol grande con el azúcar y batimos durante unos minutos, hasta que la mezcla espume un poco y gane aire. No hace falta montar como para un bizcocho, pero sí conviene trabajarla bien para que la masa quede más ligera.
- Añadimos el aceite, el anís dulce, el anís en grano y la pizca de sal. Mezclamos hasta que todo quede integrado. Este punto es importante, porque el aroma del anís es el que le da a estas rosquillas de San Isidro su sabor reconocible.
- Incorporamos la harina poco a poco. Mezclamos primero con varillas o espátula y terminamos con una cuchara fuerte. Debe quedar una masa espesa, algo pegajosa, pero manejable. Si la vemos demasiado blanda, añadimos una cucharada más de harina, sin pasarnos para que no queden duras.
- Dejamos reposar la masa 15 minutos. Este descanso ayuda a que la harina se hidrate y a que podamos formar mejor las rosquillas sin pelear con ella.
- Formamos porciones de masa y hacemos rosquillas medianas. Podemos hacer un cordón y unir los extremos o formar una bola, aplastarla un poco y abrir el agujero central con los dedos aceitados. Colocamos las rosquillas en la bandeja, separadas entre sí, porque crecerán algo en el horno. Las pintamos con huevo batido para que cojan un dorado bonito.
- Horneamos durante 14-16 minutos, hasta que estén infladas, ligeramente doradas y con la superficie firme. No buscamos una rosquilla muy tostada; si se secan demasiado, luego el chocolate no las salva.













Preparación del glaseado (chocolate y limón)
- Las sacamos del horno y dejamos que se enfríen por completo sobre una rejilla. No las bañamos en caliente, porque el chocolate resbalaría peor y perderíamos una cobertura limpia.
- Fundimos el chocolate al baño maría o en el microondas en tandas cortas, removiendo cada pocos segundos. Añadimos el aceite o la manteca de cacao para que quede más fluido y brillante.
- Bañamos la parte superior de cada rosquilla en el chocolate, dejamos escurrir el exceso y las colocamos de nuevo sobre la rejilla. Decoramos antes de que el chocolate cuaje.
- Con la cobertura de limón hacemos lo siguiente, preparamos un glaseado con 100 g de azúcar glas, 25 ml de zumo de limón y 1 gotita de colorante amarillo. Mezclamos con unas varillas y si la mezcla está muy líquida, añadimos un poco más de azúcar glass y si estuviese muy espesa, le añadiríamos un poco más de zumo de limón.
- Metemos el glaseado de limón en una manga pastelera, cortamos la punta y decoramos las rosquillas al gusto, en nuestro caso, a rayitas, para que de sabor, pero que se vea la rosquilla, no como las de chocolate que las hemos cubierto todas.
- Dejamos reposar las rosquillas jubilares con chocolate y con limón hasta que la cobertura esté firme, se endurezca. Si hace mucho calor, podemos meterlas unos minutos en la nevera, pero lo justo para que el chocolate asiente.


Consejos para unas rosquillas jubilares de rechupete
- No conviene añadir harina sin control. La masa de estas rosquillas no debe quedar seca como una masa de pan, sino blanda y algo pegajosa. Con demasiada harina, salen mazacotes.
- El anís en grano se puede machacar un poco antes de incorporarlo. Así reparte mejor el aroma y no aparecen granos enteros demasiado protagonistas al morder.
- El chocolate debe estar fundido, pero no hirviendo. Si lo calentamos de más, queda espeso, mate y cuesta bañar las rosquillas con una capa fina.
- Para una versión más vistosa, podemos bañar unas rosquillas con chocolate negro, otras con chocolate con leche y rematar algunas con hilos de chocolate blanco.
- Si buscamos un acabado más de pastelería, dejamos secar las rosquillas sobre rejilla y retiramos los sobrantes de chocolate antes de que endurezcan del todo.
- Se conservan bien 2 o 3 días en una lata o recipiente hermético, mejor fuera de la nevera si la cocina no está muy caliente.

Curiosidades de rechupete
Las rosquillas de San Isidro forman parte del calendario sentimental de Madrid. Durante años el cuarteto clásico estuvo formado por las tontas, las listas, las de Santa Clara y las francesas. Las jubilares llegaron más tarde, pero lo hicieron con una idea muy fácil de entender: mantener la masa castiza y darle un baño de chocolate.
La famosa Tía Javiera aparece siempre rondando la historia de estas rosquillas. Entre Fuenlabrada, Villarejo de Salvanés y la Pradera de San Isidro se ha creado una mezcla de historia, leyenda y hambre madrileña que todavía funciona. Puede que no sepamos cada detalle con precisión, pero el personaje sigue vivo cada vez que alguien compra o prepara rosquillas por estas fechas.
Lo curioso de la rosquilla jubilar es que no tiene una decoración cerrada. Esa libertad ha hecho que cada obrador la interprete a su manera: chocolate negro, con leche, blanco, ruby, frutos secos, líneas de cobertura o pequeños adornos. En casa podemos hacer lo mismo sin perder el espíritu de la receta.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.
Hay quien se extraña al ver que estas rosquillas van al horno, pero en este caso no estamos haciendo rosquillas fritas, sino rosquillas del Santo. La textura es distinta: menos tierna que una fritura casera, más seca y más cercana a la pastelería tradicional madrileña.
Con el chocolate surge una duda muy normal: si podemos usar chocolate normal de tableta. Poder, se puede, pero el de cobertura funde mejor y deja una capa más fina y brillante. Si usamos una tableta corriente, mejor añadir una cucharadita de aceite suave para aligerarla.
También puede pasar que la masa quede difícil de manejar. En ese caso, lo mejor es aceitarse un poco las manos, no llenar la encimera de harina. Ese pequeño gesto permite formar las rosquillas sin endurecerlas.
Si queremos prepararlas de un día para otro, funcionan bien. De hecho, el reposo asienta el sabor del anís y el chocolate queda más firme. Eso sí, conviene guardarlas en una caja cerrada y lejos de humedad, porque la cobertura puede volverse pegajosa.
Última revisión: 15 mayo 2026
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