Para 4
2.1€/pers.
276kcal/100g
Ingredientes
- 750 g de sardinas
- 75 g de azúcar
- 300 g de sal gorda
- La ralladura de 1 limón
- 200 ml de aceite de oliva virgen extra
- 2 dientes de ajo
- 1 manojo de perejil fresco
Las sardinas tienen fama de ser pescado de plancha, de espeto, de horno y de cocina con las ventanas abiertas. Pero cuando están bien frescas también dan mucho juego en frío, sobre todo si las preparamos con una cura corta de sal, azúcar y un buen aceite de oliva virgen extra. Estas sardinas marinadas quedan firmes, sabrosas y muy apetecibles para sacar como entrante en verano, sobre una tostada o en una fuente al centro.
Aquí no vamos a complicar la receta con vinagres ni marinadas largas. La gracia está en limpiar bien el pescado, quitarle la sangre con agua helada, congelarlo por seguridad y después curarlo el tiempo justo.
Dentro de los aperitivos marineros, esta receta está cerca de unos boquerones en vinagre, aunque aquí no buscamos ese blanco tan marcado ni ese punto ácido. También recuerda al salmón marinado, por la mezcla de sal y azúcar, pero con una personalidad más intensa porque la sardina es un pescado azul pequeño, graso y con mucho sabor. Y si preferís una versión caliente, unas sardinas al horno siempre son una salida estupenda, aunque para una comida fría o una cena de picoteo estas marinadas resultan más cómodas.
Lo importante, y aquí no hay atajo que valga, es la congelación previa. Al consumirse sin cocción, las sardinas deben pasar por el congelador para reducir el riesgo de anisakis. Una vez hecho eso, el resto de la receta es bastante sencillo: limpiar, curar, lavar, secar, cubrir con aceite y servir con ajo y perejil. Poco más, pero bien hecho.
Receta casera de sardinas marinadas

Preparación paso a paso
- Limpiamos las sardinas. Si no vienen limpias de la pescadería, retiramos la cabeza, las abrimos por la barriga y quitamos las vísceras. Después extraemos la espina central, separamos los lomos y desechamos la cola. Conviene hacerlo con calma para no romper demasiado la carne.
- Las lavamos en agua helada. Llenamos una bandeja profunda con agua fría y hielo, y sumergimos los lomos de sardina durante una hora. Este paso ayuda a eliminar restos de sangre, suaviza el sabor y deja una textura más limpia y firme.
- Congelamos las sardinas. Secamos muy bien los lomos con papel de cocina y los congelamos durante 5 días. Después los descongelamos lentamente en la nevera y volvemos a secarlos bien antes de seguir con la receta. Cuanto menos agua lleven al curado, mejor quedarán.
- Preparamos la mezcla de marinado. En un bol mezclamos la sal gorda, el azúcar y la ralladura de limón. La ralladura no debe llevar parte blanca, porque amarga. Solo queremos el aroma fresco de la piel.
- Marinamos en capas. En un recipiente hondo colocamos una capa de la mezcla de sal, azúcar y limón. Encima ponemos una capa de filetes de sardina y repetimos el proceso hasta terminar. Tapamos el recipiente y dejamos en la nevera 50 minutos para que la sal cure el pescado.
- Enjuagamos y secamos. Pasado el tiempo de curado, lavamos los filetes en agua fría para retirar el exceso de sal. Después los secamos muy bien con papel absorbente, sin aplastarlos. Este punto es clave para que el aceite no se llene de agua y las sardinas queden más finas.
- Cubrimos con aceite. Colocamos los lomos en un recipiente limpio y los cubrimos con aceite de oliva virgen extra. Los dejamos en la nevera al menos un par de horas antes de servir. Si reposan hasta el día siguiente, estarán todavía más asentados y sabrosos.
- Servimos las sardinas. Escurrimos ligeramente los lomos y los colocamos en un plato. Añadimos un poco del aceite de la marinada, ajo picado muy fino y perejil fresco. Si nos apetece, podemos rematar con unas gotas de limón. El aceite sobrante se puede aprovechar para aliñar ensaladas, patatas cocidas o unas tostadas.



Consejos para unas sardinas marinadas de rechupete
- La frescura manda. Comprad sardinas brillantes, firmes, con buen olor a mar y ojos limpios. En una receta sin cocción no conviene estirar un pescado que ya viene justo.
- No saltéis el paso del agua con hielo. Parece una tontería, pero ayuda mucho a retirar sangre y a mejorar la textura. La sardina queda más limpia de sabor y más agradable en boca.
- Secadlas bien antes y después del curado. El exceso de humedad estropea el resultado: diluye el sabor, ensucia el aceite y deja una textura menos fina.
- Respetad el tiempo de sal. Con 50 minutos queda un punto sabroso. Si las sardinas son pequeñas o preferís un resultado más suave, podéis bajar a 30 o 40 minutos. Si son grandes y carnosas, los 50 minutos funcionan bien.
- Picad el ajo muy fino. En crudo tiene mucha fuerza. Si quedan trozos grandes, se come más el ajo que la sardina, y tampoco hace falta venir arriba.
- Servidlas frías, pero no heladas. Sacadlas unos minutos antes de llevarlas a la mesa para que el aceite pierda rigidez y el sabor del pescado se note mejor.
- Van muy bien sobre pan tostado. Una rebanada fina, un lomo de sardina, un poco de ajo y perejil, y listo. También quedan estupendas con tomate rallado o con patata cocida.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.
Si os preocupa cuánto tiempo hay que congelar las sardinas, lo más prudente en casa es mantenerlas 5 días en el congelador, bien protegidas en una bolsa o recipiente apto. Después se descongelan despacio en la nevera, nunca a temperatura ambiente.
Puede pasar que, al sacarlas de la sal, notéis las sardinas demasiado fuertes de sabor. Normalmente se debe a un exceso de curado o a que no se han enjuagado bien. Para la próxima, reducid el tiempo a 30 o 40 minutos y secadlas con más cuidado después del lavado.
Otra duda habitual es si se pueden dejar varios días en aceite. Lo ideal es consumirlas en 24 o 48 horas, siempre en la nevera y bien cubiertas. No merece la pena alargar mucho más: hablamos de pescado azul, delicado y preparado en frío.
Si al limpiar el pescado os quedan lomos algo irregulares, no pasa nada. Lo importante es que no haya vísceras, sangre ni espinas grandes. Para servirlos sobre pan, incluso van mejor los lomos medianos que las piezas enormes.
También podéis preguntaros si hace falta añadir más limón al final. No es obligatorio. La ralladura ya deja aroma en el curado, pero unas gotas al servir levantan el conjunto y ayudan a equilibrar la grasa natural de la sardina.
Última revisión: 15 junio 2026
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