¿Se puede congelar el pescado en la bandeja del supermercado?

¿Se puede congelar el pescado en la bandeja del supermercado?

Comprar pescado en bandeja —merluza, salmón, atún o cualquier otra especie— y meterlo directamente en el congelador parece un gesto tan normal que cuesta imaginar que haya algo que comprobar. Sin embargo, aquí hay en realidad dos preguntas distintas: si el pescado se puede congelar y si el envase concreto en el que lo hemos comprado está pensado para permanecer semanas a temperatura de congelación.

La respuesta práctica es sencilla: la etiqueta manda. Si el fabricante indica que el producto puede congelarse en ese envase y la bandeja está cerrada e intacta, podemos seguir esas instrucciones. Si no encontramos ninguna indicación, la bandeja ya está abierta o no sabemos si el material es apto para congelación, la opción más prudente y útil en casa es sacar el pescado, dividirlo en raciones y pasarlo a una bolsa o recipiente apto para congelador, con el menor aire posible.

No hace falta convertir esta precaución en una alarma. Los materiales destinados a estar en contacto con alimentos están sometidos a normas de seguridad y controles de migración. Pero tampoco conviene asumir que cualquier bandeja de venta refrigerada sirve automáticamente para una conservación prolongada a -18 ºC. Si queremos entender por qué, un estudio publicado en 2026 da algunas pistas interesantes.

La respuesta corta: sí, pero no con cualquier bandeja ni de cualquier manera

En mayo de 2026, Economía Digital recogió una respuesta atribuida a Mercadona ante esta misma duda. Según esa información, prácticamente todos sus pescados en bandeja pueden congelarse salvo que la etiqueta indique lo contrario. Para una bandeja ya abierta, la cadena aconsejaba trasladar el pescado a bolsas específicas para congelación y cerrarlas bien.

Ese consejo encaja con la regla general que merece la pena aplicar también fuera de una cadena concreta: buscar en el propio envase las instrucciones de conservación, la fecha de caducidad y cualquier mención a congelación o a que el producto haya sido previamente descongelado. La frase «pescado fresco» no nos dice por sí sola si la bandeja soporta un mes de congelador; esa información depende del producto y de su envase.

Si no hay una indicación clara, no ganamos nada dejando el pescado en un recipiente dudoso. Una bolsa gruesa para congelación o un recipiente hermético apto para bajas temperaturas nos permite además sacar aire, hacer paquetes más planos, separar raciones y fecharlas. Son exactamente los principios que usamos al congelar deprisa y descongelar de forma controlada: facilitar que el frío llegue rápido al alimento y evitar una exposición innecesaria al aire.

Qué ha encontrado realmente el estudio sobre pescado, envases y congelación

La investigación que ha dado pie a muchos titulares fue publicada en Environment International por un equipo de la Universidad de Florencia y del IDAEA-CSIC. Analizó la transferencia de 49 compuestos pertenecientes a cuatro familias de aditivos desde materiales de envasado hacia salmón, atún y merluza.

Los autores examinaron doce materiales de envasado comprados en comercios de Barcelona y seleccionaron tres configuraciones representativas para los ensayos: una bandeja de poliestireno con film de polietileno, una bandeja compostable de base celulósica con film y una bolsa de polietileno con cierre. Detectaron migración de algunos aditivos al pescado tanto en refrigeración como en congelación.

No es un estudio sobre Mercadona ni sobre una marca concreta

Este matiz es importante porque evita una conclusión que los datos no permiten. Los propios autores explican que las muestras se compraron en comercios locales, pero no publican ni las tiendas ni las marcas por motivos de privacidad. Por tanto, el trabajo no demuestra que una bandeja determinada de Mercadona, Carrefour, Lidl o cualquier otra cadena tenga el comportamiento descrito.

Lo que sí demuestra es algo más general: el material, la superficie de contacto, el tipo de pescado y el tiempo de almacenamiento importan. Y eso justifica mirar la indicación de uso del envase en vez de tratar todas las bandejas como si fueran iguales.

Congelado durante 30 días no se comparó con 30 días en nevera

Aquí está probablemente el detalle más importante para interpretar el estudio correctamente. Los peces refrigerados estuvieron +4 ºC durante 48 horas, mientras que los congelados permanecieron -18 ºC durante 30 días. Es decir, cambiaron a la vez la temperatura y, sobre todo, el tiempo de contacto.

Hay además una pequeña discrepancia editorial en la publicación: el resumen del artículo menciona 2 ºC para la refrigeración, mientras que el apartado de métodos describe +4 ºC durante 48 horas y la comunicación del IDAEA-CSIC utiliza también +4 ºC. Aquí tomamos como referencia el protocolo detallado en métodos. De hecho, en el propio artículo científico los investigadores señalan que, para varios compuestos, las concentraciones mayores observadas en muestras congeladas sugieren un papel predominante del tiempo de contacto más que de la temperatura. Así que sería incorrecto resumir el resultado como «el congelador hace que el plástico migre más». Lo que sabemos es que la migración puede continuar incluso a baja temperatura cuando el contacto se prolonga.

La bandeja compostable tampoco fue automáticamente la mejor

En el escenario de mayor índice de riesgo calculado por el estudio apareció merluza congelada durante 30 días en la bandeja compostable analizada. El bisfenol A (BPA) explicó prácticamente todo el índice de riesgo acumulado en los escenarios que lo superaron, mientras que la aportación conjunta del resto de compuestos fue mucho menor.

Esto no significa que todas las bandejas compostables sean peores, ni que esa bandeja represente a todo el mercado. Sí desmonta una asociación demasiado fácil: «compostable» no significa automáticamente «menor migración química». La seguridad ambiental del material y su comportamiento químico en contacto con alimentos son cuestiones relacionadas, pero no idénticas.

Además, la regulación europea sobre el BPA en materiales en contacto con alimentos se ha endurecido recientemente. El mercado y las formulaciones de los envases están cambiando, por lo que un conjunto de muestras comprado en 2025 no debe interpretarse como una fotografía inmutable de todas las bandejas que encontraremos en el supermercado en adelante. En Rechupete ya explicamos aparte cómo están cambiando las reglas sobre sustancias en los envases alimentarios, un asunto distinto pero útil para entender que el material de contacto también forma parte de la seguridad alimentaria.

Qué hacer al llegar a casa con una bandeja de pescado

Si sabemos que no vamos a cocinar el pescado pronto, conviene congelarlo cuanto antes. Meterlo al congelador después de varios días en la nevera no devuelve frescura ni reinicia la vida útil. La congelación conserva; no rejuvenece el alimento.

  1. Leemos primero la etiqueta. Buscamos instrucciones de conservación, advertencias del tipo «no volver a congelar» y, si existe, una indicación específica de que puede congelarse en su envase original.
  2. Si el envase está cerrado y autorizado para congelación, lo dejamos intacto y seguimos el plazo y las condiciones indicadas por el fabricante. No es necesario reempaquetar por sistema.
  3. Si la bandeja está abierta o no sabemos si es apta, sacamos el pescado. Lo dividimos en las raciones que vayamos a utilizar y lo guardamos en una bolsa de congelación resistente o en un recipiente hermético apto para congelador.
  4. Quitamos el máximo de aire posible sin aplastar el pescado. El aire favorece la oxidación y las quemaduras de congelación. Si usamos habitualmente esta técnica, el envasado al vacío puede ser útil, pero no sustituye a una temperatura correcta.
  5. Fechamos cada paquete y lo colocamos de forma que se congele rápido, preferiblemente en porciones no demasiado gruesas. Una buena organización del congelador evita que una ración termine olvidada durante meses.
  6. Mantenemos el congelador en torno a -18 ºC o por debajo para la conservación ordinaria de congelados y evitamos cargarlo de golpe con demasiada comida a temperatura de nevera.

Si lo que necesitamos es una referencia más amplia sobre alimentos que admiten congelación, tiempos y límites, podemos consultar también qué se puede congelar y qué no. Para este caso concreto, sin embargo, la decisión sobre conservar la bandeja original se resuelve antes: solo la mantenemos si sabemos que ese envase está pensado para ello.

Al descongelar, el problema ya no es solo el envase

La forma más cómoda de descongelar correctamente un alimento es pasarlo del congelador al frigorífico con tiempo suficiente. En el caso del pescado, conviene colocarlo dentro de un recipiente o sobre una bandeja que pueda recoger los líquidos, en la parte baja de la nevera y separado de alimentos listos para comer.

Dejarlo horas sobre la encimera acelera la descongelación a costa de mantener la superficie del alimento a temperaturas más favorables para el crecimiento microbiano. Si necesitamos rapidez, es mejor utilizar un método controlado y cocinar inmediatamente después. Y si el pescado sigue en un envase comercial, volvemos a la misma regla: seguimos las instrucciones del fabricante.

Envase y anisakis son dos problemas distintos

Cambiar el pescado de bandeja no tiene ningún efecto sobre el anisakis. Si vamos a consumir determinadas especies crudas o con un tratamiento que no destruya el parásito, AESAN recomienda que, en un congelador doméstico capaz de alcanzar -20 ºC o menos, el pescado permanezca congelado cinco días. Si nuestro equipo no llega a esas condiciones, la opción prudente es comprar pescado que ya haya sido congelado adecuadamente.

Ese plazo responde a un objetivo sanitario concreto y no debe confundirse con el tiempo que un pescado puede permanecer congelado por motivos de calidad. Tampoco convierte automáticamente su bandeja de venta en un envase apto para cinco días de congelación: la prevención del parásito y la idoneidad del envase se comprueban por separado.

¿Y si en la etiqueta pone que el pescado ha sido descongelado?

Aquí conviene frenar antes de volver a meterlo en el congelador. Un producto vendido como descongelado ya ha pasado por un ciclo de congelación y descongelación, y la recomendación doméstica general es no volver a congelarlo crudo. La pérdida de calidad puede ser importante y, si la cadena de frío no se ha mantenido bien, también aumenta el riesgo microbiológico.

Si nos encontramos en esa situación, podemos revisar las condiciones y excepciones que explicamos en qué hacer antes de volver a congelar un producto descongelado. Cocinarlo adecuadamente cambia el escenario y permite, en determinados casos, congelar después el plato ya cocinado.

La regla que funciona en casa

No hay base para afirmar que todas las bandejas de pescado del supermercado sean peligrosas en el congelador, y el estudio de 2026 tampoco dice eso. Sí aporta una razón más para no tratar el envase como un detalle irrelevante: algunas sustancias pueden migrar al alimento incluso en frío y el contacto prolongado importa.

Por eso la solución doméstica no necesita dramatismo: si la etiqueta autoriza congelar en la bandeja, seguimos sus instrucciones. Si no lo especifica, el envase está abierto o tenemos dudas, trasladamos el pescado a un recipiente diseñado para congelación, retiramos aire, fechamos y congelamos cuanto antes. Es una precaución pequeña, barata y fácil que además suele mejorar la calidad del pescado cuando llegue el momento de cocinarlo.

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Categorías: Actualidad gastronómica Nutrición y salud

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