Sopa fría de pepino, yogur y hierbabuena, una receta ligera para tomar bien fresca

Sopa fría de pepino, yogur y hierbabuena, una receta ligera para tomar bien fresca

Icono personas Para 4Icono euro 1.25€/pers.Icono calorias 55kcal/100g

Ingredientes

  • 2 pepinos grandes, unos 750 g
  • 350 g de yogur griego natural sin azúcar
  • 120 ml de agua muy fría
  • ½ diente de ajo, sin germen
  • 15 ml de zumo de limón
  • 25 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 12 hojas de hierbabuena fresca, y alguna más para servir
  • 6 g de sal, o al gusto
  • Pimienta negra recién molida
  • Unas gotas extra de aceite de oliva virgen extra para servir

Cuando mezclamos pepino y yogur podemos acabar en dos sitios bastante distintos: una salsa espesa para mojar o una crema ligera para comer con cuchara. Esta sopa fría de pepino, yogur y hierbabuena va por el segundo camino, con una textura suave, fresca y sin quedar tan densa como un tzatziki.

El parentesco con esas preparaciones de pepino y yogur del Mediterráneo oriental está ahí, pero aquí trituramos casi todo para que quede una sopa fría batida, fina y fácil de servir como primer plato. El pepino aporta agua y frescor, el yogur griego natural sin azúcar da cuerpo sin necesidad de nata y la hierbabuena levanta el sabor sin cargarlo.

Para que no salga aguada hay un gesto sencillo que merece la pena: abrir el pepino y retirar parte de las semillas si trae muchas. No hace falta ponerse quirúrgicos, pero esa zona central suelta bastante agua y puede dejar la sopa floja. Con pepinos firmes y un poco de reposo en la nevera, la textura queda bastante mejor.

Dentro de las recetas frías que apetecen cuando aprieta el calor, esta combina muy bien con el gazpacho de cerezas, el gazpacho de tomate y almendra o una ensalada griega con queso feta. Todas tienen ese punto de cocina fresca, rápida y de nevera, aunque cada una tire por un lado distinto.

Receta casera de sopa fría de pepino, yogur y hierbabuena

Preparación paso a paso

  1. Lavamos bien los pepinos. Si la piel está fina y no amarga, podemos dejar parte para que la sopa tenga más color. Si es gruesa o encerada, los pelamos casi del todo. Los abrimos a lo largo y retiramos con una cucharilla la zona central de semillas si viene muy acuosa.
  2. Cortamos los pepinos en trozos medianos y los ponemos en el vaso de la batidora. Añadimos el yogur griego, el ½ diente de ajo sin germen, el zumo de limón, la sal, la pimienta y las hojas de hierbabuena fresca.
  3. Trituramos durante 1 minuto, hasta que la mezcla empiece a quedar fina. Añadimos el aceite de oliva virgen extra y volvemos a batir unos segundos para que se integre bien.
  4. Incorporamos el agua fría poco a poco. No la echamos toda de golpe, porque cada pepino suelta una cantidad distinta de líquido. Queremos una textura de sopa, no una salsa espesa ni un batido aguado.
  5. Probamos y ajustamos de sal, limón o pimienta. Si el pepino tiene poco sabor, unas gotas más de limón ayudan. Si el yogur es muy ácido, mejor no pasarse y corregir solo con sal y aceite.
  6. Pasamos la sopa por un colador fino si queremos una textura más limpia. Si nos gusta más rústica, la dejamos tal cual. La metemos en la nevera durante al menos 2 horas de enfriado.
  7. Servimos la sopa muy fría en cuencos o vasos anchos, con unas hojas de hierbabuena picadas, unas gotas de aceite por encima y un toque de pimienta negra. Mejor no añadir hielo dentro, porque al derretirse la deja aguada.

Consejos para una sopa fría de pepino, yogur y hierbabuena de rechupete

  • Si el pepino no está amargo, no hace falta salarlo antes ni dejarlo escurrir mucho tiempo. Si al probar una punta amarga, lo pelamos bien y retiramos la parte central.
  • Podemos pelarlo del todo o a medias. Con algo de piel queda más verde y con más sabor; sin piel queda más suave y clara.
  • Conviene quitar el germen del ajo y usar solo medio diente. En crudo manda muchísimo, y aquí no interesa que tape el pepino ni el yogur.
  • Si la textura queda demasiado líquida, añadimos una cucharada más de yogur griego y trituramos de nuevo. Si queda espesa, la rebajamos con un poco más de agua fría.
  • El limón o vinagre suave debe notarse poco. Esta sopa necesita frescor, no acidez agresiva. Añadimos primero una cantidad corta y corregimos al final.
  • La hierbabuena se oxida si la trituramos con mucha antelación y la dejamos horas y horas. Para mejor color, podemos reservar unas hojas frescas y añadirlas justo al servir.
  • Si queremos una versión más contundente, podemos acompañarla con pepino en daditos, pan tostado o unas almendras laminadas. Mejor poca guarnición, porque la sopa funciona por ser ligera.
  • Aguanta bien en la nevera hasta el día siguiente, pero antes de servir hay que removerla o batirla unos segundos, porque el yogur y el agua del pepino pueden separarse un poco.

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En esta receta, se puede preparar con antelación sin problema. De hecho, gana bastante cuando reposa al menos un par de horas en la nevera. Lo que no conviene es dejarla tres días esperando, porque la hierbabuena pierde frescor y el pepino empieza a soltar más agua.

Si no tenemos yogur griego, podemos usar yogur natural normal, pero la sopa quedará más ligera y algo más ácida. En ese caso, añadimos menos agua al principio y ajustamos la textura al final, porque será más fácil que se quede demasiado líquida.

También se puede hacer con menta, aunque hierbabuena y menta no saben igual. La hierbabuena resulta más suave y encaja muy bien con el pepino. La menta da un golpe más marcado, así que conviene usar menos cantidad.

Cuando la sopa sale amarga, casi siempre viene del pepino. Para evitarlo, probamos el pepino antes de triturar, pelamos más si hace falta y retiramos la zona central si tiene muchas semillas. El yogur no arregla un pepino malo; solo disimula un poco.

Si queremos servirla en vaso, la sopa debe quedar un poco más fluida. Añadimos algo más de agua fría y la colamos. Para cuenco y cuchara, mejor dejarla con más cuerpo y acompañarla con unos daditos de pepino.

Última revisión: 24 julio 2026

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