Sopas de tomate extremeñas. Receta tradicional con pan y tomate de la huerta

Sopas de tomate extremeñas. Receta tradicional con pan y tomate de la huerta

Icono personas Para 4Icono euro 1.3€/pers.Icono calorias 65kcal/100g

Ingredientes

  • 3 dientes de ajo
  • 1 kg de tomates maduros
  • 1 pimiento verde italiano
  • 200 g de pan asentado del día anterior
  • 1,2 l de agua
  • 60 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 hoja de laurel
  • 1/2 cucharadita de comino molido o unos cominos majados
  • 1/2 cucharadita de pimentón de la Vera dulce
  • Unas hojas de albahaca fresca o hierbabuena
  • Sal al gusto
  • Higos frescos, brevas o uvas para acompañar (opcional)

La cocina extremeña tiene una habilidad especial para convertir cuatro cosas de la huerta y un buen trozo de pan duro en un plato que llena, reconforta y sabe a casa. Estas sopas de tomate extremeñas va justo de eso: tomates maduros, ajo, pimiento verde, aceite de oliva, agua y pan asentado. Nada de crema fina ni de sopa triturada al estilo moderno. Aquí el pan se empapa, el tomate manda y el comino deja ese fondo tan reconocible de muchas recetas populares de Extremadura.

Hemos preparado un recopilatorio de las mejores recetas de la cocina extremeña para que no te quedes sólo con esta receta.

Es una receta de aprovechamiento, pero no en el sentido pobre de la palabra. Al contrario. El pan del día anterior se usa porque aguanta mejor el caldo, coge sabor sin deshacerse al primer contacto y convierte una sopa sencilla en un plato mucho más completo. También tiene ese punto de cocina de temporada que conviene respetar: cuanto más buenos estén los tomates, mejor queda la sopa. No hace falta complicarla con caldo, nata ni añadidos raros.

En muchas casas se sirve con higos, brevas o uvas, una mezcla que puede sorprender si no la habéis probado nunca, pero que tiene todo el sentido. El dulzor de la fruta encaja muy bien con el tomate, el ajo y el pan calado. No es un adorno moderno, sino una forma muy de campo de rematar un plato de verano y principios de otoño, cuando la huerta y la fruta van de la mano.

Si os gustan las recetas humildes de cuchara, esta sopa tiene familia cercana con las sopas de ajo o sopa castellana, por ese uso del pan como base del plato. Y si tiramos hacia el tomate y las sopas frías, se entiende bien junto a un gazpacho andaluz o un salmorejo cordobés, aunque esta versión extremeña va por otro camino: se sirve caliente o templada, no se tritura y conserva un aire más rústico.

Receta casera de sopas de tomate extremeñas

Preparación paso a paso

  1. Lavamos los tomates y el pimiento verde. Si queremos una sopa más fina, podemos pelar los tomates escaldándolos 30 segundos en agua hirviendo y pasándolos después a agua fría. Si los tomates son buenos y la piel no molesta, también podemos picarlos directamente. Los cortamos en trozos pequeños y reservamos.
  2. Pelamos los ajos y los picamos menudos. Retiramos el tallo y las semillas del pimiento verde, y lo cortamos también en trozos pequeños. En esta receta interesa que el sofrito quede bien hecho, pero no hace falta convertirlo en una pasta.
  3. Calentamos el aceite de oliva virgen extra en una cazuela amplia, a fuego medio. Añadimos los ajos y los cocinamos con cuidado, solo hasta que empiecen a soltar aroma. No deben tostarse demasiado, porque un ajo quemado amarga toda la sopa.
  4. Incorporamos el pimiento verde, añadimos una pizca de sal y dejamos que se sofría unos 8 o 10 minutos. Queremos que se ablande y pierda el punto crudo, sin coger demasiado color.
  5. Añadimos los tomates troceados y removemos bien. Cocinamos el conjunto unos 15 minutos, hasta que el tomate se vaya deshaciendo y el sofrito tenga cuerpo. Si los tomates son muy ácidos, podemos alargar un poco este paso a fuego medio-bajo, sin necesidad de añadir azúcar.
  6. Agregamos el comino, la hoja de laurel y el pimentón de la Vera. Removemos durante unos segundos, con el fuego no muy fuerte, para que el pimentón no se queme. Este punto es importante: el pimentón da aroma y color, pero si se tuesta de más deja un sabor áspero.
  7. Vertemos el agua, mezclamos y subimos el fuego hasta que empiece a hervir. Cuando arranque el hervor, bajamos a fuego medio-bajo y dejamos cocer unos 15 minutos. Probamos de sal y ajustamos si hace falta.
  8. Mientras cuece la sopa, cortamos el pan asentado en rebanadas finas o en trozos medianos. Lo colocamos en el fondo de una sopera o directamente en los platos hondos. La cantidad de pan depende de si queremos una sopa más ligera o más espesa, pero conviene no pasarse al principio.
  9. Retiramos la hoja de laurel y añadimos unas hojas de albahaca fresca o hierbabuena. Dejamos que infusionen un par de minutos con el calor de la sopa. No hace falta hervirlas mucho, porque perderían frescura.
  10. Vertemos la sopa caliente sobre el pan y dejamos reposar 3 o 4 minutos antes de servir. El pan debe empaparse bien, pero sin convertirse en una masa sin forma. Terminamos con un hilo de aceite de oliva virgen extra en crudo.
  11. Servimos la sopa de tomate extremeña caliente o templada. Si queremos respetar el acompañamiento más tradicional, llevamos a la mesa unos higos, brevas o uvas para comer junto a la sopa.

Consejos para unas sopas de tomate extremeñas de rechupete

  • Usad tomates maduros de verdad. Esta receta depende muchísimo del tomate. Si está duro, verde o sin sabor, la sopa queda plana. Los tomates de pera maduros funcionan muy bien porque tienen carne, dulzor y poca agua sobrante.
  • El pan no debe ser pan reciente. Lo ideal es usar pan asentado, con miga firme y corteza. El pan del día anterior absorbe el caldo sin romperse de golpe. Si solo tenéis pan fresco, cortadlo y dejadlo orear un rato.
  • No trituréis la sopa. La textura tradicional es rústica, con el tomate cocinado y el pan calado. Si la trituramos, nos vamos hacia una crema de tomate, que puede estar rica, pero ya no es exactamente esta receta.
  • Cuidado con el pimentón. Añadidlo fuera del fuego fuerte o removiendo rápido. Unos segundos bastan para que perfume el sofrito. Si se quema, no hay tomate que lo arregle.
  • El comino debe notarse sin dominar. Media cucharadita es suficiente para 4 personas. Si usamos comino en grano, mejor majarlo un poco antes para que suelte aroma.
  • La sopa espesa al reposar. Si la preparáis con antelación, guardad parte del caldo o añadid un poco de agua al recalentar. El pan seguirá absorbiendo líquido.
  • Huevo, jamón o patata son variantes, no la base. Se pueden añadir en algunas casas, pero cambian bastante el plato. Para una versión más fiel, mejor dejar la receta limpia, centrada en tomate, pan y huerta.
  • Con higos o uvas gana mucho. No es obligatorio, pero el contraste funciona. La fruta fresca suaviza el ajo y acompaña muy bien el punto ácido del tomate.

Curiosidades de rechupete

Las sopas de tomate extremeñas pertenecen a esa cocina de pan, huerta y aceite que ha resuelto muchas comidas sin necesidad de carne ni pescado. El pan duro no se tira: se convierte en migas, sopas, gazpachos, ajoblancos o platos de cuchara como este. Es cocina práctica, pero también muy sabia.

En Extremadura el tomate ha tenido siempre mucho protagonismo en la cocina doméstica, sobre todo en verano, cuando la huerta aprieta y toca aprovecharlo de mil maneras. Esta sopa permite gastar tomates muy maduros, incluso esos que ya no están bonitos para una ensalada pero siguen teniendo sabor.

El acompañamiento con higos, brevas o uvas puede chocar al principio, pero tiene lógica de temporada. Cuando el tomate está en su mejor momento, también aparecen muchas de esas frutas. En vez de separar dulce y salado como hacemos ahora, la cocina popular las ponía juntas en la mesa sin darle tantas vueltas.

El pimentón de la Vera no aparece en todas las versiones, pero encaja de forma natural con la receta. Aporta color, aroma y un punto ahumado muy extremeño. La clave está en usar poca cantidad para que no tape al tomate.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.

Podemos hacer la sopa con tomate triturado de bote cuando no sea temporada, pero la sopa de tomate extremeña queda mejor con tomate fresco maduro. Si usamos conserva, conviene escoger tomate natural de buena calidad y cocinarlo bien para que pierda el sabor de lata.

No pasa nada si el pan se queda demasiado blando, aunque la textura ideal no es una papilla espesa. Para evitarlo, lo mejor es poner el pan en el plato y verter la sopa encima justo antes de comer, en vez de cocerlo durante mucho tiempo dentro de la cazuela.

Hay quien pregunta si se puede añadir huevo. Se puede, claro, pero el huevo convierte la sopa en una versión más contundente. Podemos escalfarlo en la propia cazuela durante los últimos minutos o servirlo cocido y picado por encima, aunque para la receta base no hace falta.

También se puede preparar de un día para otro, pero conviene guardar el pan aparte. Si dejamos la sopa ya mezclada con el pan toda la noche, espesará mucho y perderá parte de su gracia. Mejor conservar el caldo de tomate por un lado y calar el pan al servir.

Si el tomate sale ácido, no corramos a poner azúcar. Muchas veces basta con cocinar el sofrito unos minutos más y usar tomates más maduros la próxima vez. Un buen aceite de oliva y el reposo también ayudan a redondear el sabor.

Última revisión: 3 junio 2026

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