Sopes mallorquines, la sopa seca de verduras y pan que se come con tenedor

Sopes mallorquines, la sopa seca de verduras y pan que se come con tenedor

Icono personas Para 4Icono euro 2€/pers.Icono calorias 110kcal/100g

Ingredientes

  • 200 g de pan moreno mallorquín para sopes, seco y cortado en rebanadas muy finas
  • 1 cebolleta grande
  • 1 puerro
  • 2 dientes de ajo
  • 2 tomates de ramallet o tomates pera maduros
  • 300 g de col verde
  • 150 g de coliflor
  • 100 g de judías verdes
  • 80 g de guisantes
  • 100 g de acelgas o espinacas frescas
  • 1 manojo pequeño de perejil
  • ½ cucharadita de pimentón dulce
  • 75 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 litro de agua
  • Sal al gusto
  • Aceitunas o guindillas encurtidas para acompañar, opcionales

Al pedirlas por primera vez, más de uno espera encontrarse un plato hondo y una cuchara. Las sopes mallorquines son otra cosa: una sopa seca en la que el pan absorbe el caldo de las verduras hasta que no queda líquido suelto. Se sirven en cazuela y se comen con tenedor.

El nombre procede de las rebanadas de pan moreno muy fino que forman la base del plato. En Mallorca se vende ya cortado y seco para esta preparación, algo bastante práctico porque hacerlo a mano con el grosor adecuado no es sencillo. Sobre ese pan se colocan las verduras cocinadas y parte de su caldo, siempre en pequeñas cantidades.

No existe una lista única e inamovible de hortalizas. Las casas mallorquinas han preparado estas sopas con las verduras de temporada disponibles: col, acelgas, judías verdes, guisantes, alcachofas, coliflor o espinacas. Esta es la versión vegetal, sin magro, costilla, sobrasada ni butifarrón, ingredientes que aparecen en preparaciones más contundentes, especialmente en las sopes de matances.

El aprovechamiento de la huerta acerca este plato al tumbet mallorquín y al pisto manchego. Por el uso del pan asentado también tiene parentesco con las sopas de ajo, aunque las mallorquinas llevan mucha más verdura y deben quedar prácticamente sin caldo.

Receta casera de sopes mallorquines

Preparación paso a paso

  1. Lavamos todas las verduras. Cortamos la cebolleta y el puerro en tiras finas, picamos los ajos y rallamos los tomates. Retiramos los tallos más duros de las acelgas y troceamos las hojas.
  2. Cortamos la col en tiras, separamos la coliflor en ramilletes pequeños y troceamos las judías verdes. Procuramos mantener un corte fino y regular para que todas las verduras se hagan de forma uniforme.
  3. Ponemos una cazuela amplia o una greixonera al fuego con unos 60 ml de aceite de oliva. Añadimos la cebolleta, el puerro, los ajos y una pizca de sal. Cocinamos durante unos 8 minutos a fuego medio-bajo, buscando un sofrito suave, sin que la cebolla llegue a tostarse.
  4. Incorporamos los tomates rallados y cocinamos otros 8 o 10 minutos, hasta que pierdan buena parte del agua y el sofrito quede concentrado.
  5. Apartamos la cazuela unos segundos del fuego, añadimos el pimentón y removemos. Poner el pimentón fuera del fuego evita que se queme y deje un sabor amargo.
  6. Agregamos la col, la coliflor y las judías verdes. Rehogamos durante 5 minutos, removiendo para que se impregnen bien del sofrito.
  7. Vertemos el litro de agua, añadimos una parte del perejil picado y ajustamos de sal. Cuando empiece a hervir, bajamos el fuego y cocinamos durante 15 minutos.
  8. Incorporamos los guisantes y las acelgas o espinacas. Continuamos la cocción durante 8 o 10 minutos más. Las verduras deben quedar tiernas pero enteras, no convertidas en un puré.
  9. Probamos y corregimos de sal. Sacamos las verduras con una espumadera y reservamos el caldo en la cazuela. No lo tiramos, aunque probablemente no necesitaremos utilizarlo todo.
  10. Cubrimos el fondo de una greixonera limpia o de una cazuela ancha con una capa de pan. Repartimos por encima parte de las verduras y añadimos otra capa de pan. Terminamos con el resto de las verduras.
  11. Regamos la preparación con el caldo caliente poco a poco, utilizando un cucharón. Esperamos unos segundos entre cada añadido para comprobar cuánto absorbe el pan. Debe humedecerse, pero no quedar flotando ni deshacerse por completo.
  12. Añadimos por encima los 15 ml de aceite restantes, tapamos la cazuela y dejamos reposar cinco minutos. Podemos mantenerla durante dos o tres minutos a fuego muy bajo si el pan todavía está firme, vigilando que no se agarre.
  13. Servimos las sopes calientes o templadas, con un poco de perejil fresco. En la cazuela no debe quedar caldo visible y debemos poder coger la preparación con el tenedor.

Consejos para unas sopes mallorquines de rechupete

  • El pan específico para sopes facilita mucho el resultado. Cuando no lo encontremos, utilizamos pan moreno o pan de payés sin sal, asentado durante dos o tres días y cortado en láminas de unos 2 o 3 milímetros.
  • El error más habitual es regar el pan de una sola vez. Conviene esperar antes de añadir más caldo, porque tarda unos segundos en absorberlo y una vez empapado no hay forma de retirarlo.
  • El caldo puede quedar un punto más salado de lo que tomaríamos solo. El pan mallorquín tradicional no lleva sal y suavizará el conjunto durante el reposo.
  • No necesitamos usar todo el litro de líquido. La cantidad final depende del tipo de pan, del tiempo que lleve seco y de lo fino que esté cortado. El caldo sobrante se puede guardar para otra sopa, un arroz o un guiso.
  • La col, el sofrito de tomate y el pan forman la base más reconocible. Las judías verdes, los guisantes, la coliflor o las acelgas pueden cambiarse por alcachofas, espinacas, habas tiernas o tirabeques según la temporada.
  • Si utilizamos una cazuela de barro, calentamos la greixonera poco a poco. Un cambio brusco de temperatura puede agrietarla, especialmente si está fría.
  • El reposo no debe alargarse demasiado antes de servir. Si permanece mucho tiempo tapada, el pan continúa absorbiendo humedad y puede terminar demasiado blando.
  • Unas aceitunas, unos rabanitos o unas guindillas encurtidas aportan un contraste fresco y ácido, pero se sirven aparte y no se mezclan durante la cocción.

Algunas dudas que os pueden surgir durante la receta. Contestando vuestros emails.

El punto que más problemas suele dar es cuánto caldo debemos añadir al pan. No existe una medida exacta que sirva para todos los panes. Empezamos con dos o tres cucharones repartidos por la cazuela, dejamos que se absorban y añadimos más solamente donde veamos zonas secas.

En casa puede aparecer la duda de qué pan usar si no encontramos pan para sopes. Un pan de payés o una hogaza de miga compacta funcionan mejor que una barra ligera. Lo dejamos secar, lo cortamos tan fino como podamos y evitamos tostarlo hasta que se dore, porque quedaría duro y absorbería peor el caldo.

También es habitual preguntarse si podemos cambiar las verduras de la receta. Sí, porque las sopes se han preparado tradicionalmente con la producción disponible en cada momento. Aun así, mantendremos la col, el tomate, la cebolla y el pan para que la receta no pierda su identidad.

Cuando sobra una ración, la cuestión es cómo recalentar las sopes sin convertirlas en una pasta. Las ponemos en una sartén o cazuela a fuego bajo, añadimos una o dos cucharadas del caldo reservado y tapamos durante unos minutos. No las removemos demasiado; basta con separar ligeramente el pan con una espátula.

Última revisión: 16 julio 2026

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