Taralli: rosquillas italianas saladas con solo 4 ingredientes

Taralli: rosquillas italianas saladas con solo  ingredientes

Icono personas Para 6Icono euro 0.2€/pers.Icono calorias 440kcal/100g

Ingredientes

  • 500 g de harina de trigo común, preferiblemente de poca fuerza
  • 150 ml de vino blanco seco
  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 10 g de sal fina

En Apulia, al sur de Italia, los taralli se comen a puñados con el aperitivo. Su forma de aro recuerda a nuestras rosquillas, pero no son dulces ni se fríen: son pequeños bocados salados, de superficie firme y mordisco crujiente. El vino blanco va dentro de la masa junto al aceite y la harina; no es una bebida que se añada al servirlos.

Por su función de picoteo se parecen a las rosquilletas valencianas o al pan de pipas, aunque aquí no buscamos un palito de pan ni una miga aireada. Los aros se hacen con cuatro ingredientes, sin levadura, y se sumergen brevemente en agua hirviendo antes de entrar en el horno. Esa doble cocción ayuda a conseguir su acabado característico.

La focaccia italiana también lleva aceite en la masa, pero se prepara para quedar tierna y esponjosa; estos taralli van justo en dirección contraria. Conviene hacerlos pequeños y de grosor uniforme, porque la masa debe perder humedad durante el horneado. Con las cantidades indicadas salen aproximadamente 50 unidades, suficientes para un buen cuenco de aperitivo.

Preparación de los taralli paso a paso

Preparamos una masa compacta con vino y aceite

  1. Ponemos el vino blanco seco y la sal en un bol grande y removemos hasta disolver la sal. Añadimos el aceite de oliva virgen extra y batimos unos segundos con un tenedor; no hace falta conseguir una emulsión perfecta.
  2. Incorporamos los 500 g de harina y mezclamos hasta reunir todos los ingredientes. Pasamos la masa a la encimera y amasamos durante unos 10 minutos, hasta que quede lisa, compacta y sin restos secos. No añadimos agua a la masa ni levadura.
  3. Formamos una bola, la devolvemos al bol y la cubrimos para que no se reseque. La dejamos reposar 30 minutos a temperatura ambiente; no tiene que crecer, solo volverse más fácil de estirar.

Hacemos cordones finos y cerramos los aros

  1. Dividimos la masa en unas 50 porciones de aproximadamente 15 g y mantenemos tapadas las que no estemos utilizando. Rodamos cada porción sobre la encimera hasta obtener cordones de 13–15 cm de largo y alrededor de 1 cm de grosor.
  2. Unimos los dos extremos de cada cordón, los presionamos y sellamos bien para cerrar un aro de unos 5 cm de diámetro exterior. No dejamos la unión simplemente superpuesta, porque podría abrirse en el agua.
  3. Vamos colocando los taralli formados sobre una bandeja o tabla limpia, sin amontonarlos, y cubrimos la masa que espera su turno. Procuramos que todos tengan un tamaño parecido para que después se sequen y se horneen al mismo ritmo.

Escaldamos los taralli y retiramos la humedad

  1. Ponemos a hervir abundante agua sin sal en una olla ancha. El agua se utiliza únicamente para la cocción: no es un quinto ingrediente de la masa. Mientras se calienta, preparamos una espumadera y extendemos un paño limpio sobre una superficie plana.
  2. Introducimos pocos aros por tanda, sin que se monten unos sobre otros. Mantenemos un hervor suave y, cuando suban a la superficie, los sacamos con la espumadera. El escaldado suele durar entre 30 y 60 segundos por tanda.
  3. Dejamos los aros sobre el paño en una sola capa, sin frotarlos ni aplastarlos, y los dejamos secar 30 minutos. Deben perder el agua superficial antes de colocarlos en el horno; si el paño queda muy mojado, los pasamos con cuidado a una zona seca.

Horneamos hasta que estén dorados y dejamos enfriar

  1. Precalentamos el horno a 190 ºC, con calor arriba y abajo. Forramos dos bandejas con papel vegetal y repartimos en ellas los taralli escaldados, unos 25 por bandeja y con una pequeña separación entre ellos.
  2. Horneamos las dos bandejas durante 35–40 minutos, intercambiando sus alturas y girándolas a mitad de cocción, hasta que los aros presenten un dorado uniforme y una superficie seca. Si el horno no admite dos bandejas, los horneamos en dos tandas y contamos con más tiempo total.
  3. Sacamos la bandeja y trasladamos los taralli a una rejilla. Esperamos unos 20 minutos, hasta que se enfríen por completo, antes de probarlos o guardarlos. El interior termina de asentarse mientras se enfrían.

Cuando el aro ya cruje: ajustes, conservación y servicio

El resultado buscado es un tarallo seco por fuera, firme al morder y quebradizo por dentro, no una rosquilla esponjosa. Si al enfriarse sigue algo blando en el centro, suele indicar que ha quedado demasiado grueso o le falta tiempo de horno: podemos devolverlo unos minutos al calor, vigilando el color. Para escoger entre tipos de harina, la harina común de trigo funciona mejor aquí que una harina de gran fuerza que dé una masa excesivamente tenaz.

Es razonable preguntarse por qué se hierven antes de hornearlos: el escaldado fija la superficie y prepara los aros para el secado posterior. También existe la versión hecha directamente al horno, pero cambia el acabado. Si se abren durante el escaldado, revisamos la unión y evitamos un hervor violento o meter demasiadas piezas juntas. No conviene alargar la cocción en agua una vez que flotan.

Para quienes necesitan sustituir el vino blanco, puede emplearse la misma cantidad de agua, pero ya no obtendremos exactamente el sabor y la textura de esta versión. Además, sustituir el vino no convierte en innecesario el escaldado: son dos decisiones distintas. El vino de la receta contiene alcohol y no debe darse por hecho que el horneado lo elimine por completo.

La duda sobre cuánto duran crujientes se resuelve, sobre todo, dejando que se enfríen antes de guardarlos. Los ponemos en una lata o recipiente hermético, en un lugar fresco y seco, y procuramos consumirlos en una o dos semanas para disfrutar de la textura. Si se reblandecen, unos minutos de horno suave seguidos de un enfriado completo pueden devolverles parte del crujido.

Van bien solos o junto a un hummus de garbanzos o un poco de pesto verde, servidos aparte para que no se humedezcan. Para una mesa con más gente se pueden combinar con otras ideas de aperitivos económicos; los taralli admiten prepararse con antelación y sacar solo la cantidad que vayamos a comer.

Última revisión: 24 septiembre 2026

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