Tortillas de trigo caseras, finas y flexibles para tacos, fajitas y burritos

Tortillas de trigo caseras, finas y flexibles para tacos, fajitas y burritos

Icono personas Para 4Icono euro 0.5€/pers.Icono calorias 360kcal/100g

Ingredientes

  • 500 g de harina de trigo de uso común, más una pequeña cantidad para espolvorear
  • 1 pizca de sal
  • 1 cucharadita de polvos de hornear o levadura química
  • 25 g de manteca de cerdo, aceite de oliva o manteca vegetal
  • 250 ml de agua

Una tortilla de trigo casera bien estirada tiene que hacer algo que no le pedimos a casi ningún otro pan plano: doblarse alrededor de un relleno sin partirse y seguir tierna después de pasar por una sartén muy caliente. Por eso aquí importan más el reposo y una cocción corta que conseguir un círculo perfecto.

Estas tortillas de harina son habituales en el norte de México y se preparan con una masa muy sencilla de harina, agua, sal y grasa. La grasa ayuda a que la miga quede tierna y el reposo de 30 minutos da tiempo a la harina a hidratarse y a la masa a relajarse; después resulta mucho más fácil llevarla a un disco fino y flexible. Si queremos comparar, las tortillas de maíz para tacos y nachos parten de otra harina y tienen una textura y un sabor distintos.

Una vez hechas, sirven para un montón de platos. Podemos usarlas con tacos mexicanos, con unas fajitas mexicanas de pollo o para preparar quesadillas mexicanas. También funcionan muy bien en burritos, porque la flexibilidad que permite doblarlas sin que se quiebren es precisamente lo que buscamos con esta masa.

Y para seguir con las recetas mexicanas, aquí tienes un recopilatorio de las mejores recetas de la cocina mexicana.

Cómo hacer tortillas de trigo caseras

Integramos la grasa y damos reposo a la masa

  1. Ponemos en un bol amplio la harina, la sal y los polvos de hornear. Mezclamos para repartirlos bien. Añadimos la manteca de cerdo y la trabajamos con las yemas de los dedos hasta que quede repartida por toda la harina y no haya trozos visibles de grasa.
  2. Incorporamos los 250 ml de agua y mezclamos hasta que la masa se una. La pasamos a la encimera ligeramente enharinada y amasamos unos minutos, solo hasta conseguir una masa lisa, suave y ligeramente pegajosa, pero manejable.
  3. Formamos una bola, la devolvemos al bol y la tapamos con un paño limpio. Dejamos reposar 30 minutos a temperatura ambiente. Este descanso no es un adorno: hace que luego tengamos que pelear bastante menos con el rodillo.

Dividimos y estiramos las doce tortillas

  • Pesamos o dividimos la masa en 12 porciones de unos 65 g y formamos bolas lisas. Las mantenemos cubiertas mientras trabajamos para que la superficie no se reseque.
  • Espolvoreamos muy poca harina sobre la encimera y estiramos una bola con un rodillo. Vamos girando la masa entre pasadas hasta obtener un disco de unos 20 cm, muy fino, de alrededor de 1-2 mm de grosor. No hace falta que quede geométricamente perfecto.
  • Repetimos con el resto. Si preferimos dejar todas listas antes de encender la sartén, las apilamos con hojas de papel de horno entre ellas para que no se peguen.

Las cocemos rápido y guardamos su propio vapor

  • Calentamos una sartén amplia y seca a fuego medio-alto. No añadimos aceite: la masa ya lleva la grasa que necesita.
  • Colocamos una tortilla en la sartén y la cocinamos alrededor de 1 minuto por la primera cara, hasta que aparezcan burbujas y pequeñas zonas tostadas. Le damos la vuelta y cocinamos aproximadamente otro minuto, ajustando el tiempo si nuestra sartén calienta más fuerte.
  • Sacamos la tortilla y la ponemos inmediatamente sobre un paño limpio. Seguimos cocinando el resto y las vamos apilando unas sobre otras, siempre tapadas. Ese calor y el vapor retenido ayudan a conservar una textura suave, tierna y flexible mientras terminamos la tanda.

Cuando la masa se encoge o la tortilla se endurece

Si la masa se encoge mientras la estiramos, normalmente todavía está demasiado tensa. La solución más sencilla es dejar esa bola quieta entre 10 y 15 minutos, bien tapada, y volver después. El reposo favorece la hidratación de la harina y relaja la masa, por eso también conviene no saltarse el descanso inicial.

Si las tortillas quedan duras o quebradizas al enfriarse, hay dos sospechosos claros: demasiado tiempo en la sartén o dejarlas destapadas según van saliendo. La cocción debe ser rápida, con la sartén ya caliente, y después conviene apilarlas bajo un paño. Si una se ha secado un poco, podemos recalentarla apenas unos segundos para devolverle flexibilidad, sin volver a tostarla.

La manteca se puede sustituir por aceite de oliva sin cambiar la cantidad de la receta. En ese caso resulta más cómodo añadir el aceite junto con el agua en vez de intentar integrarlo con los dedos. La textura cambia ligeramente, pero seguimos obteniendo una tortilla manejable. Los polvos de hornear son un impulsor químico: no necesitamos fermentación ni esperar a que la masa aumente de volumen.

No conviene sustituir la harina de trigo a ojo por otra harina y esperar el mismo comportamiento, porque aquí necesitamos una masa que pueda estirarse mucho sin romperse. Si queremos cambiar de harina, es mejor revisar antes las equivalencias para sustituir la harina de trigo y asumir que habrá que ajustar agua, grasa y técnica.

Para guardarlas en la nevera, dejamos que se enfríen por completo y las cerramos bien para que no pierdan humedad. Después se recuperan en una sartén seca, unos segundos por cada lado. Y se pueden congelar: lo más práctico es separarlas con papel de horno y guardarlas bien protegidas para sacar solo las que necesitemos. En la guía sobre qué se puede congelar y qué no tenemos más pautas para organizar el congelador sin estropear las elaboraciones.

Última revisión: 28 septiembre 2026

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