Yuca: propiedades, beneficios y usos en la cocina

Yuca: propiedades, beneficios y usos en la cocina

La yuca es una raíz tuberosa que para buena parte de Latinoamérica, África y algunas zonas de Asia ocupa un lugar parecido al que tienen la patata o el arroz en otras cocinas. Su pulpa blanca y firme contiene una gran cantidad de hidratos de carbono, sobre todo en forma de almidón, y después de cocinarse adquiere una textura tierna, compacta y ligeramente harinosa.

Según el país podemos encontrarla como yuca, mandioca o casava, nombres que se refieren básicamente a la misma planta, Manihot esculenta. Lo que no debemos confundir con la raíz es la tapioca: esta se obtiene a partir del almidón extraído de la yuca y se comercializa en forma de fécula, harina, perlas u otros formatos.

La yuca tiene unas propiedades nutricionales interesantes, pero conviene ponerlas en su sitio. Es principalmente un alimento energético, no una fuente excepcional de proteínas, fibra o micronutrientes. Su interés está también en otra cosa: permite hervir, freír, asar, triturar o preparar masas y harinas, lo que explica que haya dado lugar a preparaciones muy diferentes según el país.

Y hay una cuestión que importa bastante más que cualquiera de sus supuestos beneficios: la yuca no debe comerse cruda. Contiene de forma natural compuestos cianogénicos y necesita un tratamiento adecuado antes de consumirse. Es un alimento perfectamente integrado en la cocina de muchos países, pero no se puede tratar como una zanahoria que pelamos y probamos directamente.

Propiedades nutricionales de la yuca

La composición puede variar según la variedad, el cultivo y el tratamiento posterior. Como referencia, las tablas disponibles sitúan la yuca cruda alrededor de 160-164 kcal por cada 100 gramos, con aproximadamente 38 g de hidratos de carbono, 1,8 g de fibra, 1,4 g de proteínas y apenas 0,3 g de grasa.

Su perfil deja bastante claro qué tipo de alimento tenemos delante. La mayor parte de sus calorías procede de los carbohidratos y, dentro de estos, domina el almidón. Por eso tiene más sentido considerarla una fuente de hidratos que una hortaliza ligera para añadir libremente al plato.

También aporta algunos micronutrientes. En las tablas basadas en USDA aparecen unos 20,6 mg de vitamina C y unos 271 mg de potasio por cada 100 gramos de raíz cruda, además de cantidades menores de magnesio, folatos y algunas vitaminas del grupo B. Estas cifras pueden modificarse después de pelarla y cocinarla.

Qué beneficios puede aportar la yuca

El primero es bastante sencillo: proporciona una fuente importante de energía. Esto explica en buena medida que se haya convertido en un alimento básico para millones de personas y en uno de los principales cultivos alimentarios de las regiones tropicales.

Tiene además muy poca grasa de forma natural. Eso no convierte automáticamente cualquier plato de yuca en ligero: una raíz hervida y una ración frita en abundante aceite son nutricionalmente dos preparaciones distintas.

Otro punto interesante es que la raíz de yuca no contiene gluten de forma natural. De ella se obtienen productos que pueden utilizarse dentro de elaboraciones sin gluten, como la harina de mandioca o yuca. En personas con enfermedad celíaca, eso no elimina la necesidad de comprobar el etiquetado y las posibles contaminaciones cruzadas de los productos procesados. En Rechupete tenemos también una recopilación de recetas sin gluten para celíacos.

Lo que no debemos hacer es atribuirle beneficios que su composición no justifica. No es especialmente rica en proteínas y sus aproximadamente 1,8 gramos de fibra por cada 100 gramos tampoco permiten presentarla como una gran fuente de fibra. En una alimentación variada puede encajar perfectamente, pero conviene acompañarla de verduras, legumbres, pescado, carne, huevos u otros alimentos que completen el plato.

¿Por qué la yuca no se debe comer cruda?

Aquí está la peculiaridad más importante de este alimento. La yuca contiene glucósidos cianogénicos, principalmente sustancias capaces de liberar cianuro durante determinadas reacciones. La Organización Mundial de la Salud incluye expresamente la mandioca entre los alimentos en los que aparecen estos compuestos naturales.

No todas las variedades contienen las mismas cantidades. De forma tradicional se habla de yuca dulce y yuca amarga. La primera presenta concentraciones menores y es la utilizada habitualmente para el consumo directo después del tratamiento adecuado. Las variedades amargas pueden contener concentraciones mucho mayores y requieren métodos de procesamiento específicos; un simple hervido no debe considerarse un sistema universal para hacer segura cualquier yuca.

La legislación europea da una buena idea de que no estamos hablando de una precaución anecdótica. El Reglamento (UE) 2023/915 establece un contenido máximo de ácido cianhídrico de 50 mg/kg para la raíz fresca y pelada de mandioca y de 10 mg/kg para la harina de mandioca y la harina de tapioca.

Para cocinar en casa, lo sensato es comprar raíz comercializada expresamente para consumo humano, pelarla y cocinarla completamente, además de respetar las instrucciones del producto cuando se venda congelada o procesada. No debemos probarla cruda para comprobar si está buena.

Cómo comprar y preparar yuca fresca

Una buena raíz debería estar firme y sin zonas blandas, mohos, grietas importantes ni signos evidentes de deterioro. La corteza exterior es gruesa, rugosa y marrón, mientras que el interior debe presentar una pulpa clara.

Para prepararla hay que retirar bien toda la corteza, no únicamente raspar la superficie. Lo habitual es cortar primero la raíz en varios cilindros, practicar un corte longitudinal en la piel y levantar después la corteza con el cuchillo.

Al dividir los trozos veremos en muchas yucas una fibra central más dura y leñosa. Puede retirarse antes de cocinar o después, cuando la raíz está tierna y se desprende mucho mejor.

Para una preparación básica se cuece la yuca pelada y cortada en agua hasta que quede completamente tierna. No hay que fiarse únicamente del reloj: el tamaño, la variedad y la edad de la raíz cambian bastante el tiempo necesario. Cuando está lista se abre ligeramente y podemos atravesar la pulpa con facilidad.

Cómo utilizar la yuca en la cocina

Una vez cocinada, la yuca ofrece muchas más posibilidades de las que parece cuando la vemos entera en la frutería.

Yuca cocida

La yuca hervida es probablemente la preparación más sencilla. Puede servirse como guarnición acompañando carnes, pescados o guisos y admite aliños, salsas, ajo, cebolla, hierbas y cítricos.

Su textura es más compacta y fibrosa que la de la patata, con un sabor bastante neutro que agradece acompañamientos potentes.

Yuca frita

Después de cocerla podemos cortarla en bastones y freírla. El resultado recuerda en su función a unas patatas fritas, aunque la textura es distinta: la yuca queda más densa y algo más cremosa por dentro.

El precocinado facilita además que el interior quede completamente tierno antes de que el exterior se dore.

Yuca asada

También funciona muy bien la yuca al horno. Permite conseguir bordes tostados y una superficie ligeramente crujiente utilizando menos aceite que en una fritura profunda.

Es una alternativa interesante al boniato o batata cuando queremos cambiar la guarnición de siempre.

Purés y masas

La pulpa bien cocida puede triturarse hasta preparar un puré de yuca. Al tener mucho almidón resulta más denso que otros purés y sirve tanto como acompañamiento como punto de partida para masas, bolas rellenas, tortitas o frituras.

También se emplea en buñuelos y otras masas tradicionales de diferentes cocinas latinoamericanas, aunque las proporciones y los ingredientes cambian mucho de una región a otra.

Sopas, sancochos y guisos

La yuca soporta bien las cocciones en caldo y por eso aparece con frecuencia en sopas y guisos. Uno de sus usos tradicionales está en el sancocho, donde comparte cazuela con carnes, verduras y otros tubérculos.

También forma parte del encebollado de pescado ecuatoriano, donde la yuca cocida aporta cuerpo a un caldo servido con pescado.

Harina de mandioca, tapioca y otras preparaciones

Al procesar la raíz entramos en otro mundo. La harina de yuca o mandioca conserva más componentes de la raíz que el almidón aislado y se utiliza en panes, masas, bizcochos y otras elaboraciones.

La tapioca, por el contrario, es fundamentalmente el almidón extraído de la yuca. Su capacidad para absorber líquido y gelatinizar permite utilizarla para espesar, elaborar postres o preparar masas.

Un buen ejemplo de este aprovechamiento es la crepioca brasileña, que emplea tapioca hidratada para preparar una especie de tortita muy rápida.

En América también encontramos elaboraciones históricas como el casabe, un pan fino y crujiente obtenido mediante el procesamiento de la yuca. La FAO recoge numerosos sistemas tradicionales de transformación de la raíz, desde hervirla o asarla hasta rallarla, fermentar, prensar y secar la pulpa.

Cómo conservar la yuca

La yuca fresca es bastante perecedera después de la cosecha. La FAO señala que el deterioro puede comenzar en pocos días, uno de los motivos por los que tradicionalmente se transforma rápidamente en harinas y otros productos de mayor duración.

En casa interesa comprar cantidades razonables y no dejar la raíz olvidada durante mucho tiempo. Otra opción muy práctica es comprarla ya pelada y congelada, bastante habitual en tiendas latinoamericanas y grandes superficies.

Si necesitamos conservar alimentos durante más tiempo, conviene aplicar unas buenas normas de congelación y mantener siempre la cadena de frío.

Entonces, ¿es saludable comer yuca?

Puede formar parte perfectamente de una alimentación equilibrada, pero su función debe entenderse bien. La yuca es principalmente una fuente de hidratos de carbono y energía. Tiene poca grasa, algo de vitamina C, potasio y otros micronutrientes, pero no sustituye nutricionalmente a las verduras, las legumbres o los alimentos ricos en proteínas.

La forma de cocinarla importa tanto como el alimento. Hervida o asada podemos utilizarla como guarnición de una comida completa. Si la freímos habitualmente o la acompañamos siempre de salsas muy grasas, el resultado nutricional cambia bastante.

Y por encima de todo está la seguridad: nunca cruda y siempre correctamente procesada y cocinada. Esa es la diferencia entre aprovechar un alimento básico de enorme importancia gastronómica y utilizarlo mal.

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